La dimensión universal de Sidi Hamza
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Sidi Hamza al-Qâdirî Bûtshîsh nació en 1918 en el pequeño pueblo de Madagh, situado en la región de Berkane, en el noreste de Marruecos.
Una educación entre la tierra y la ciencia
Creció en un clima de devoción y de piedad en el seno del centro espiritual, la zâwiya, fundada por sus antepasados. Sidi ’Abbâs (1890-1972), el padre de Sidi Hamza, poseía tierras agrícolas y llevaba cada día a su hijo a los campos a fin de que se acostumbrara al trabajo de la tierra. Desde los siete años, Sidi Hamza comenzó estudios religiosos en la zâwiya de Madagh. A los catorce años, terminaba de aprender el Corán. Prosiguió en Uxda estudios de gramática, de jurisprudencia en derecho islámico, de exégesis del Corán y de las tradiciones proféticas (hadîth). De vuelta a Madagh, profundizó aún más sus conocimientos librescos durante cuatro años, junto a dos grandes sabios de Fez instalados en la zâwiya. El vasto saber de Sidi Hamza le abría las puertas doradas de la magistratura o de la enseñanza, pero el éxito social poco importaba al brillante estudiante, que eligió quedarse junto a su familia. En realidad, y desde su más joven edad, aspiraba a la quintaesencia del conocimiento interior que, ella, no es asimilable a través de los libros. Su sed espiritual iba a ser pronto apagada por el encuentro de quien iba a convertirse en su guía, Sidi Abû Madyan (1873-1957), un primo lejano que vivía humildemente en las montañas vecinas de los Beni Snassen.
Catorce años junto a Sidi Abû Madyan
En el curso del año 1942, Sidi Hamza se comprometió, tras su padre, a seguir la enseñanza directa de Sidi Abû Madyan. Si Sidi ’Abbâs había superado los cincuenta años, su hijo, entonces joven casado, tenía justo veinte años. El caso de Sidi Hamza constituía desde este punto de vista una excepción, pues en esa época uno de los criterios de admisión en el seno de las grandes cofradías sunníes (tarîqa) consistía en haber alcanzado la edad de la madurez, habiendo superado antes un cierto número de pruebas preparatorias. Esta especificidad era el signo providencial de que un destino muy particular esperaba al joven, y anunciaba al mismo tiempo las transformaciones en la enseñanza que iban a cumplirse cuando él mismo se volviera la guía de la tarîqa. Sidi Abû Madyan dejó las montañas donde vivía y respondió favorablemente a la invitación de Sidi ’Abbâs, que le propuso instalarse en Madagh. Las condiciones exteriores fueron así reunidas para que una transmisión de orden sutil pudiera operarse entre el maestro y sus dos nuevos discípulos. En efecto, Sidi Abû Madyan formaba parte de esos grandes santos que habían recibido el depósito espiritual heredado del Profeta Muhammad, y cuya enseñanza tenía por fin transmitirlo a quien resultaba digno de recibir ese precioso secreto.
Sidi Abû Madyan tenía una gran afección por Sidi Hamza y le confió un día: «Este amor que tengo por ti es el que sentía el profeta Jacob por su hijo José». Sidi Hamza permaneció catorce años junto a Sidi Abû Madyan: compartía sus comidas y velaba por su salud. Seguía al pie de la letra todas las indicaciones de su maestro y consagraba noches enteras a la práctica de la invocación de los nombres divinos (dikr). Durante esos años, gustó todas las etapas de la progresión espiritual, hasta las más altas cumbres de la realización interior de la unidad. Tras la muerte de Sidi Abû Madyan, Sidi Hamza se convirtió, al mismo tiempo que su padre, en heredero del depósito espiritual. Hijo respetuoso y discípulo consumado, sin embargo no asumirá las funciones a las que estaba destinado más que en el momento querido por Dios, y en el respeto total de las indicaciones de su padre. Sidi Hamza se enraizó, pues, en la vía con un estado de profunda humildad y un espíritu de servicio, hasta el momento en que fue autorizado a tomar la dirección espiritual de la tarîqa, a la muerte de su padre, en 1972.
De la rigurosidad a la misericordia
Si el camino de Sidi Abû Madyan estaba puesto bajo el signo de la prueba y del rigor, el de Sidi Hamza se inscribió en torno a la misericordia y a la belleza. Del mismo modo, si la enseñanza de Sidi Abû Madyan estaba destinada a un puñado de discípulos, la de Sidi Hamza revistió un carácter más amplio y universal. En el curso de los años 1980, la modesta zâwiya de Madagh se metamorfoseó en un vasto lugar de retiro, destinado a acoger a los discípulos cuyo número no cesaba de crecer. Sidi Hamza supervisaba todos los trabajos, con el cuidado constante de que la puesta en marcha del proyecto inmobiliario estuviera en fase con las necesidades nuevas de una tarîqa que iba a volverse muy rápidamente la vía espiritual más dinámica de Marruecos, reuniendo a miles de nuevos discípulos, hombres y mujeres, representantes de todas las cepas de la sociedad. Los ingresos generados por el dominio agrícola de la zâwiya permitieron la construcción de nuevos edificios y la preparación de decenas de miles de comidas, servidas gratuitamente a lo largo de todo el año a quienes hacían alto, atraídos por la reputación del santo hombre.
Desde los años 1990, la enseñanza de Sidi Hamza se ha extendido más allá de las fronteras de Marruecos. Bajo el impulso primero de los discípulos marroquíes presentes en los suelos europeo y americano, la vía se ha ido difundiendo progresivamente, y ha sabido en particular atraer a cientos de personas de confesión no musulmana, tocadas por un mensaje impregnado de autenticidad, de apertura, de respeto y de fraternidad. Reviste ahora una dimensión internacional y universal, que puede medirse cada año en la ceremonia del aniversario del Profeta Muhammad (mawlid an-nabawî), que atrae a Madagh a varias decenas de miles de discípulos venidos de los cuatro rincones del globo, así como a los medios, sensibles a la irradiación internacional de ese encuentro espiritual.
Los últimos años
Al comienzo de los años 2000, Sidi Hamza eligió domicilio cerca de Uxda, en las vastas extensiones de la meseta de Angad, y efectuaba de manera puntual el desplazamiento a Madagh para asistir a las principales ceremonias. A pesar de su edad canónica, siguió muy activo y recibía cotidianamente en su domicilio a sus discípulos, venidos a pedirle consejo o incluso a intercambiar una simple mirada. Según sus propias palabras, es a partir de esa relación de compañerismo y de un arraigo en las prácticas cotidianas que se operaba su enseñanza, que ningún libro ni ningún maestro difunto era susceptible de destilar.
En el curso del año 2016, complicaciones respiratorias obligaron a Sidi Hamza a permanecer en cama la mayor parte del tiempo. En diciembre, fue hospitalizado en Uxda para cuidados intensivos. Permaneciendo no obstante a los mandos de la cofradía, siguió transmitiendo indicaciones a sus discípulos, sin cambiar nada en la postura que había sido la suya durante los 45 años de su magisterio. En la mañana del 18 de enero de 2017, su corazón cesó de latir, y se reunió con sus gloriosos predecesores junto a su Señor, después de haber autorizado a su hijo Sidi Jamal a sucederle como depositario del secreto espiritual.




