La renovación del sufismo según Sidi Hamza

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Sidi Hamza al-Qâdirî Bûtshîsh

Al tomar oficialmente la dirección de la tarîqa Qadiriya Boutchichiya en 1972, Sidi Hamza al-Qâdirî Bûtshîsh va a concretar el giro espiritual anunciado por su padre, Sidi Hajj ’Abbâs.

Instaura así una práctica espiritual más flexible que la del sufismo clásico, reconocido por su rigor, conservando al mismo tiempo el marco del sunnismo. En términos sufíes, ese giro inaugura el paso de una práctica de la Majestad (jalâl) a la de la Belleza (jamâl), cuya consecuencia mayor es la supresión de las pruebas previas para los discípulos, como precisa el propio Sidi Hamza: «No hay prueba en esta vía, la prueba es reemplazada por la invocación (dikr)».

Entre los factores en el origen de esta renovación figura, en primer lugar, el tipo de autorización espiritual (idhn) del que está investido el maestro, y que le permite adaptar la enseñanza a las condiciones sociohistóricas de la época. Así es como la predisposición de la conciencia espiritual ha flaqueado considerablemente en el curso de la época moderna. La atracción del hombre del siglo XXI hacia la materialidad ha desequilibrado su doble naturaleza primordial. El equilibrio entre esas dos dimensiones, espíritu y cuerpo, se vuelve cada vez más difícil de realizar. Vivimos así en una situación de desbordamiento de la materia sobre el espíritu, que se traduce en una crisis de la ética (akhlâq) y una alteración de la conciencia religiosa. En este contexto, las exigencias demasiado pesadas de la enseñanza del jalâl han quedado, según Sidi Hamza, entonces maestro de la tarîqa, superadas. El reinado de la Belleza, tal como lo inauguró ese sufismo renovado, pretende ser la respuesta a la realidad de una época. Una renovación del sufismo como ciencia de la vida ética se desprende así de la enseñanza de la vía Qadiriya Boutchichiya. Se pueden distinguir a este respecto tres aspectos fundamentales de esa renovación.

La enseñanza abierta a todos

El primero es la extensión de la enseñanza del maestro espiritual viviente: esta ya no se dirige solamente a una élite espiritual, sino al conjunto de los musulmanes. Tradicionalmente, el fin último del maestro del sufismo es llevar a sus discípulos hacia el grado más alto de la realización del ser, mientras que el musulmán ordinario efectúa prácticas que no necesitan guía espiritual, porque están al alcance de cualquiera. Pero en el contexto de crisis espiritual que se conoce hoy, la práctica misma de los pilares del islam está en peligro a causa de una mala comprensión del espíritu de la religión. Sidi Hamza, como maestro espiritual de la época, no se dirige, pues, únicamente a una élite religiosa, sino al conjunto de los musulmanes. Se hace cargo así, para quien lo desee, tanto de la realización de la gente del islâm como de la del imân (fe) y del ihsân (excelencia). Para ello, se comporta de manera diferente en función de la demanda y del nivel espiritual de cada cual.

El maestro que busca al discípulo

El segundo aspecto de esta revivificación corresponde a un cambio en la relación maestro-discípulo. Como dice Sidi Hamza: «Antes, era el discípulo quien buscaba al maestro; hoy, es el maestro quien busca al discípulo». El sentido usual de la búsqueda mística quería que el discípulo fuera en busca de un maestro, a fin de que este lo ayudara a realizar su deseo de alcanzar el conocimiento perfecto. El término murîd (discípulo) deriva de irâda, que quiere decir voluntad. Todo el sentido de la búsqueda se encuentra contenido en esa noción de voluntad. Bajo el impulso de esa voluntad amorosa, el aspirante, provisto de un cuenco y de un bastón, dejaba a su familia y su país para ir en busca de un maestro. La prueba iniciática comenzaba con la búsqueda, pues por lo general no era más que después de varios años de errancia que el discípulo encontraba a su maestro. Puesto que la prueba está eliminada de la enseñanza sufí contemporánea, es comprensible que la búsqueda, considerada como una prueba previa, sea también eliminada. Se trata ahí de una verdadera «revolución» de la enseñanza del sufismo.

El embellecimiento antes del despojamiento

El tercer aspecto es la inversión del principio del «despojamiento-embellecimiento» (takhallî-tahallî). En el sufismo clásico, antes de poder gustar los frutos del embellecimiento del corazón, el discípulo debía primero trabajar para deshacerse de sus vicios, tanto interiores como exteriores. Debía combatir el deseo de las riquezas de este mundo, así como el amor de la gloria y del poder. Los sufíes de antaño daban el ejemplo de la joven esposa a la que había primero que despojar de sus viejos vestidos para poder revestirla de sus más bellas galas. Pero deshacerse de los vicios pide un alto nivel de sinceridad, de fuerza de carácter y de devoción. La conciencia espiritual está, como se ha visto, debilitada por un desbordamiento de la materialidad. A fin de orientar hacia la espiritualidad la conciencia adormecida del hombre moderno, Sidi Hamza procede, pues, a la inversa y sitúa el embellecimiento antes que el despojamiento. Lo explica en estos términos: «El corazón del novicio es como una habitación oscura. La primera de las cosas que hay que hacer, antes de pensar en poner en orden esa habitación, es iluminarla. Una vez que su corazón está irradiado, que ha podido “gustar” ese embellecimiento, está predispuesto para la segunda etapa, la del despojamiento».

Así, la ampliación de la función de maestro espiritual, el trastorno de las modalidades de la búsqueda mística y la inversión del principio «despojamiento-embellecimiento» constituyen los tres puntos fundamentales de la reforma del sufismo efectuada por Sidi Hamza al-Qâdirî Bûtshîsh. Esos tres puntos giran principalmente en torno a una problemática central: la predisposición del hombre a la enseñanza espiritual ya no es la misma hoy que antes. A lo largo de su historia, el sufismo ha sabido siempre adaptarse a las condiciones de su tiempo para conservar su capacidad de transmisión. Permaneciendo dentro de los límites de la Ley religiosa, el sufismo sunní ha cambiado de buen grado sus métodos de enseñanza. El contenido, en cambio, sigue siendo el mismo. Es, por lo demás, para preservar ese contenido, calificado de «depósito» (amâna) por el Corán (XXXIII, 72), que los sufíes han tenido siempre la preocupación de adaptarse a las contingencias del momento. Ese depósito, tan magnificado, tan cantado y tan alabado por los místicos del amor, se llama en lenguaje sufí el Secreto (sirr) y se comunica específicamente de corazón a corazón.

Karim Ben Driss es sociólogo, director del Instituto Sufí de Montreal y autor de «Le renouveau du soufisme au Maroc» (Al Bouraq / Archè).

El libro «Le renouveau du soufisme» de Karim Ben Driss

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