Sidi Hamza al-Qadiri Boutchich (1918-2017)

Sidi Hamza al-Qadiri Boutchich nació en 1918 en el pequeño pueblo de Madagh, en la llanura de Berkane, al noreste de Marruecos. Guía de la tariqa Qadiriya Boutchichiya de 1972 a su muerte en 2017, transformó una cofradía rural en una de las vías sufíes más vivas del mundo.
Juventud y formación en Madagh
Sidi Hamza creció en un clima de devoción y piedad en el seno del centro espiritual, la zauía, fundado por sus antepasados. Su padre, Sidi Abbas (1890-1972), propietario de tierras, llevaba cada día a su hijo a los huertos para que se acostumbrara a los trabajos de la tierra. Desde los siete años, Sidi Hamza cursó estudios religiosos en la zauía de Madagh. A los catorce terminaba el aprendizaje del Corán.
Siguió en Uchda con estudios de gramática, de jurisprudencia del derecho islámico, de exégesis del Corán y de las tradiciones orales (hadiz). De vuelta en Madagh, profundizó aún en sus conocimientos de los libros durante cuatro años, junto a dos grandes sabios de Fez instalados en la zauía. El vasto saber de Sidi Hamza le abría las puertas doradas de la magistratura o de la enseñanza, pero el éxito social dejaba indiferente al brillante estudiante, que eligió quedarse en la granja familiar. Desde muy niño aspiraba a ese conocimiento interior que no se adquiere en los libros. Su sed espiritual iba a verse pronto colmada por el encuentro con quien se convertiría en su guía: Sidi Abu Madyan (1873-1957), un primo lejano que vivía con humildad en los montes vecinos de Beni Snassen.
El encuentro con Sidi Abu Madyan
A lo largo del año 1942, Sidi Hamza se comprometió, con su padre, a seguir la enseñanza directa de Sidi Abu Madyan. Si Sidi Abbas había pasado ya de los cincuenta, su hijo, recién casado, contaba apenas veinticuatro años. El caso de Sidi Hamza constituía desde ese punto de vista una excepción: en aquella época, la admisión en las grandes cofradías suníes suponía haber alcanzado la madurez tras superar un cierto número de pruebas preparatorias. Esta particularidad dejaba augurar un destino singular para el joven, así como transformaciones en la enseñanza de la vía cuando él mismo llegara a ser su guía.
Sidi Abu Madyan abandonó los montes donde vivía para responder a la invitación de Sidi Abbas, que le propuso instalarse en Madagh. Las condiciones estaban reunidas para que una transmisión de orden sutil se operara entre el maestro y sus dos nuevos discípulos. Sidi Abu Madyan formaba parte en efecto de esos grandes santos depositarios de la herencia espiritual del Profeta Muhammad, cuya enseñanza tenía por fin transmitir ese precioso secreto a quien resultara digno de recibirlo.
Sidi Abu Madyan quería mucho a Sidi Hamza y le confiaba: «Este amor que te tengo es el que sentía el profeta Jacob por su hijo José». Sidi Hamza permaneció catorce años junto a su maestro, compartiendo sus comidas y velando por su salud. Ponía en práctica todas sus indicaciones y consagraba noches enteras a la invocación de los nombres divinos, el dikr. Durante esos años gustó todas las etapas de la progresión espiritual, hasta las más altas cimas de la realización de la Unidad.
A la muerte de Sidi Abu Madyan, Sidi Hamza se hizo heredero del depósito espiritual, igual que su padre. Hijo respetuoso y discípulo cumplido, no ejercería sin embargo las funciones para las que estaba destinado más que en el momento querido por Dios, según las indicaciones de su padre. Enraizado en la vía, en la profunda humildad y en el espíritu de servicio, esperó la autorización para tomar la dirección espiritual de la tariqa a la muerte de Sidi Abbas, en 1972, quien se la transmitió en su testamento espiritual.
La zauía se convierte en un centro internacional
Si el camino de Sidi Abu Madyan estaba puesto bajo el signo de la prueba y el rigor, el de Sidi Hamza dibujó los contornos de la misericordia y la belleza. Y si la enseñanza del primero estaba destinada a un puñado de discípulos, la del segundo se dirigió al mayor número.
A lo largo de los años ochenta, la modesta zauía de Madagh se metamorfoseó en un vasto centro de retiro concebido para acoger a unos discípulos cuyo número no cesaba de crecer. Sidi Hamza velaba por todos los trabajos, deseoso de que la ejecución del proyecto inmobiliario siguiera las necesidades de una tariqa en camino de convertirse en la vía espiritual más dinámica de Marruecos: miles de nuevos discípulos, hombres y mujeres de todas las capas de la sociedad, se le unían. Los ingresos del dominio agrícola de la zauía permitieron la construcción de nuevos edificios y el servicio de decenas de miles de comidas ofrecidas cada año a los visitantes, atraídos por la fama del santo.
La apertura a Occidente
Desde los años noventa, la enseñanza de Sidi Hamza ha desbordado ampliamente las fronteras de Marruecos. Bajo el impulso de los discípulos marroquíes presentes en Europa y América, la vía se ha extendido progresivamente y ha sabido atraer a centenares de personas de origen no musulmán, tocadas por un mensaje lleno de autenticidad, apertura, respeto y fraternidad. Esta dimensión internacional se mide cada año en la ceremonia del aniversario del Profeta Muhammad, el Mawlid an-Nabawi, que atrae a Madagh a decenas de miles de discípulos venidos del mundo entero. En Francia, la vía propone sesiones de meditación y dikr en ocho ciudades.
Los últimos años
A comienzos de los años 2000, Sidi Hamza se instaló cerca de Uchda, en las vastas extensiones de la meseta de Angad, y se desplazaba a Madagh para las principales ceremonias. A pesar de su edad canónica, seguía muy activo y recibía cada día en su domicilio a discípulos venidos a pedir consejo, o simplemente a cruzar una mirada. Según sus propias palabras, es de esa relación de compañerismo y de un anclaje en las prácticas cotidianas de donde se difunde la enseñanza, que ningún libro ni ningún maestro difunto puede destilar.
Llamado por Dios el 18 de enero de 2017, dejaba a sus discípulos otro maestro en la persona de su hijo, Sidi Jamal. Desde agosto de 2025, la vía está guiada por su nieto, Sidi Mounir.
