«El recuerdo del ser profundo» de Faouzi Skali: reseña

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Faouzi Skali, éditions du Relié, 2012.

Foto de portada del libro, retrato de Sidi Hamza

Este libro reúne y sintetiza las palabras pronunciadas por Faouzi Skali de 1998 a 2005 en el curso de intervenciones públicas en el marco de diversas manifestaciones organizadas en Francia. Comprende también la recuperación de ciertos artículos redactados para la revista Soufisme d’Orient et d’Occident. Se trata, pues, de una aproximación a la tradición sufí desde varios ángulos, que viene a completar útilmente una obra anterior del autor sobre el tema, Le face à face des cœurs, publicada en 2000 y reeditada después en bolsillo. En efecto, si en Le face à face des cœurs Faouzi Skali exponía de manera bastante general los fundamentos del sufismo, aquí viene a precisar ciertos aspectos estrechamente ligados a la experiencia de esta vía en el contexto particular de la sociedad contemporánea. El autor muestra así hasta qué punto el sufismo constituye todavía hoy una tradición viva, que se dirige a todo buscador de verdad y que propone una enseñanza espiritual anclada en la vida cotidiana. Esa enseñanza no reposa sobre una erudición cualquiera ni sobre el conocimiento previo de la lengua árabe, sino que se dirige a todos los que están en busca del sentido profundo de su existencia. Actúa directamente sobre el corazón espiritual del discípulo, que es llevado progresivamente a afinar su percepción de una presencia interior, sutil y profundamente transformadora.

Faouzi Skali es un portavoz activo de un mensaje de apertura que demuestra con fuerza que el islam puede favorecer la emergencia de espacios de intercambio desde el momento en que se aborda en su dimensión espiritual. En efecto, desde hace más de cuarenta años es discípulo de la cofradía Qâdiriya Boutchichiya y ha recibido la enseñanza de guías espirituales vivos, Sidi Hamza y luego Sidi Jamal al-Qâdiri Boutchich, junto a quienes viene regularmente a rehacerse. Esta larga experiencia de plena participación en las particularidades más concretas de la vía sufí confiere a Faouzi Skali una habilidad particular para sacar a la luz las perspectivas propias de toda búsqueda iniciática. Si los ecos de las grandes figuras del pasado pueden resultar útiles para captar mejor ciertos desafíos propios del sufismo, es sin embargo precioso para un lector de hoy disponer del testimonio de un discípulo que se ha sumergido él mismo en el corazón de una cofradía y que conoce perfectamente los engranajes de la sociedad contemporánea.

Una construcción en espiral

Los once capítulos que componen esta obra aportan una iluminación particular sobre la búsqueda de sí a través del soporte de la tradición sufí, y permiten esbozar un camino que lleva progresivamente al lector hacia una percepción cada vez más profunda y sutil de lo que reside en el corazón del ser. Están dispuestos de modo que escapan a una clasificación rigurosamente temática y privilegian una alternancia de los ángulos de aproximación, que permite volver varias veces sobre un aspecto que podrá así ser aprehendido de forma más amplia. Este procedimiento de construcción, en el que las repeticiones no solo son inevitables sino incluso buscadas, puede compararse con las prácticas repetitivas efectuadas por los sufíes en sus sesiones de invocaciones, durante las cuales una misma fórmula es recitada un gran número de veces. Si semejante repetición parece ciertamente monótona y fastidiosa desde un punto de vista exterior, permite en realidad que el alma se vea sumergida en una presencia que abre progresivamente las puertas de la conciencia de sí. La repetición no es, pues, más que aparente, porque se trata ante todo de favorecer un proceso de profundización destinado a despertar el recuerdo del ser universal que duerme en cada uno de nosotros.

Más allá de la cronología adoptada, cada capítulo está concebido para ser autosuficiente y puede, por tanto, leerse independientemente de los otros, según la libre elección del lector. En materia de espiritualidad, las disposiciones y la sensibilidad de cada cual son muy variables y constituyen un dato de base que no hay que relativizar. Porque una obra así no tiene por primer fin enriquecer la cultura general y la erudición del lector: busca más bien hacer brotar en él nuevos espacios de meditación y de cuestionamiento, susceptibles de desencadenar tomas de conciencia en el nivel más profundo. Se trata aquí de evocar ante todo lo que los sufíes denominan una «ciencia útil», es decir, aspectos del conocimiento de los que cada cual puede sacar provecho en el plano de su búsqueda personal, sabiendo que tal ciencia es de un orden tan sutil que sobrepasa infinitamente las limitaciones inherentes a las palabras empleadas para intentar describirla.

Cuatro ejes principales

Para situar más precisamente los ejes que Faouzi Skali ha elegido desarrollar en esta obra, podrían enumerarse cuatro temáticas principales que son otros tantos puntos de anclaje para abordar un tema particularmente vasto:

Los capítulos titulados «¿Qué es el sufismo?», «Revivificar la fe» y «La cuestión del sentido» aportan una ilustración del lugar particular que ocupa el sufismo en el corazón de la tradición musulmana. Muy lejos de ser marginal en el seno del mundo musulmán, el sufí se pone en la disposición de ir al encuentro de la dimensión más esencial de la religión, la que desvela el sentido último del misterio de la creación y procura en lo cotidiano percepciones que participan de una verdadera conciencia de sí. Este objetivo no se sitúa en una búsqueda de apropiación de un saber del que uno pudiera glorificarse, sino que entra en resonancia con un despojamiento progresivo de los atributos del ego hasta alcanzar un estado de abandono interior incondicional respecto del designio divino. Para un discípulo sufí, la fe debe poder encarnarse plenamente en los actos de lo cotidiano y ser vivificada por el vínculo sutil que lo une a una guía espiritual.

Práctica y compañerismo

En el plano de la práctica espiritual, los soportes de meditación incluyen en particular la oración, como lo detalla el capítulo «La oración, expresión de una gratitud», y la repetición de ciertos nombres o de ciertas fórmulas divinas, de manera individual o colectiva. El capítulo «Los frutos de la invocación» muestra la importancia que reviste esta práctica en lo vivido por el discípulo sufí: lo acompaña en su cotidianidad y contribuye a la transformación interior por un efecto de pacificación del corazón. El proceder del discípulo se inscribe en un proceso activo en el que se trata de «sumergirse» verdaderamente en el corazón de la enseñanza. Esta aventura interior puede llevarse a cabo de manera seria y lograda tanto en Oriente como en Occidente, porque los efectos de la mundialización han permitido una dispersión de vías auténticas por todos los continentes, como recuerda el capítulo «El compromiso en la vía». En el plano individual, el camino por la vía sufí se conjuga con una atención prestada a la justeza del propio comportamiento. Así, el ideal caballeresco que exalta las virtudes cardinales de generosidad y lealtad encuentra un potente eco en el compañerismo propio de las cofradías sufíes. El capítulo «El don y la rectitud» pone sobre todo en evidencia ese eco. En definitiva, la particularidad de la aproximación sufí encuentra su pleno cumplimiento cuando toca lo universal: se trata bien de un camino de sabiduría a partir del cual cada hombre y cada mujer son llevados a salir de la prisión del ego y a dirigirse hacia el reino del espíritu, donde se gusta, de manera intermitente y luego permanente, la libertad incondicionada.

La guía espiritual

La vía sufí no se vive generalmente de manera solitaria y requiere la presencia de un ser que ya ha realizado el camino hasta el final y que es designado por la Providencia divina para acompañar al discípulo. Tal ser encarna entonces la función de guía espiritual y va a ayudar a su discípulo a desbaratar las numerosas trampas que jalonan la vía. Es, pues, por excelencia «el compañero de ruta», desde el momento en que se presta una atención vigilante a cada una de sus indicaciones. Esa presencia de la guía no se substituye, no obstante, al trabajo que debe efectuar el discípulo sobre sí mismo: es un hito intangible y muestra la dirección a seguir, como evoca el capítulo «La puerta del Conocimiento».

Las palabras de Faouzi Skali tocan un sabor raro cuando restituyen, en el tono del testimonio personal, el encuentro con una guía espiritual del tiempo presente, Sidi Hamza al-Qâdiri Boutchich. El autor nos confía que «la huella de Sidi Hamza» es plenamente perceptible para quien ha elegido caminar bajo su guía. Esa huella es a la vez una luz irradiante y un amor ardiente que aportan una dimensión inesperada a la vida: todos los acontecimientos que sobrevienen son otros tantos indicios para avanzar en la conciencia de sí y para hacer crecer el amor que se tiene hacia toda la creación. Es en efecto «en presencia de una guía viva» cuando se hace posible para un simple humano, abrumado por sus propios defectos, elevarse más allá de sus limitaciones abandonándose con todo su ser a una llamada que proviene de lo más profundo. Esa llamada es en realidad más bien un re-llamado, pues no es otra cosa que la emergencia del recuerdo de nuestra verdadera naturaleza, que estaba sepultada en los recovecos de nuestra alma y a la que solo una inmersión en el instante presente nos permite acceder. Esa naturaleza es luz. Es amor. Es vida eterna.

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