«Carta abierta a quienes critican el sufismo»: reseña

Autor: shaij Ahmad al-’Alâwî. Editor: Entrelacs, colección «Hikma», 2011.

Un siglo después de su redacción en 1920, este tratado de defensa del sufismo sigue siendo igual de pertinente y actual. Las ediciones Entrelacs tuvieron la buena idea de republicar esta obra en su colección «Hikma» en 2011, recurriendo de nuevo a M. Chabry (que así pudo actualizar su trabajo) para la traducción, lo que permitió dar una nueva vida a este texto tan bien argumentado del shaij Ahmad al-’Alâwî.
Considerado por algunos como el polo espiritual de su tiempo, el shaij al-’Alâwî (1869-1934) fue iniciado en la vía Darqâwiyya1 por su maestro Sidi Mohamed al-Bûzîdî, quien lo nombró para sucederle antes de que decidiera fundar en 1914 la tariqa ’Alâwiyya2.
Es autor de varias obras de estilos diversos, como un comentario esotérico de una obra clásica de fiqh3, el Murshid al-Mu’în de Ibn ‘Âshir, en Las Santísimas Inspiraciones o el Despertar de la conciencia, o un compendio de poesías espirituales (dîwân) que se utilizan para el samâ’4.
La Carta abierta a quienes critican el sufismo se publicó en 1921, en respuesta a una polémica dirigida contra los sufíes, más precisamente contra un jurista llamado shaij5 ’Uthmân Ibn al-Makkî, profesor en la gran mezquita de Túnez. Ibn al-Makkî había publicado El espejo en 1912, texto que constituía el primer ataque público contra el sufismo por parte de los reformistas religiosos tunecinos influidos por los ideales del salafismo, algo muy osado en una época en la que el tasawwuf6 era respetado por todos en la mayoría de los países musulmanes.
La Carta abierta a quienes critican el sufismo no está propiamente dividida en capítulos o partes, pues responde punto por punto a los ataques del autor del Espejo, en un estilo bastante incisivo, dada la gravedad de las acusaciones formuladas. En ella se discuten y se argumentan uno tras otro la mayoría de los temas habitualmente retomados por los detractores del sufismo. Todo el razonamiento de Ibn al-Makkî consiste en tratar a los sufíes de innovadores respecto a la tradición islámica y en acusarlos de desviar palabras proféticas o pasajes del Corán, para acabar por descargar sobre ellos acusaciones muy violentas: infieles, mentirosos, aprovechados, oportunistas… nada se les perdona.
En su respuesta, el shaij al-’Alâwî empieza por advertir a Ibn al-Makkî sobre los celos divinos, que seguramente tomarán la defensa de Sus santos y adoradores. En un célebre hadiz qudsí7, Allâh ha dicho en efecto: «A quien perjudique a uno de Mis santos, le declaro la guerra.» En otro hadiz, el propio Profeta (slsp) renovó esa advertencia: «Las gentes de mi familia y los santos de mi comunidad son dos matorrales envenenados: ¡quien se frota con ellos se pincha!».
El autor del Espejo es después remitido a su actitud, muy extraña, con respecto a lo que se recomienda a los musulmanes. Actitud finalmente muy egocéntrica, pues confunde regularmente su propio juicio con la Verdad y se erige en legislador sin ninguna legitimidad. Citamos el pasaje en el que es apostrofado al respecto (p. 33): «Te has prodigado en reprobaciones, pasando al peine fino cosas sin interés; te has creído el único y exclusivo representante de la ortodoxia suní, estando el resto del universo poblado de ignorantes, de innovadores o de transgresores extraviados. Sí, así es como juzgas a los hijos de tu religión». Se le recuerda luego, entre otras cosas, que la calumnia está considerada como un pecado muy grave en el Corán (24, 17): «Dios os exhorta a no volver a hacerlo jamás, si sois creyentes».
A la inversa, varios otros hadices y pasajes del Corán invitan a los musulmanes y a los creyentes en su conjunto a obrar con nobleza los unos hacia los otros, siendo el Profeta el modelo por excelencia de esa actitud, tal como se le describe en el Corán (9, 128): «solícito con vosotros, bueno y misericordioso con los creyentes». Otro hadiz citado invita a los musulmanes a ser misericordiosos: «Quien no es misericordioso con los hombres, Dios no lo será con él.»
He aquí descrita sucintamente la contienda tal como aparece en el inicio de la obra. Esta prosigue después con respuestas muy completas sobre otras temáticas como el dikr8 y su legitimidad, la definición de la innovación en materia religiosa (bid’a), los estados espirituales (ahwâl), el punto de vista de las cuatro escuelas jurídicas sobre el sufismo, los casos de la danza y del samâ’, de la invocación en voz alta, de la cantilación del Corán, de la celebración del mawlid9 y del uso del rosario. Se retendrán también citas muy bellas de grandes sabios del islam, como esta definición del sufismo por el imam Yunâyd (p. 95): «es que Dios te haga morir a ti mismo, para hacerte vivir en Él», o el punto de vista del imam Mâlik (p. 114): «quien practica el sufismo sin la Ley es hereje; quien sigue la Ley sin practicar el sufismo ha desviado; solo quien conjuga los dos realiza la Verdad».
Leer este tratado en 2021 permite darse cuenta de los trastornos ideológicos que han conocido los países musulmanes desde hace un siglo, y de la inversión de la correlación de fuerzas que se operó poco a poco en sus medios de comunicación. En la continuidad de la obra de René Guénon10, se constata en él, con la distancia del tiempo, la degeneración de las sociedades tradicionales ante una modernidad galopante cuyo advenimiento coincidió con el triunfo de los reformismos de todo tipo (wahabismo, salafismo…) y con la marginalización de las comunidades sufíes.
Para los adeptos del sufismo, este tratado constituye un auténtico manual de autodefensa, pues sus argumentos percutantes, de fuentes seguras, no admiten apelación. Su lectura permite también ver en acción la tarbiyya11 del shaij en su manera de comportarse y de tratar a su detractor. Es muy interesante ver el bel obrar en acción en la respuesta del shaij a acusaciones tan graves, entre benevolencia y «celos»12. En efecto, para los sufíes, la polémica es un último recurso cuando todas las demás soluciones se han agotado. A pesar de su conocimiento de la tradición, advierte contra las interpretaciones individuales de las fuentes tradicionales que extraviaron al autor del Espejo, y siempre con la mayor humildad las cita. Se observa igualmente el empeño del shaij al-’Alâwî por tener siempre una buena opinión del prójimo (aquí, en este caso, de O. al-Makkî), como exige la excelencia del comportamiento y como lo recuerda el versículo siguiente del Corán (25, 63): «los siervos del Misericordioso son aquellos que caminan humildemente por la tierra y que, cuando los ignorantes les hablan, dicen: Paz (salâm)». El shaij al-’Alâwî tampoco se priva de algunos rasgos de humor que amenizan el texto, como en este pasaje (p. 55): «Hasta entonces, nada permitía identificar a esos adversarios de la tradición, pero tú especificaste claramente, “como los sufíes de nuestra época”. Al leer eso me dije: “ya está, el bebé del que el shaij (aquí O. al-Makkî) acaba de dar a luz se pone a llorar”. Ese mal al que aludías, objeto de toda esta epístola, está ahora bien identificado: ¡se trata del sufismo, calamidad de las más graves según tú!».
Estimamos que la lectura de este libro comporta varios beneficios y, como ya se ha dicho, su arraigo en la tradición hace que no haya envejecido en absoluto. Permite también comprender mejor las relaciones entre exoterismo y esoterismo en el islam tradicional13, y conocer las fuentes escritas sobre las que se apoyan los sufíes (Corán, hadices, palabras de santos y de sabios reconocidos). Saludamos a ese respecto el extraordinario trabajo de referenciación de los hadices citados, realizado por el traductor gracias a las nuevas posibilidades que ofrece lo digital, y las notas muy interesantes que esclarecen y amplían las palabras del autor. Para quienes deseen oír otro punto de vista, estar mejor informados sobre lo que es o no es el tasawwuf, y ello exclusivamente a partir de fuentes auténticas de la tradición musulmana, es una obra que no ha perdido nada de su mordiente.
Footnotes
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Que a su vez es una prolongación de la vía Shâdhiliyya fundada por Abu-l-Hasan al-Shâdhilî. ↩
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Llamada así en referencia, más allá del nombre del propio shaij, al Altísimo (A’lâ en árabe) y a Seydina ’Alî, considerado a menudo como el padre de los sufíes. ↩
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Jurisprudencia islámica. ↩
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Práctica sufí consistente en cantar en grupo poesías espirituales a menudo escritas por grandes santos musulmanes. ↩
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Shaij, traducido a veces por «anciano», es un término general que designa tanto a un sabio como a un maestro educador. ↩
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Nombre árabe del sufismo. ↩
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En una tradición santísima (hadiz qudsí), es Dios quien habla en primera persona por medio del Profeta (slsp). ↩
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El dikr, o recuerdo de Dios, está en el centro de las prácticas sufíes. ↩
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Nacimiento del Profeta (slsp), conmemorado cada año el día doce del mes lunar Rabî’ al-awwal. ↩
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Autor en particular de La crisis del mundo moderno o de Oriente y Occidente, obras en las que se abordan esas temáticas, algunos años después de la publicación del tratado del que aquí se trata. ↩
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La educación espiritual. ↩
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Véase el hadiz qudsí citado precedentemente: «a quien ataque a uno de Mis santos, le declaro la guerra». ↩
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En el plano simbólico, el exoterismo se asocia a menudo a la imagen de la envoltura o del continente. Paralelamente, el esoterismo corresponde al corazón o al contenido (vino, leche o agua…). ↩




