«En el umbral del alba, un camino sufí»: reseña

Cubierta de «Au seuil de l'aube, un cheminement soufi»

Juliette Kempf es actriz, bailarina, directora de escena y trabaja en el medio psiquiátrico. Abdelhafid Benchouk es moqadem (responsable) de la vía Naqshbandiyya en Francia y director de la Maison soufie de París.

Los autores muestran que el camino iniciático sigue siendo un asunto de discernimiento individual y de recorrido interior. Escrito en primera persona, este relato de una experiencia muestra hasta qué punto la paz desarrollada en uno mismo puede manifestarse en presencia, en actos y en palabras en las vicisitudes de la vida cotidiana y en las urgencias de las situaciones actuales.

Abdelhafid Benchouk describe cómo, durante un retiro solitario, pudo hacer la experiencia de la paz y de la serenidad interiores, de la conexión con el Uno: todo el desafío consiste en permanecer en ese estado de serenidad y de desprendimiento viviendo en el mundo de la acción, del trabajo, en familia.

Explica en qué su práctica espiritual del sufismo constituye un alimento del corazón y hace posible el hecho de «estar en el mundo sin ser del mundo».

El estilo, a veces poético, está impregnado de emoción y de sensibilidad, pero sin caer jamás en el sentimentalismo: se siente traslucir la nostalgia del Ser, el deseo del retorno hacia el Uno, y es en ello que esta experiencia nos concierne a todos.

Los autores describen la apertura progresiva de las vías sufíes hacia el exterior, a través de la historia de la vía Naqshbandiyya y del shaij Nazim. Analizan igualmente la renovación del islam espiritual en Occidente, a partir de la obra monumental de René Guénon: esa revivificación se revela más que necesaria para combatir el horror del terrorismo islamista.

El camino interior permite descubrir que no hay cosas sagradas o profanas en sí, sino únicamente un punto de vista sagrado o profano: todo acto puede ser sacralizado para quien sabe ver con el ojo del corazón.

Los autores describen los vínculos entre los rituales exteriores y el camino espiritual, y la necesaria complementariedad entre el exoterismo y el esoterismo (oración, limosna legal, ayuno del mes de Ramadán, peregrinación). Nos invitan a leer los signos divinos, a ver más allá de lo visible, a salir de un literalismo estrecho y mortífero, para aprender a conciliar las formas exteriores y los sentidos interiores, gracias al soplo del espíritu.

Lo esencial es gustar, experimentar los sabores espirituales, conocerlos con el ser entero y no solo desde un punto de vista mental: se trata de operar un trabajo de transformación interior, el «gran combate» de los sufíes.

Esa experiencia permite asimismo conciliar sutilmente nuestro libre albedrío y nuestra responsabilidad con la sumisión a la voluntad divina.

Durante esa búsqueda, todas las artes pueden constituir un soporte de camino hacia el origen (música, poesía, arquitectura…): «¿Acaso el verdadero artista no es un puente que tiende la cuerda tejida de su intuición poética entre este mundo y otros mundos, y atestigua ante nuestros ojos de carne lo que han visto los ojos del corazón?»

Los autores abordan también la función dolorosa pero liberadora de la prueba, que permite al corazón abrirse y fecundarse, como la mujer que soporta los dolores del parto.

¿Cómo sacralizar los actos de nuestra existencia? ¿Cómo ver los signos divinos que se manifiestan, cómo ver, más allá de lo visible, los símbolos omnipresentes? «Ver esos símbolos en las cosas es partir sobre las huellas de Su presencia en el mundo.» Nuestras relaciones con el entorno, el cónyuge, los hijos, las amistades, ofrecen otras tantas ocasiones de elevarse espiritualmente.

Los autores evocan por fin los desequilibrios profundos de nuestra sociedad moderna, únicamente centrada en el tener y en la cantidad, desconectada de lo Real, que ha relegado a un segundo plano las nociones de Ser y de cualidad. Constatan «las huellas del pensamiento materialista que domina nuestras culturas contemporáneas, y la falta de espiritualidad de la que estas se asfixian».

Para concluir con un mensaje de universalidad y de apertura, el islam y el sufismo se presentan como una vía que permite remontar a la Fuente, al igual que las «religiones del Libro» (judaísmo y cristianismo), pero también que todas las revelaciones procedentes de la Tradición primordial.

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