«El lenguaje de los pájaros» de Attar: reseña

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Autor: Muhammad Farîd ud-Dîn ’Attâr.

Miniatura que representa la conferencia de los pájaros

La búsqueda del Secreto

Muhammad Farîd ud-Dîn ’Attâr vivió en Nishapur, en el actual Irán, de 1150 a 1220 aproximadamente, en un medio suní, como la gran mayoría de los iraníes de la época. ’Attâr (nombre que significa «perfumista») debe su apodo a su oficio de boticario y perfumista. Era también un maestro espiritual. Escribió mucho, pero su obra poética El lenguaje de los pájaros sigue siendo su obra maestra, conocida en el mundo entero.

Se trata de una obra pedagógica de primer orden: ’Attâr se dice terapeuta del alma; él, que ha avanzado por el Camino, quiere transmitir sus conocimientos a quienes la búsqueda de lo Verdadero atrae. Su texto es un largo poema de 9000 versos que ofrece a sus discípulos y a todos los que vendrán después de ellos.

Esta historia de los pájaros es, en realidad, la de las almas en busca de la Luz divina. Cada una camina a su manera, superando o no los obstáculos para alcanzar o no la meta última.

El texto está en estrecha relación con el mensaje coránico; numerosos versículos son citados o evocados, así como las palabras proféticas.

Los pájaros se reúnen

El texto comienza por una larguísima alabanza a Dios, comparable a una oración. Siguen las alabanzas al propio Profeta y a los cuatro primeros califas. Esta larga introducción se cierra con un pasaje notable contra los fanatismos que dividen el mundo musulmán. La intención del maestro de enseñar ya es muy perceptible en esta fase.

Luego aparecen los pájaros. El autor saluda a cada uno de ellos, asociado a un profeta, en particular la abubilla, asociada al rey Salomón, que sirvió de mensajera ante la reina de Saba para mostrarle el camino de la Unicidad divina.

Como a Salomón en el versículo 16 de la azora de las Hormigas: «Y Salomón heredó de David y dijo: “¡Oh hombres! Se nos ha enseñado el lenguaje de los pájaros; y se nos ha dado una parte de todas las cosas. Esta es verdaderamente la gracia evidente”», ’Attâr intenta iniciarnos en el lenguaje de los pájaros, es decir, de las almas.

Y es así como se entra en el meollo del asunto: los pájaros quieren un rey, porque todo el mundo tiene un rey. La abubilla sabe quién es el rey: una majestad soberana, el Simorgh, tan cercano y tan lejano…

El Simorgh es un animal mítico de la tradición zoroastriana, religión monoteísta persa, como metáfora de lo divino en el libro sagrado de esa tradición. La abubilla les hace una descripción tan bella del Simorgh que todos los pájaros deciden seguirla para partir en su busca. La abubilla les advierte, no obstante, que el viaje será largo y estará sembrado de obstáculos; pero cuando os describen la Belleza, ¿quién puede resistir?

Muy pronto serán presa de la angustia, de escrúpulos, de desconfianza, y encontrarán buenas razones para no partir. Así se describen todas las tendencias del ser humano, y la abubilla responde cada vez con una historia edificante que cada cual puede meditar. Uno preferirá atenerse a sus abluciones, otro no busca más que el paraíso, tal otro piensa que ya ha llegado…

Aunque cada una de estas historias es breve, es la más larga y la más cargada de sentido, la de San’ân, la que los convence de intentar la aventura. Ese shaij, estimado por todos, abandona un día La Meca, a sus discípulos, su fe, para seguir a la Dama de la belleza. Serán las oraciones de sus discípulos las que harán que Dios lo devuelva al Camino, y que la Bella lo siga. Esta magnífica lección sobre la trascendencia y la inmanencia conquista la adhesión de los pájaros, que deciden por fin comprometerse bajo la dirección de la abubilla, a la que prestan lealtad.

Los siete valles

Pero ya aparecen nuevos escrúpulos, a los que la abubilla responde con otros relatos: es la mirada de lo Divino sobre una de sus criaturas lo que la hace acceder a la Realidad. Sobre el Camino:

Muchos son los que desde lejos han venido hasta aquí

unos fueron quemados y otros iluminados

de fuego y de luz. Luego, tras toda una vida,

llegados a una meta, se volvieron ávidos

y la meta se sustrajo entonces a su vista1

Sin embargo, la Bondad y la Misericordia divinas son infinitas: más vale partir y ser constante; el arrepentimiento sincero es tenido en cuenta, sea cual sea la creencia o la falta:

«Ante Él, todos los crímenes son una lágrima de lluvia»

Por todos esos comportamientos que frenan al alma en su búsqueda, ’Attâr nos explica lo que es la verdadera humildad y cómo alejar todo lo que es ídolo. Insiste sin embargo en que la Belleza divina va también acompañada de Majestad, de modo que el caminante se halla sin cesar entre el temor y la esperanza.

’Attâr nos encanta con sus versos y sus consejos de sabiduría y de Conocimiento:

¡Renuncia a ese cúmulo de barro y de ilusiones!

De la grandeza del alma, abre el ojo, ¡ve la Vía!

¡Pon el pie en la Vía y ve el Umbral celeste!

Una vez que tu alma haya alcanzado ese Umbral

aureolado de gloria, te volverás tan grande

que ya no cabrás en el universo.

Esta parte del poema es central en la obra, y también la más larga; constituye el corazón del mensaje pedagógico del autor. Para convencernos, convoca a los maestros más prestigiosos: Rabi’a, al-Hallâj, al-Basrî, al-Junayd, por no citar más que a ellos. Pero también a los profetas, sobre todo Abraham, Salomón, Muhammad.

Muchos pájaros dudan todavía a pesar de su pacto y de su guía; la abubilla, mediante numerosos ejemplos, les explica lo que es el buen comportamiento: la lealtad, la fidelidad cuya fuente es el amor, la verdadera humildad.

Los pájaros acaban por partir, pero en cada uno de los siete valles atravesados, del Deseo al Aniquilamiento, algunos son detenidos por su propio demonio interior. Porque se trata bien de pulir el corazón para ver reflejarse en él la Belleza divina, y no todos están dispuestos a ese difícil trabajo.

El Simorgh desvelado

Seguimos el viaje de los pájaros, de las almas, pues, por esos diferentes valles, y la abubilla los guía en cada uno. Pocos llegan al final del viaje, que dura toda una vida, precisa ’Attâr. Solo treinta obtendrán su recompensa. Es la Gracia divina la que levanta los últimos velos, y el Simorgh se revela por fin: el Simorgh es los treinta pájaros2:

Y cuando miraban a la vez al Simorgh y a sí mismos

no se veían sino Uno, en el Simorgh, o casi

Han alcanzado Su imagen en sí mismos, porque su corazón está bastante pulido para reflejarla.

A partir de ahí, las palabras no pueden lograr explicar el secreto último, que ninguna alegoría puede ya rendir.

En su epílogo, el maestro perfumista espera que sus lectores lo hayan oído y comprendido; pero frente al Secreto, solo el silencio es de oro. Se recrimina a sí mismo haber emprendido esta obra, ya que todo es nada si no es el Ser, y que sin duda ha hecho gala de vanidad a pesar de sus buenas intenciones.

Así, una vez más, como tan a menudo a lo largo del poema, nos deja en la perplejidad frente a aparentes contradicciones.

Las traducciones francesas

Esta obra fue traducida al francés, la primera vez en 1819 por Garcin de Tassy, en prosa.

Más recientemente, Leili Anvar dio de ella una traducción en verso, acompañada de 207 pinturas de los siglos XIV a XVII que han acompañado a este texto en el Oriente musulmán, de Turquía a los confines de la India. Para cada una, un comentario esclarecido da las claves simbólicas en relación directa con el texto del sabio poeta.

Myriam Bérot

Referencias

Para ir más lejos

Footnotes

  1. Las citas proceden de la traducción de Leili Anvar. ↩

  2. «Si morgh» significa «treinta pájaros» en lengua persa. ↩