La buena palabra, una responsabilidad espiritual

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Enseñanza de Sidi Mounir al-Qadiri Boutchich, jeque de la vía, extraída del episodio 324 de la serie Layali al-Wissal («Las Noches de la unión»), emitido el 13 de septiembre de 2026 en el canal de la Fundación Al Moultaqa. Pronunciada en francés; texto de acompañamiento redactado por la redacción.

Extracto de 5 min 39 s (01:19:17 → 01:24:56). Vídeo íntegro original: Layali al-Wissal, episodio 324, canal de la Fundación Al Moultaqa.

Traducción literal de la intervención (del francés)

Como la intervención se pronuncia en francés, aquí va su traducción literal al castellano, de principio a fin. El artículo de abajo presenta su sentido y su estructura; este texto sigue el discurso desde la introducción del presentador hasta la bendición final.

«[El presentador] …y llegamos ahora, muy cerca del final de esta vigilia, esta 324.ª noche de Layali al-Wissal, al momento que nos honra: escuchar una enseñanza espiritual del maestro Moulay Mounir al-Qadiri Boutchich. Su intervención lleva por título La buena palabra, una responsabilidad espiritual.»

«[Sidi Mounir] Alabado sea Dios, Señor de los mundos. Que la oración y el saludo sean sobre el más noble de los enviados, nuestro señor y maestro Muhammad, y sobre su familia y compañeros.

Muy reverenciado hermano Sidi Iskandar, al que agradezco su invitación; muy reverenciados hermanos y hermanas, asistentes de esta vigilia de gracia y bendición; miembros de los consejos de la Tariqa Qadiriya Boutchichiya; muy reverenciado ustad Salman Ayyoubi, imam y conferenciante; profesores y estudiantes del École Supérieure de l’Éducation et de la Formation; distinguidos invitados, amantes del conocimiento y de la espiritualidad: paz, misericordia de Dios y sus bendiciones sobre vosotros.

Hermanos, hermanas: la palabra es la expresión más alta del ser humano. Por la palabra el hombre se distingue del animal; por la palabra se eleva o cae. Y la palabra es una amana, un depósito que Dios ha confiado al ser humano. Por eso la palabra es una responsabilidad espiritual ante Dios y ante los hombres.

El Corán habla de la kalima tayyiba, la buena palabra. Dice el Altísimo: «A Él asciende la buena palabra y la obra piadosa la eleva» (azora Fatir, 35:10). Y dice también: «¿No ves cómo Dios propone una parábola? Una buena palabra es como un árbol bueno cuya raíz es firme y cuyas ramas tocan el cielo» (azora Ibrahim, 14:24). Ibn ’Abbas, que Dios esté complacido de él, dice que la kalima tayyiba es Lâ ilâha illâ Allah, la palabra de unidad, la palabra que une el corazón con su Señor.

Hermanos, hermanas: hay una palabra que pesa en la balanza. Una mujer dijo un día al Profeta, la paz y las bendiciones sean con él: ¡Mensajero de Dios! Mi vecino reza toda la noche, ayuna todos los días. Y el Profeta preguntó: ¿y cómo es su palabra? Ella dijo: no tiene una palabra dulce para sus vecinos. El Profeta dijo: ese hombre es de los rebeldes contra Dios. Y ella dijo: ¡Mensajero de Dios! Mi otra vecina reza poco, ayuna poco, pero su palabra con sus vecinos es buena. El Profeta dijo: esa mujer es de los obedientes a Dios. Mirad: una oración sin buena palabra es una oración incompleta; una devoción sin buena palabra es una devoción vacía.

La palabra que sale del corazón llega al corazón. La palabra que sale de los labios se muere en el aire. Ibn ’Ata’illah al-Iskandari, en su Hikam, dice: «toda palabra que sale de los labios de alguien lleva el traje del corazón del que sale». Si tu corazón está lleno de luz, tu palabra será luz; si tu corazón está lleno de oscuridad, tu palabra será oscuridad.

Hermanos, hermanas: la buena palabra tiene tres condiciones. Primero, la verdad: no digas lo que no sabes, no afirmes lo que no has visto; quien miente por costumbre es hipócrita con Dios. Segundo, la dulzura: la palabra debe ser suave, cortés, sin brutalidad ni desprecio; el Profeta dijo: «la palabra amable es una sadaqa», una limosna. Tercero, la dirección: la palabra debe ir hacia el bien; quien habla del bien prepara el bien, quien habla del mal prepara el mal. El cotilleo, la maledicencia, es una obra de destrucción.

Hermanos, hermanas: la palabra es una fuerza. Dios ha puesto en ella una energía que actúa sobre las cosas. La buena palabra abre puertas, levanta a los caídos, consuela a los tristes, reconcilia a los enemigos. La mala palabra cierra puertas, mata esperanzas, rompe familias, enciende guerras. Por eso el cheikh cuida su palabra como cuida su oración.

Hermanos, hermanas: pidamos a Dios que haga de nuestra palabra una buena palabra, una palabra de unidad, una palabra de misericordia. Que Dios os bendiga a todos, que bendiga a nuestra Tariqa, que bendiga a nuestra Fundación, que bendiga a Marruecos y a su rey Mohammed VI, que Dios le dé la victoria y lo proteja, así como al príncipe heredero Moulay El Hassan y a toda la familia real alauita jerifiana. Y la paz sea sobre vosotros, así como la misericordia de Dios y sus bendiciones.»

¿Qué pesa más en la balanza: una noche entera de oración o una palabra buena? Sidi Mounir responde con un hadiz de ’A’isha que pone la palabra en el centro del camino. Antes de eso, la enseñanza arranca de una evidencia: la palabra es lo que nos distingue.

La palabra, depósito confiado

«La palabra es la expresión más alta del ser humano»: así abre el cheikh. Por ella el hombre se distingue del animal; por ella se eleva o cae. Y es una amana, un depósito confiado por Dios, la misma noción de depósito sagrado que recorre la tradición. De ahí que la palabra sea una responsabilidad espiritual ante Dios y ante los hombres.

El Corán habla de ella como kalima tayyiba, la buena palabra. Dios dice: «A Él asciende la buena palabra y la obra piadosa la eleva» (azora Fatir, 35:10), y la compara a un árbol bueno, «cuya raíz es firme y cuyas ramas tocan el cielo» (azora Ibrahim, 14:24). Para Ibn ’Abbas, esa buena palabra es Lâ ilâha illâ Allah, lo que enlaza esta enseñanza con la que el cheikh pronunció esa misma noche sobre Lâ ilâha illâ Allah, la palabra que libera el corazón.

Una mujer, dos vecinos, un juicio profético

El corazón del relato es un hadiz transmitido por ’A’isha, que Dios esté complacido de ella (Sahih al-Bujari n.º 6018, Sahih Muslim n.º 2989). Una mujer dice al Profeta, la paz sea con él: mi vecino reza toda la noche, ayuna todos los días. ¿Y cómo es su palabra?, pregunta el Profeta. No tiene una palabra dulce para sus vecinos. La respuesta cae: «ese hombre es de los rebeldes contra Dios». Y de la otra vecina, que reza poco y ayuna poco pero cuya palabra es buena: «esa mujer es de los obedientes a Dios».

Una oración sin buena palabra, comenta el cheikh, es una oración incompleta; una devoción sin buena palabra es una devoción vacía. Y esta palabra del Maestro resume el mecanismo: «la palabra que sale del corazón llega al corazón; la palabra que sale de los labios se muere en el aire». Ibn ’Ata’illah al-Iskandari lo formula así en su Hikam: «toda palabra que sale de los labios de alguien lleva el traje del corazón del que sale». Si tu corazón está lleno de luz, tu palabra será luz; si está lleno de oscuridad, tu palabra será oscuridad.

Las tres condiciones de la buena palabra

La buena palabra no es una vaguedad amable: Sidi Mounir le da tres condiciones precisas.

Primero, la verdad. No digas lo que no sabes, no afirmes lo que no has visto; quien miente por costumbre es hipócrita con Dios.

Segundo, la dulzura. La palabra debe ser suave, cortés, sin brutalidad ni desprecio. El Profeta dijo: «la palabra amable es una sadaqa», una limosna: la palabra adquiere así el estatuto de una caridad al alcance de cualquiera.

Tercero, la dirección. La palabra debe ir hacia el bien: quien habla del bien prepara el bien, quien habla del mal prepara el mal. El cotilleo, la maledicencia, es una obra de destrucción.

Una energía que actúa sobre las cosas

«Dios ha puesto en la palabra una energía que actúa sobre las cosas.» La buena palabra abre puertas, levanta a los caídos, consuela a los tristes, reconcilia a los enemigos. La mala cierra puertas, mata esperanzas, rompe familias, enciende guerras. Por eso el cheikh cuida su palabra como cuida su oración.

La enseñanza se cierra como una súplica: que Dios haga de nuestra palabra una buena palabra, una palabra de unidad, una palabra de misericordia. A ella se añade la bendición sobre la Tariqa, la Fundación, Marruecos y su soberano. Oída al final de una larga vigilia, esta palabra sobre la palabra devuelve a cada uno a lo que dirá al salir: el carácter bueno empieza en la lengua.


Intervención de Sidi Mounir al-Qadiri Boutchich en Layali al-Wissal n.º 324 (Fundación Al Moultaqa), en francés, de 01:19:17 a 01:24:56. Artículo elaborado a partir del audio fuente y de la transcripción Whisper; citas restituidas fielmente en su sentido, referencias verificadas en la ficha de trabajo.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la palabra es una responsabilidad espiritual?

Porque es una amana, un depósito confiado por Dios. Ibn 'Ata'illah al-Iskandari resume: «toda palabra que sale de los labios de alguien lleva el traje del corazón del que sale». La palabra dice lo que somos por dentro.

¿Qué es la kalima tayyiba en el Corán?

La «buena palabra» de la que Dios eleva (azora Fatir, 35:10), que Dios compara a un árbol bueno, cuya raíz es firme y cuyas ramas tocan el cielo (azora Ibrahim, 14:24). Para Ibn 'Abbas, es Lâ ilâha illâ Allah.

¿Qué es la palabra-audacia que hace temblar el trono?

Un hadiz transmitido por 'A'isha (Sahih al-Bujari n.º 6018, Sahih Muslim n.º 2989) relata que una mujer dijo al Profeta que un vecino suyo pasaba la noche en oración pero no guardaba una palabra dulce con sus vecinos. El Profeta respondió que ese hombre era uno de los rebeldes contra Dios, y que su buena vecina era una de los obedientes.

¿Qué pide el cheikh para la buena palabra?

Verdad en la palabra, pues quien miente por costumbre es hipócrita con Dios; dulzura y cortesía, pues la palabra amable es una sadaqa; y una palabra dirigida hacia el bien, pues hablar del bien es prepararlo, mientras que el cotilleo malo es una obra de destrucción.