A propósito del barzaj (1/3): el istmo entre los dos mares
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El empleo de la expresión «barzaj» en el sufismo ofrece un ejemplo muy claro del doble sentido que pueden tener los símbolos. En teología, la palabra barzaj suele designar un cierto estado intermediario en la evolución póstuma del ser humano. La doctrina sufí le da sin embargo un significado mucho menos restringido, aunque apoyándose estrictamente en la interpretación metafísica de los versículos coránicos que contienen el término. Uno de ellos está en la sura ar-Rahmân: «Él produce los dos mares que se encuentran y, entre ambos, hay un istmo (barzaj) que no rebasan» (Corán LV, 19-20). Otro, en la sura al-Furqân: «Y es Él quien produce los dos mares, uno dulce y potable, el otro salado y amargo. Puso entre ambos un istmo y una barrera cerrada» (Corán XXV, 53).
Según ciertas interpretaciones, los dos mares simbolizan respectivamente la quididad y las cualidades; según otras, lo manifestado y lo no manifestado, lo informal y lo formal, el conocimiento inmediato y el conocimiento teórico… En definitiva, pueden representar dos grados más o menos elevados, pero siempre consecutivos, de la jerarquía del Ser.
El barzaj: tabique o mediador
Para una perspectiva exterior, el barzaj tiene necesariamente el sentido definido de «tabique», de «elemento separativo». Pero no puede ser solo eso para una perspectiva que le aplica el principio de la no-alteridad. Considerado desde su situación ontológica, solo puede aparecer como simple tabique desde el punto de vista del grado de menor realidad; visto «desde arriba», debe ser el mediador mismo entre los dos mares. Cabría compararlo a un prisma que descompone la luz integral de un mundo superior en los colores variados de un mundo inferior, o a una lente que concentra los rayos de arriba filtrándolos por un único punto de inversión. El barzaj no es, pues, separación sino en tanto que es él mismo el punto de nacimiento de una perspectiva separativa, ante cuyos ojos se presenta como límite. Existe además una analogía en lo que se llama el «punto ciego» del ojo corporal, allí mismo donde el nervio visual lo perfora.
El barzaj como polo (qutb) y el corazón
Estas consideraciones sobre los dos aspectos complementarios del barzaj explican por qué la expresión se emplea a veces como sinónimo del polo (qutb). «Lo que se llama el barzaj de un dominio de la existencia, dice Muhammad Tâdilî (1870-1957), no es otra cosa que el polo que rige ese dominio y le da su crecimiento». Como se desprende del término «crecimiento», Tâdilî pensaba sobre todo en las aplicaciones cosmológicas de la teoría del barzaj: «A imagen de la jerarquía de los mundos contenidos en el macrocosmos, todo mundo o grado de la individualidad humana está presidido por un barzaj, del mismo modo que toda facultad humana está regida por un polo semejante».
Esto se aprecia con más facilidad en las facultades de concepción mental, donde los barzaj constituyen los pivotes de los complementarios «sujeto» y «objeto», así como en las facultades de percepción sensible. «Todos los barzaj del hombre, añade Tâdilî, dependen de su barzaj central, que es el corazón (qalb), mediador entre los dominios del Espíritu (rûh) y del alma individual (nafs)». El aspecto físico del corazón expresa además muy claramente estos caracteres: «se pueden representar simbólicamente estos barzaj de la jerarquía humana, dice Tâdilî, como otras tantas puntas inasibles de donde emana una vibración luminosa que alterna concentración y expansión, de forma continua y espontánea. Cada pulsación de un barzaj produce una transformación de la luz vital. Para que esta transformación no se invierta y no se vuelva, por negligencia individual, fatalmente “descendente”, debe estar siempre determinada por la orientación espiritual y sostenida por medios como el dikr (invocaciones de nombres divinos), o por métodos que relevan de la ciencia de la respiración». Métodos que se basan, desde cierto punto de vista, en la analogía entre las fases de la respiración y la pulsación de los barzaj.
En cuanto al dikr, conviene notar que la palabra significa también «recuerdo», «memoria», lo que permite trazar analogías entre la invocación y la apelación al barzaj de la memoria, situado entre los «mares» del recuerdo y del olvido.
Por Titus Burckhardt.





