La autorización divina (idhn): transmisión y fuentes coránicas (2/2)
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Es bien sabido que la invocación (dikr) es una práctica central del sufismo: por la invocación dirigida a Dios, el corazón del discípulo se purifica y se ilumina. El dikr lo transmite el shaykh viviente, médico de los corazones. Y es esencial comprender que, en una vía iniciática, ese trabajo de purificación del corazón solo es plenamente operativo por la gracia del idhn (la autorización) del que la invocación está revestida. Una invocación transmitida con el idhn porta una carga espiritual y luminosa que permite establecer una relación, un lazo sutil, entre el corazón del maestro y el del discípulo. Por la bendición de esa «carga», el guía transmite a sus discípulos su influencia espiritual (madad), su secreto (sirr). La virtud transformadora procede, pues, esencialmente del idhn y no de la invocación en sí misma. A la inversa, la práctica asidua de una invocación sin autorización puede, a la larga, resultar una causa de desequilibrio psicológico para quien la realiza. Invocar es despertar energías divinas muy potentes que hay que poder integrar. Invocar asiduamente sin autorización sería un poco como entrar en un país extranjero sin pasaporte: la policía de fronteras vigila y puede expulsarnos sin contemplaciones. Dicho de otro modo, cada dikr tiene sus guardianes.
Las dos modalidades de transmisión
Existen, además, dos modalidades complementarias de transmisión del idhn:
- La autorización se transmite de manera exterior y explícita por un maestro viviente a uno de sus discípulos (a veces a varios, a veces a ninguno). La formalización de esa transmisión en un documento escrito (iyâza) no es condición indispensable: lo esencial es que el idhn haya sido claramente formulado.
- Esa autorización queda igualmente confirmada de modo directo e interior en el corazón de quien la hereda y pasa a ser su depositario.
Para ilustrar esta idea, nada mejor que reproducir un extracto muy significativo de una carta del shaykh Moulay al-’Arabî ad-Darqâwî. El shaykh cuenta que su maestro le había transmitido la autorización de enseñar y educar discípulos. Luego escribe:
Más tarde, mi alma deseó recibir la autorización de Dios mismo y de Su Enviado (que Dios le bendiga y le dé la paz). Lo deseaba con gran fervor. Un día en que me encontraba en un lugar solitario, en medio del bosque, sumido en una extrema embriaguez espiritual y, al mismo tiempo, en una extrema sobriedad, con una gran potencia en uno y otro estado, oí de pronto esta palabra brotar de lo más hondo de mi corazón: «Incítales al recuerdo (dikr), porque el recuerdo aprovecha a los creyentes» (Corán LI, 54). Entonces mi corazón se calmó y reposó, porque tuve la certeza de que ese discurso me había sido dirigido por Dios y por Su Profeta (que Dios le bendiga y le dé la paz)… En cuanto me fue dada esa autorización, los creyentes vinieron a mí; desde el instante en que los vimos y ellos me vieron, se acordaron de Dios y nosotros nos acordamos de Él, nos beneficiamos de ellos y ellos de nosotros, y sobrevino lo que sobrevino en favores, secretos, virtudes, bendiciones y auxilios divinos1.
La noción de idhn en el Corán
El Profeta no es profeta sino en virtud de la autorización divina:
- «No hemos enviado a un profeta sino para que sea obedecido, con el permiso de Dios. Si las gentes que se han hecho agravio a sí mismas vinieran a ti implorando el perdón de Dios, y si el Profeta pidiera perdón por ellas, hallarían ciertamente a Dios dispuesto a volver hacia ellas y a hacerles misericordia» (IV, 64).
El Profeta no actúa sino en virtud de la autorización divina:
- «… No corresponde a un profeta aportar un signo si no es con el permiso de Dios. Un libro ha sido enviado para cada época bien determinada» (XIII, 38).
Ninguna intercesión es posible ante Dios sin Su autorización:
- «… ¿Quién intercederá ante Él sin Su permiso (man dhâ alladhî yashfa’u ’indahu illâ bi-idhnihi)?» (II, 255, versículo del Trono).
- «… No hay intercesor sino con Su permiso…» (X, 3).
- «Ninguna intercesión (shafâ’a) será útil ante Dios, aparte de la intercesión por la persona en favor de la cual Él la haya permitido (adhina lahu)» (XXXIV, 23).
Esa noción de autorización divina vale para todos los profetas, en particular para Jesús:
- «Dios dice: ¡Oh, Jesús, hijo de María! Recuerda Mis beneficios para contigo y para tu madre. Te he fortalecido por el Espíritu de santidad. Desde la cuna hablabas a los hombres como un anciano. Te he enseñado el Libro, la sabiduría, la Tawrâh y el Inyîl. Creas de arcilla (tîn) una forma de pájaro con Mi permiso (bi-idhnî); soplas en ella y es pájaro con Mi permiso; curas al mudo y al leproso con Mi permiso; resucitas a los muertos con Mi permiso…» (V, 110).
Vale igualmente para los compañeros del Profeta:
- «Sabed que el Profeta de Dios está entre vosotros. Si, en muchos casos, os obedeciera, os encontraríais en grandes dificultades. Pero Dios os ha hecho amar la fe y la ha hecho hermosa a vuestros corazones, mientras que os ha hecho detestar la incredulidad, la perversidad y la desobediencia: tales son los bien dirigidos» (XLIX, 7).
- «Solo son creyentes quienes creen en Dios y en Su Profeta. Cuando están con él por un asunto que les reúne, no se retiran antes de haberle pedido permiso (yasta’dhinûhu). Quienes te piden ese permiso (yasta’dhinûnaka) son los que creen en Dios y en Su Profeta. Si te piden permiso (fa’dhan) para un asunto personal, concédelo a quien quieras…» (XXIV, 62).
Para ir más lejos
- La autorización divina (1/2): transmisión y grados
- ¿Qué es el dikr?
- Las conveniencias espirituales (adab) hacia el Profeta
Footnotes
-
Extracto de Lettres d’un maître soufi, trad. Titus Burckhardt, ed. Arché. ↩




