Correspondencia El Cairo - Amiens (3): cartas inéditas de René Guénon

Parte 3 de 7 · Correspondance Le Caire — Amiens (lettres de René Guénon)

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Cartas inéditas de René Guénon

A lo largo de toda su vida, René Guénon mantuvo una correspondencia muy abundante, mayoritariamente con personas francófonas que se habían interesado en su obra. Los pasajes que publicamos aquí están extraídos de una correspondencia que comprende 73 cartas escritas entre 1932 y 1950. El destinatario de esas cartas es un francés residente en Amiens, lector asiduo de las obras de Guénon, que desempeñó un papel importante en el surgimiento de una vía sufí en tierra occidental. A través de las respuestas y las precisiones que Guénon ofrece a su interlocutor, se pueden extraer elementos de información sobre puntos doctrinales, pero también ciertos aspectos prácticos y consejos a uso de quienes están concernidos por una vinculación a una vía sufí viviendo en un país no musulmán como Francia.

Para la cuestión «vibratoria», no veo por qué puede haber tantas dificultades en concebir una sacudida producida y propagada en un medio homogéneo y continuo; es posible que procedan de ciertos hábitos contraídos bajo la influencia de las teorías científicas modernas… En todo caso, es ciertamente siempre útil señalarme todo eso, pues no puedo darme cuenta por mí mismo de dificultades de ese género, y es evidente que hay que procurar tenerlas en cuenta en una exposición. Ya me he dado cuenta bastante a menudo, por reflexiones que se me han hecho, de que cosas que me parecían ir de suyo habrían necesitado en realidad ser explicadas más…

Carta a L. C., El Cairo, 14 de febrero de 1936

El hecho de orar con los ojos abiertos en el islam me parece explicarse muy naturalmente si se piensa que no se trata de un rito en el que deba uno aislarse, muy al contrario (la necesidad misma de la orientación hacia un centro común lo indica suficientemente). El empleo del canto en las sesiones (que por lo demás no es general) se refiere en suma a la utilización del ritmo bajo sus diferentes formas. Respecto de los movimientos que acompañan el dhikr, debo decir que no me gusta aquí el empleo de la palabra «danza», a causa de las confusiones muy profanas a las que da lugar inevitablemente (por lo demás, en árabe, no se dice jamás «raqs» en tal caso).

Carta a L. C., El Cairo, 23 de febrero de 1936

Es usted muy amable de mantenerme tan completamente al corriente, y creo que realmente no hay sino usted que pueda hacerlo regularmente, si no es abusar de su tiempo. […] En cuanto a Ch., la mejoría que usted constata ya en él demuestra que convenía sacarlo de su ambiente, y que el cumplimiento de los ritos no puede sino resultarle muy provechoso; es verdad que quizá no ocurre lo mismo en ciertos casos, pues puede haber, momentáneamente al menos, ciertas reacciones psíquicas más o menos desordenadas en quienes no están suficientemente preparados y cuyo temperamento se presta a ello. Es muy cierto que no me gusta mucho dar consejos, sobre todo propiamente «individuales»; el caso no es del todo el mismo cuando se trata de cosas que pueden tener un alcance de orden más general… […] (Me dice usted que A.b.R., que es wahabí, reprocha a los sufíes el balancearse durante sus incantaciones, con el argumento de que el Profeta habría recomendado no balancearse para distinguirse de los judíos.) No sé si la tradición de que se trata es bien auténtica, pero, en todo caso, habría que saber a qué se aplica exactamente, y es probable que deba ser únicamente a la oración, pues, para todo lo demás, nadie parece tenerlo en cuenta; y por lo demás, en lo que concierne al dhikr, el balanceo tiene razones más especiales. Sobre esas cuestiones, hay que desconfiar mucho de todas las opiniones de los wahabíes, que son adversarios declarados de todo lo que es de orden esotérico. […] Evidentemente, las exposiciones doctrinales, cualesquiera que sean, no pueden jamás tener sino un carácter de «preparación», y no pueden tener la acción directa que tienen los ritos; pero, con todo, no pienso que sea una razón para descuidarlas. Para la cuestión de las lenguas, es cierto que, de modo general, la traducción de los textos sánscritos no plantea tantas dificultades, ni de un género tan particular, como la de los textos árabes (y hebreos igualmente). En cuanto a la utilidad que el conocimiento del árabe puede tener para cada uno de ustedes, ello depende evidentemente de muchas circunstancias; para usted mismo, si debe desempeñar el papel de imán, ese estudio tiene por ello mismo una razón de ser más especial… […] En cuanto al tarot, admito de buena gana que pueda dar resultados válidos; solo que su manejo quizá no está exento de todo peligro, a causa de las influencias psíquicas que ciertamente pone en juego; diré otro tanto de ciertos otros procedimientos, como la geomancia por ejemplo; pero, en el caso del tarot, ello se complica con la cuestión de su origen particularmente dudoso… Por lo demás no sé en absoluto dónde podrían encontrarse algunos datos sobre ello, a menos que sea entre los bohemios, pues hay que decir que, fuera de Europa, el tarot es una cosa completamente desconocida; todo su simbolismo tiene además una forma específicamente occidental. […] He sabido últimamente que se hace correr de nuevo el rumor de que yo estaría en París, lo que se reproduce periódicamente, y que algunos aseguraban incluso haberme visto allí en una reunión. Recuerdo también que, hace 8 o 10 años, es decir cuando yo estaba aún en Francia, me habían contado que cartas eran dirigidas a mi nombre en un hotel de Burdeos, donde efectivamente había alguien que las recibía. Reuniendo todo eso, estaría tentado de creer que hay realmente alguien que se hace pasar por mí; ¿pero quién, y por qué? Lo único cierto es que hay debajo de ello intenciones que no tienen nada de benevolente; y noto aún, a este propósito, que la afirmación de que «yo viajo mucho» ya apareció por extenso en uno de los ataques más pérfidos que se hayan dirigido contra mí; ¿es también eso una simple coincidencia? ¿Qué puede significar en realidad todo esto? Le confieso que no me disgustaría que todo ello acabara por esclarecerse un día u otro…

Carta a L. C., El Cairo, 9 de marzo de 1936

Para su cuestión concerniente a la vida del Profeta, la concepción más ortodoxa es que la impecabilidad pertenece realmente a todos los profetas, de modo que, aun si se encuentra en sus acciones algo que pueda parecer chocante, eso mismo debe explicarse por razones que sobrepasan el punto de vista de la humanidad ordinaria (a un grado menor, ello se aplica también a las acciones de todos los que han alcanzado un cierto grado de iniciación). Por otro lado, la misión de un rasûl, por el hecho mismo de que se dirige a todos los hombres indistintamente, implica una manera de actuar donde no aparecen las realizaciones de orden esotérico (lo que constituye por lo demás una suerte de sacrificio para quien está revestido de esa misión). Por eso algunos dicen también que lo que sería lo más interesante desde el punto de vista iniciático, si fuera posible conocerlo exactamente, es el período de la vida de Muhammad anterior a la risâla (y ello se aplica igualmente a la «vida oculta» de Cristo con respecto a su «vida pública»: esas dos expresiones, en sí mismas, concuerdan por lo demás del todo con lo que acabo de decir y lo indican casi explícitamente). Se entiende por lo demás bien que las consideraciones históricas no tienen interés en sí mismas, sino solo por lo que traducen de ciertas verdades doctrinales. En fin, no se puede descuidar, en una tradición que forma necesariamente un todo, lo que no concierne directamente a la realización metafísica (y hay tales elementos en la tradición hindú como en las demás, puesto que implica también, por ejemplo, una legislación); hay más bien que esforzarse por comprenderlo con relación a esa realización, lo que equivale en suma a buscar de ello el «sentido interior».

Carta siguiente: Correspondencia El Cairo - Amiens (4)

Obra del artista Adam Williamson