Correspondencia El Cairo - Amiens (4): cartas inéditas de René Guénon
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Cartas inéditas de René Guénon
René Guénon sostuvo durante toda su vida una correspondencia muy extensa, la mayoría con corresponsales francófonos que se interesaban por su obra. Los pasajes que damos aquí proceden de un intercambio de 73 cartas escritas entre 1932 y 1950. Su destinatario era un francés de Amiens, lector fiel de los libros de Guénon, que jugó un papel importante en el surgimiento de una vía sufí en Occidente. En las respuestas y precisiones que Guénon dirige a su interlocutor cabe encontrar datos sobre puntos doctrinales, pero también aspectos prácticos y consejos para quienes buscan vincularse a una vía sufí viviendo en un país no musulmán como Francia.
A. hizo cuanto pudo por vincularse de hecho a la tradición judaica para observar los ritos, pero tuvo que reconocer una verdadera incompatibilidad con su naturaleza; ahora, él y su mujer están decididos a solicitar su vinculación al islam, y es probable que escriba pronto a S.; según lo que me cuenta, es posible que varios más le sigan. Lo que reprocha a L. es ante todo la incapacidad que le encuentra para participar en un trabajo de grupo; al parecer, el propio L. admite que prefiere trabajar en solitario. En el fondo nada de esto es muy grave, y sería de desear que, adheridos a una misma tradición, esas diferencias no les impidieran entenderse, ya que cada cual queda libre de ejercer su actividad de la forma que mejor cuadre con sus aptitudes… […] Aquí se dice con toda naturalidad que quien desea el Paraíso o teme el Infierno está todavía muy lejos de ser de verdad «mutasawwif»… […] Sobre lo que parece causarle cierta molestia (el cumplimiento de «devociones» en modo islámico), conviene decir ante todo que una forma tradicional debe tomarse como un todo: el exoterismo es el punto de apoyo necesario para no «perder pie». Y probablemente, en una organización iniciática cristiana de la Edad Media, usted habría tenido una impresión parecida a la actual. Por otra parte, como he repetido tantas veces, no hay que olvidar que lo esencial es la vinculación iniciática y la transmisión de la influencia espiritual; una vez hecho eso, cada uno debe trabajar por sí mismo, de la manera que mejor le convenga, para volver efectivo lo que todavía no es más que virtual. Es evidente que sería preferible poder elegir entre una variedad de métodos que ayudaran a cada uno con la mayor amplitud posible, pero por desgracia no es el caso hoy; en cualquier caso, lo que está llamado a ser ayuda no debe convertirse jamás en obstáculo para nadie. Añado que S. es muy disculpable si no prevé acaso suficientemente la adaptación que cada uno requeriría, pues es claro que eso exige una experiencia que él aún no puede tener; veo además que usted lo comprende perfectamente, pero cabe temer que otros no lo entiendan igual… Queda la esperanza de que todo se arregle poco a poco: hay que recordar que se trata, en suma, de un «comienzo», en condiciones que jamás se habían dado hasta ahora. En cuanto al balanceo del dhikr, puede decirse que se vincula en general a la cuestión del ritmo, y que esos movimientos ejercen por sí mismos cierta acción sobre los centros sutiles. No poseo datos particulares sobre los acontecimientos actuales, pero es seguro que nada de eso resulta tranquilizador, y crece cada vez más la impresión de que el período final del ciclo podría no estar realmente muy lejano…
Carta a L. C., El Cairo, 29 de marzo de 1936
Ya está S. de regreso en París; quizá le resulte, a pesar de todo, menos difícil hallar allí una situación que en otra parte. Por desgracia, es de temer que su descuido de las cosas exteriores le haga perder ocasiones, pues sé que ya le ha ocurrido varias veces. Es una lástima que sea así en todo; según me han contado, parece que en ello hay mucha culpa de su madre… Con todo, esa ausencia de agradecimientos al dejarle me deja estupefacto; desde luego no tiene nada de oriental: ¡aquí se tendería más bien a exagerar en el sentido contrario! Por otro lado, lo que su preparación para su papel haya podido tener de insuficiente o de demasiado rápida resultaría menos grave si confiara un poco menos en sí mismo y, sobre todo, si no hubiera en él esa suerte de empeño en no hacer caso de tantas cosas que no por ello dejan de importar… […] Respecto al momento de las ceremonias iniciáticas, es cierto que algunas organizaciones hindúes, y quizá también otras, tienen en cuenta las influencias astrológicas; pero eso no existe en las organizaciones islámicas, o al menos no conozco ningún ejemplo: se trata evidentemente de «modalidades» distintas. La impecabilidad puede, en ciertos casos, considerarse unida a una función más que a un grado, pero es evidente que, para el jîvan-mukta al menos, los actos no pueden acarrear consecuencia alguna; e incluso en grados muy inferiores ocurre lo mismo con los actos cumplidos con un desasimiento perfecto; véase al respecto la Bhagavad-Gîtâ. […] ¿Cómo ha podido imaginar S. que, si usted u otros me mantienen al tanto de lo que ocurre (en Francia y en Suiza), es por el gusto de contar historias? […] No creo que S. llegue a pedirme parecer sobre todos los candidatos (a la iniciación), máxime cuando no es precisamente fácil tratándose de personas a quienes jamás se ha visto y a las que solo se conoce por carta. Debe quedar, además, bien claro que no deseo en absoluto asumir la «dirección» de nada; pero también que, cuando no se trata de consejos individuales sino de indicaciones de alcance general, no puedo negarme a darlas en la medida de lo posible, siempre que se juzgue oportuno pedírmelas…
Carta a L. C., El Cairo, 17 de abril de 1936
No llegaba a creer que las cosas se hubieran deteriorado hasta el punto de que S. acabara hablando de «disolución»; francamente, no comprendo cómo podría justificarse semejante cosa… Todo lo que me cuenta resulta, además, extraordinario y, debo decirlo, inesperado; se lo agradezco, pues tiene toda la razón al pensar que es necesario que yo sepa cómo están las cosas, por poco agradable que sea. ¡Yo que contaba con la función de S. para descargarme un poco, ocurre justamente lo contrario: no hallo en ello sino una fuente de nuevas preocupaciones!
Carta a L. C., El Cairo, 27 de abril de 1936
Desde hacía dos días conocía, por una nota de S., el feliz desenlace de los últimos incidentes, que le confieso me tenían muy inquieto. En fin, como usted dice, es muy de desear que la lección de prudencia que conviene sacar de todo ello no se pierda ni para unos ni para otros. […] Deseo para todos nosotros que la «atmósfera» esté ya menos turbada y que hayamos llegado de verdad al final de tantos trastornos.
Carta a L. C., El Cairo, 17 de mayo de 1936
La restauración iniciática en modo occidental me parece muy improbable, y cada vez más, como usted dice; en el fondo, nunca conté mucho con ello, pero naturalmente no podía dejarlo entrever en mis libros, aunque solo fuera por no parecer descartar «a priori» la posibilidad más favorable. Para suplirla no hay más remedio que recurrir a otra forma tradicional, y la forma islámica es la única que se presta a hacer algo en Europa misma, lo cual reduce las dificultades al mínimo. Al presentarse una ocasión, pensé de inmediato que convenía no dejarla escapar, ya que ello podía revestir un interés de orden del todo general. […] Lo que usted me cita de su traducción del Corán, o mejor dicho de las notas que la acompañan, no me sorprende en absoluto: responde bien al espíritu de los Ahmadiyya, muy «modernistas» y netamente heterodoxos en diversos puntos. Llevan a cabo por doquier una propaganda inverosímil y disponen de fondos considerables, de los cuales la mayor parte procede, por lo demás, de Inglaterra… En América han llegado a suplantar casi por completo al bahaísmo, lo que demuestra bien a qué clase de público se dirigen y qué concesiones deben hacer a la mentalidad occidental.
Carta a L. C., El Cairo, 27 de junio de 1936
Ayer recibí su carta y, ante todo, ¡cuántas gracias le debo por el amable envío que la acompañaba! Comprenderá que resulta especialmente bienvenido en estos días, cuando la baja del franco y sus consecuencias me causan no pocas inquietudes y preocupaciones; agradezco sinceramente a quienes se esfuerzan por atenuarlas así y compensar la pérdida que traen consigo tan desdichadas circunstancias. Su retraso al escribirme es, ciertamente, muy disculpable, en medio de tantos acontecimientos inquietantes por donde se mire. […] Sobre el dhikr, A. tiene evidentemente razón en principio cuando habla de la importancia de su práctica para la realización de los estados superiores, pero pienso que en la práctica no hay que exagerar nada, y que sesiones diarias resultarían quizá excesivas. En cuanto a la invocación del Nombre supremo que usted pidió a S., mi parecer es que no conviene ir demasiado aprisa y que hay toda ventaja en proceder gradualmente… Las demás noticias que me da de sí mismo me parecen realmente muy satisfactorias; es cierto que siempre cabe temer exagerarse el alcance de ciertos resultados, pero todo parece marchar con todo de una manera perfectamente «normal», si cabe decirlo así. Por otra parte, eso que me cuenta de que la solución de ciertas cuestiones se le presenta como por sí sola me parece también una excelente señal… Sobre la cuestión del «Punto primordial»: la concentración y la expansión pueden compararse a las dos fases de la respiración (y a las de los movimientos del corazón), y todo ello puede aplicarse, naturalmente, a distintos niveles. Si se contemplan las cosas al nivel del Ser, podría decirse que la indiferenciación «difusa» corresponde a su Unidad, y la contracción a su polarización en esencia (el punto) y substancia (el espacio vacío, pura potencialidad). […] La presencia de dos puntos y su distancia realizan un espacio: es evidentemente una de las condiciones de existencia del elemento corporal, aunque no la única necesaria. Debo decir, a este respecto, que desconfío mucho de la palabra «concreto»; jamás he logrado saber con exactitud cómo se pretende entenderla; en todo caso, siempre está desviada de su verdadero sentido etimológico, que no es otro que el de «continuo».
Carta siguiente: Correspondencia El Cairo - Amiens (5)




