Extractos del discurso de Sidi Jamal, mawlid 2024

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Sidi Jamal

En nombre de Allâh, el Clemente, el Misericordioso.

Que las oraciones y la paz sean sobre nuestro Profeta Muhammad, el Profeta elegido, de atributos sublimes y perfectos. El Profeta de la creación entera, el más noble, el más honrado de los seres. El hombre perfecto, la esencia de la belleza y de la perfección, la guía hacia el camino recto de Allâh. Aquel que fue enviado como compasión y misericordia para toda la creación. Que sea bendito, así como su noble familia y sus compañeros amados, puros y virtuosos.

La celebración del mawlid

Querida asamblea de invocadores e invocadoras de Dios,

Es con alegría que la cofradía Qadiriya Boutchichiya celebra el aniversario de la mejor de las criaturas, nuestro maestro Muhammad, el amado, el anunciador de buenas nuevas, el advertidor, el faro que ilumina.

Queridos hermanos, queridas hermanas,

Es justo para nosotros, y para todos los musulmanes y todas las musulmanas, celebrar el aniversario del Profeta, que fue elevado durante el viaje nocturno hasta el Loto del límite, tan cerca que estuvo a dos arcos o menos [de la Presencia], y a quien Dios Todopoderoso reveló lo que reveló.

Que la paz y la bendición de Allâh sean sobre ti, ¡oh mejor de las criaturas!, amado del Misericordioso. Eres digno de toda alabanza, porque Dios te ama y ama a quienes te portan en sus corazones.

La invocación, remedio de los corazones

Querida asamblea,

Después de haber evocado brevemente la celebración del nacimiento de nuestro noble Profeta, ese pilar fundamental, os recomiendo, así como a mí mismo, invocar en abundancia (dikr), porque la energía de luz que de ello resulta se eleva hacia el cielo. La palabra excelente sube, pues, hacia Él y, para el invocador y la invocadora, ninguna apertura es posible fuera de esta práctica.

Es un remedio eficaz contra las enfermedades del corazón; pero el dikr no es benéfico más que cuando va acompañado de una orientación hacia el vínculo sólido que une el corazón del discípulo al de su shaij.

La gente de Dios enseña que el conocimiento se adquiere de «la boca de los hombres». Entre las condiciones necesarias al aprendizaje de toda ciencia, está, pues, el hecho de recibirla directamente de los maestros, porque ningún libro solo permite su adquisición completa.

Así, el shaij es la condición sine qua non de la apertura de las puertas de la búsqueda. Y ningún libro, ningún escrito, puede restituir la esencia de esa búsqueda, contenida toda entera en la enseñanza entregada directamente, sin intermediario, por el propio maestro.

Por ello, la primera puerta de la educación es la persona misma del enseñante. En este sentido se ha dicho: «Quien entra en la ciencia solo sale de ella solo», es decir, quien entra en la ciencia sin shaij sale de ella sin ciencia. La práctica de la ciencia es por lo demás comparable a la de un oficio, y cada oficio necesita un maestro.

Si se desea adquirir esta ciencia, es pues indispensable recibirla de quien tiene su absoluta maestría. Platón ha dicho: «Solo se puede aprender de aquellos a quienes se ama». En la ciencia del sufismo, esto significa que no se puede aprender de su shaij, incluso autorizado, si no se siente ningún amor hacia él. Este método es constante en la gente de Dios, que considera el compañerismo como el corazón de la educación sufí.

A continuación de la orientación, el dikr autorizado es el pilar mayor de esta educación. El dikr se asemeja al pulido de las impurezas del corazón. Es el auténtico jabón de los corazones. Abû Dardâ’ (que Dios lo acepte) ha dicho: «Para cada cosa hay un pulido, y el pulido de los corazones es la invocación de Dios».

El dikr es el remedio contra todas las enfermedades del corazón. Ka’b ibn Mâlik (que Dios lo acepte) ha dicho: «La práctica abundante del dikr es una protección contra la hipocresía». En efecto, el esfuerzo en el dikr y su repetición limpian el corazón del discípulo de toda falta y de todo pecado (…)

Os animo y os recomiendo, así como a mí mismo, practicar el dikr abundantemente, asistir a las invocaciones colectivas y hacer vivir las zâwiyas (lugares de práctica); porque son jardines entre los jardines del paraíso.

Como está mencionado en el hadiz qudsí, Dios dice: «Soy el compañero de quien Me menciona».

El Corán, la Sunna y lo lícito

Os recomiendo, así como a mí mismo, aferraros al Corán y a la Sunna. El Corán es la palabra de Dios, y la Sunna está constituida de sabidurías, de acciones, de aprobaciones y de estados del Profeta (la paz y el saludo sobre él), como ha dicho nuestro abuelo, Sidi al-Hajj al-’Abbâs (que Dios santifique su secreto): «Nuestra vía es esta: lo que el Profeta os ha traído, tomadlo, y de lo que os ha prohibido, absteneos».

El sentido de esta palabra es seguir los mandamientos y alejarse absolutamente de las prohibiciones, porque Dios es Puro y no acepta más que lo que es puro. A este propósito, según Abû Hurayra, el Profeta (la paz y el saludo sobre él) ha dicho: «Purificaos por todos los medios de que dispongáis, porque Dios ha edificado el islam sobre la pureza, y nadie entrará en el paraíso sin ser puro».

¡Oh tú, discípulo hombre o mujer!, vive en lo lícito y aléjate sin más espera de lo ilícito. A este propósito, voy a contaros una historia que he oído de mi padre (Sidi Hamza, que Dios tenga su alma):

Un día, mi padre fue invitado a casa de uno de los notables de la región. Como lo quiere la costumbre para acoger a los invitados, les ofrecieron un cordero asado. Los invitados se pusieron a comer con apetito, pero cada vez que mi padre empezaba a comer, veía gusanos moverse sobre la carne del cordero. Cambió entonces de lugar, pero el fenómeno se reprodujo. Comprendió, pues, y cesó de comer, y se guardó eso para sí sin hablar de ello a nadie. Al dejar la casa del anfitrión, mi padre confió ese secreto a uno de los invitados próximos a él, y resultó que el anfitrión sacaba sus ingresos de una fuente impura. Esa visión fue un signo de gracia. Pedimos a Dios que nos preserve a todos de toda cosa ilícita.

La veneración

Querida asamblea,

Os recomiendo, así como a mí mismo, practicar la magnificación y el respeto en vuestro camino hacia Dios. Se ha dicho: «Quien magnifica las cosas saca de ellas beneficios y será grande ante Dios; pero quien las menosprecia, ellas sacarán de él, y será insignificante ante Dios». La amistad con Dios dimana de la amistad con Su Profeta, y la amistad con el Profeta dimana de la amistad con los nobles y los grandes hombres entre Sus siervos, que son los creyentes. Quien no magnifica a los nobles y a los grandes hombres no alcanzará ningún grado de proximidad con Dios y Su Profeta.

A este propósito, el Profeta (la paz y el saludo sobre él) ha dicho: «Hacer honor a un musulmán anciano forma parte de la veneración de la majestad de Dios». Y en otro hadiz, ha dicho: «Honrad a los shuyûj, porque honrar a los shuyûj forma parte de la veneración de Dios». (…)

¡Oh Señor!, acepta nuestra oración, y bendice a todos los invocadores e invocadoras, así como a sus hijos. Realiza sus objetivos y sana, Tú que eres el Sanador de toda enfermedad.

¡Oh Señor!, no nos castigues si hemos olvidado o pecado. ¡Oh Señor!, no nos impongas una carga como la que has impuesto a quienes nos precedieron. ¡Oh Señor!, no nos impongas lo que no podemos soportar. Perdónanos, excúsanos y haznos misericordia. Tú eres nuestro Protector, así que danos la victoria sobre las gentes infieles.

Gloria a nuestro Señor, el Señor de la majestad, por encima de lo que describen. La paz sea sobre los mensajeros. Alabanza a Allâh, Señor de los mundos.

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