Los beneficios del dikr

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El término «dikr» reviste significaciones diversas y matizadas en el Corán. Los dos sentidos mayores de la raíz «dh-k-r» son:

Como precisa Ibn ’Arabî, el dikr es un atributo divino, y en verdad es Dios quien Se menciona y menciona a Sus criaturas, antes de que estas Lo invoquen: «¿No has visto que es a Dios a quien alaban todos los que están en los cielos y en la tierra, y también los pájaros en filas?» (XXIV, 41).

Por eso, en el Corán, el dikr remite, implícita o explícitamente, a realidades múltiples. Así, el dikr es el Corán: «Somos Nosotros quienes, en verdad, hemos hecho descender el Dikr [el Corán] y, ciertamente, somos Nosotros quienes lo preservamos» (XV, 9), pero designa también los textos revelados anteriormente: «No hemos enviado antes de ti más que hombres a quienes hemos hecho una revelación. Preguntad [a su respecto], si no lo sabéis, a los que detentan las Escrituras (ahl adh-dikr)» (XVI, 43). El dikr es igualmente la oración ritual (LXII, 9), la información (XIX, 41), el honor de la revelación ofrecida a Muhammad y a su pueblo (XLIII, 44), el aprendizaje de memoria del Corán (LIV, 17), el «recuerdo» en numerosas ocurrencias, etc.

¿Qué lugar ocupa el dikr en la vida de quien busca a Dios?

Solo el dikr permite luchar contra la amnesia que alcanza al hombre, olvidadizo de sus orígenes divinos y del Pacto (mîthâq) sellado con Dios en la preeternidad.

El dikr consiste en la reminiscencia, sin cesar reactivada, de ese lazo con lo divino que el ser humano conoció antes de estar «encarnado». El hombre es olvidadizo por naturaleza, olvidadizo de los beneficios de Dios, y el «kufr» corresponde bien a esa ingratitud de la que va a derivar la incredulidad. El Corán no cesa de advertir contra esa amnesia: «Invoca a tu Señor cuando hayas olvidado» (XVIII, 24); «Acordaos de Mí, y Me acordaré de vosotros», «Invocadme, y Me acordaré de vosotros. ¡Sed agradecidos para conmigo y no seáis ingratos!» (II, 152). El dikr consiste desde entonces en luchar contra esa inclinación humana a la negligencia y a la distracción, a fin de estar presente a Dios, es decir, consciente de la Presencia divina.

El Corán afirma también la excelencia de la invocación de Dios: «¡La invocación de Dios (dikr Allâh) es lo que hay de más grande!» (XXIX, 45). El dikr está prescrito en todo momento, mientras que los demás ritos tienen tiempos determinados y pueden ser objeto de dispensas. El dikr determina de hecho en el ser humano todo modo de presencia a Dios, sea cual sea la situación o la actividad: «Los que invocan a Dios de pie, sentados o acostados sobre el costado» (III, 191).

El Profeta, cuando se le preguntó qué combatiente obtendría la mayor recompensa, respondió así: «El que más se haya acordado de Dios». Y cuando se le interrogó de nuevo: «¿Qué ayunante tendrá la mayor recompensa?», reiteró su respuesta: «El que más se haya acordado de Dios». Y cuando fueron mencionadas la oración, la limosna, la peregrinación y los dones, dio la misma respuesta. Abû Bakr dijo entonces a ’Umar: «¡Las gentes del Recuerdo (adh-dhâkirûna) han tomado lo que hay de mejor!». El Profeta asintió: «¡Ciertamente sí!».

¿Por qué el dikr es tan importante en el caminar?

El papel de la invocación es alejar la duda del alma y suprimir las sugestiones psíquicas y los malos pensamientos, con miras a la purificación de los corazones. Según ’Abdallah, hijo de ’Umar, el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean sobre él) dijo: «Ciertamente toda cosa tiene un medio de purificación, y el medio de purificación de los corazones es el dikr de Allah. Nada salva mejor del castigo de Allah que el dikr de Allah», o también esta palabra profética: «Los corazones se oxidan como se oxida el hierro». «¿Y qué es lo que los hace brillar?», preguntó uno de ellos. «La invocación de Dios y la lectura del Corán», respondió.

Dijo igualmente: «Quien invoca a su Señor y quien no lo hace son comparables, uno a un vivo, otro a un muerto».

Sidi Jamal, entonces guía de la vía Qadiriya Boutchichiya, pudo así decir: «Cuando la persona invoca, aleja al shaytân. Y cuando la persona se enfría, el ego y el shaytân se ayudan mutuamente contra ella. Es difícil, muy difícil. Por eso se toman por compañeros a las gentes de Dios para estar siempre vivos».

En el momento del dikr, el invocador vacía su corazón de las preocupaciones terrestres y se desvía de las futilidades y vicisitudes de este mundo, a fin de orientarse hacia la fuente de toda cosa. El discípulo se esfuerza por hacer callar a su ego, para actuar ya no en función de sus pasiones o de la mirada de los otros, sino de la mirada de Dios fijada sobre él. En lugar de correr sin cesar de un deseo a otro, o de una criatura a otra, se aplica a reconocer la presencia del Creador y a dirigir toda su energía hacia Él solo.

El dikr pule el corazón y limpia el alma de los «pensamientos errantes» de los que somos los esclavos más o menos consentidores. El curso impetuoso de estos no puede detenerse sin una influencia espiritual que nos trasciende. Si el hombre sigue sus pasiones, se remite a causas segundas, se aparta del principio mismo de la unicidad de Dios y de la unicidad del ser. Ser receptivo a la invocación de Dios es, pues, la marca de una fe auténtica: «Los verdaderos creyentes son aquellos cuyos corazones fremecen cuando Dios es mencionado» (VIII, 2).

Además de la purificación del corazón, ¿cuáles son los beneficios del dikr?

El dikr es paz: «¿No se apaciguan los corazones en el recuerdo de Dios?» (XIII, 28).

Es protección: «Cuando ciertos demonios los tocan, los que temen a Dios Lo invocan, y enseguida se vuelven clarividentes» (VII, 201).

El dikr es también el primer paso en la vía del amor porque, cuando se ama a alguien, se ama repetir su nombre y uno se acuerda constantemente de él: «E invoca a tu Señor en abundancia, y proclama Su pureza mañana y tarde».

El Profeta dijo: «Quien se acuerda mucho de Dios, Dios lo ama».

En definitiva, el fin de la invocación es la salida del estado de despreocupación (al-ghafla) y del olvido hacia el estado de vigilia. El dikr es, pues, la llave del retorno y de la elevación hacia Dios, el medio de luchar contra las pasiones del alma y el arma contra shaytân, el acto interior que conduce a la purificación del alma y a la sinceridad del corazón. Por eso la invocación debe ser practicada con abundancia.

Como pudo decirlo Frithjof Schuon: «La realización espiritual es a la vez la cosa más fácil y la más difícil: la más fácil, porque basta con acordarse de Dios. La más difícil, porque la naturaleza del ego es el olvido de Dios». Y para terminar, esta palabra profética: «Las gentes del Paraíso no lamentarán más que una sola cosa: toda hora que hayan pasado sin practicar el recuerdo de Dios».

Para profundizar: «Les vertus du dhikr», obra del jeque Abdelkader Aïssa (ed. Iqra).

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