Sidi Jamal al-Qadiri Boutchich (1942-2025)

Sidi Jamal al-Qadiri al-Boutchichi (1942-2025) fue, en vida, considerado en Marruecos y en los numerosos países donde se encontraban sus discípulos como el «maestro de la belleza»: el representante auténtico de una tradición viva del sufismo, vía de realización interior en el islam. Guió la tariqa Qadiriya Boutchichiya desde 2017, año de la muerte de su padre Sidi Hamza, hasta su propia muerte en agosto de 2025.
Las cofradías sufíes y el linaje qadiri
Existen a través del mundo musulmán, y más ampliamente en el mundo entero, numerosas cofradías sufíes, que llevan cada una el nombre de su fundador: la Shadhiliyya, la Tiyaniyya, la Naqshbandiyya, la Qadiriya, etc.
Esta última toma su nombre del jeque Moulay Abd al-Qadir al-Yilani (1077-1166), uno de los santos sufíes más populares del islam, cuyo santuario se encuentra en Bagdad, ciudad donde enseñó durante largos años las ciencias esotéricas tanto como las exotéricas.
Sidi Jamal era su descendiente por la sangre: la genealogía de la familia al-Qadiri se remonta hasta el Profeta Muhammad (que la bendición de Dios sea sobre él y la paz) por su nieto Hassan. Pero más allá de esta herencia, ciertamente importante y de la que pueden prevalecerse varias familias en el mundo sin asegurar por ello un papel de enseñanza, la herencia más decisiva es aquí de orden espiritual.
El «jeque vivo» y la transmisión del secreto
En el sufismo se considera que un «jeque vivo» es un «heredero muhammadiano»: ha heredado el secreto espiritual del Profeta (llamado así porque se sitúa al nivel de lo inefable, de lo que ningún término del lenguaje usual puede describir) y ha sido él mismo «autorizado» a la vez por una fuente trascendente, divina, y por su propio maestro, que confirma así la veracidad de esa designación. Como se dice en el sufismo, es una transmisión de «corazón a corazón».
Para ser así autentificada, cada tariqa, o «vía» sufí, debe inscribirse en una cadena ininterrumpida de maestros espirituales, herederos cada uno de ese secreto, hasta el Profeta del islam y, a través de él, hasta toda la cadena de los santos y los profetas anteriores. El secreto no es otra cosa que el del sentido último y divino del Ser. Descubrirlo, o acercarse a él, es la finalidad misma de toda existencia.
La formación espiritual de Sidi Jamal
Sidi Jamal al-Qadiri al-Boutchichi fue discípulo de su abuelo, Sidi al-Hach al-Abbas, y luego de su padre, Sidi Hamza. Ambos habían sido discípulos del jeque Sidi Abu Madyan al-Qadiri, que había podido adquirir el «Secreto» tras años pasados como discípulo de distintos maestros sufíes, en particular de Sidi Ben Ariane. Este último pertenecía a una tariqa Tiyaniyya y disimulaba tan bien su santidad y su conocimiento espiritual que se le contaba entre los «malamatíes»: las gentes del reproche, así llamadas porque actúan de modo que atraen sobre sí una mirada desfavorable.
El otro maestro que desempeñó un papel decisivo en la formación de Sidi Abu Madyan es Sidi Ahmed Lahlou, él mismo discípulo del jeque de la Tariqa Shadhiliyya, Sidi Muhammad ben Ali.
Estas herencias espirituales convergen en Sidi Jamal con la de su bisabuelo Sidi al-Mujtar al-Boutchichi, un gran santo de todo el Oriental marroquí, reconocido por sus prodigios y su sabiduría en todas las tribus de los Beni Snassen, y convertido en figura emblemática de la resistencia a la invasión colonial.
La vía del «sirr» y la vía del «tabarruk»
Solo remontando esta cadena, hasta Sidi Ali al-Qadiri (el primero en ser apodado «al-Boutchichi»), se reencuentra ese grado del pleno acceso al conocimiento del secreto espiritual y de la autorización para transmitir su iniciación. Ese grado se perderá luego, para no dejar lugar más que a una forma más exterior y más popular de la santidad.
Será reintroducido en la Tariqa Qadiriya por Sidi Abu Madyan, que lo transmitirá a su vez a sus dos discípulos, Sidi al-Hach al-Abbas y Sidi Hamza. En la terminología sufí, la vía del «sirr» (secreto) se distingue así de la vía del «tabarruk» (bendición), que procura ciertamente una impregnación espiritual benéfica, sin dar plenamente acceso al conocimiento. Es esa vía del «sirr» la que Sidi Jamal transmitió hasta su muerte, y la que prosigue hoy su hijo Sidi Mounir, guía de la vía desde agosto de 2025.
