El sufismo en Occidente: preguntas frecuentes
Esta página responde a las preguntas que se hacen más a menudo los occidentales interesados por el sufismo: sus prácticas, su relación con el islam, su compatibilidad con un modo de vida europeo. Para las nociones de base (qué es el sufismo, qué es un maestro), véanse las preguntas generales sobre el sufismo.
¿Cuáles son las prácticas espirituales del sufismo?
La invocación de los nombres divinos, el dikr, es la práctica más extendida: la transmite un guía vivo y está cargada de su influencia espiritual. Esta invocación purifica e ilumina el corazón: lo despierta progresivamente a la presencia divina.
El dikr se practica solo y en grupo. Permite hacer la experiencia de esa presencia, «gustarla»: pasar del saber al conocimiento. Según las vías, existen otras prácticas: canto, danza, retiro, etc.
«Ciertamente, el recuerdo de Dios es más grande que cualquier cosa.» (Corán, XXIX, 45)
«Recordad a Dios frecuentemente, quizá prosperéis.» (Corán, LXII, 10)
¿Qué se entiende exactamente por «el corazón»?
El corazón es el lugar de la percepción de la luz divina, del conocimiento divino. Puede estar recubierto de «velos» formados por todo un conjunto de condicionamientos, ilusiones, deseos y miedos: esos velos nos impiden conocer una verdadera paz interior.
Las prácticas espirituales permiten retirar esos velos y hacer el corazón «vidente» y «conocedor».
«En verdad, los corazones son alcanzados por una herrumbre semejante a la del cobre…» (Hadiz)
«Bienaventurados los de corazón puro, porque ellos verán a Dios.» (Salmos de David)
¿Hay que ser musulmán para ser sufí?
Se puede ser tocado por la poesía, la música o la sabiduría sufí cualesquiera que sean la cultura de origen y las creencias religiosas. Caminar en una vía sufí equivale en cambio a entrar en el islam: todos los maestros sufíes eran o son musulmanes, así como sus discípulos.
En toda religión, los rituales tienen un origen divino y transforman el corazón de quienes los ponen en práctica. Llevan significados simbólicos profundos y ofrecen un marco, una protección al caminante. Pero los ritos no son un fin en sí mismos: hacen posible una transformación interior.
«Las obras rituales son formas muertas. La vida penetra en ellas por el secreto de la intención pura.» (Ibn Ata Allah, Hikam)
«No hay que confundir la luna con el dedo que señala la luna.» (Proverbio zen)
¿Es esta vía compatible con la cultura y el modo de vida occidentales?
Sí, plenamente: no se trata de cambiar de cultura, sino de seguir una enseñanza. Más aún, la práctica del sufismo debe repercutir positivamente en todo nuestro entorno, porque el sufismo «es la excelencia del comportamiento».
Los sufíes están generalmente comprometidos en su vida profesional, familiar y ciudadana. Son discretos, como escribe Michel Chodkiewicz en su introducción a los escritos espirituales del emir Abd el-Kader: «La conformidad es su ascesis, lo ordinario su milagro. Su vida conjuga […] los asuntos del siglo y los de la eternidad».
Por último, el conocimiento del árabe no es indispensable para seguir una vía sufí.
¿Por qué el sufismo es a veces criticado?
Algunas personas no comprenden la necesidad de un maestro y ven en ello «asociacionismo», cuando el maestro espiritual es una puerta, un «medio de acceso»:
«Y buscad un medio de acceso hasta Dios.» (Corán, V, 35)
Otros reprochan a los sufíes buscar poderes extraordinarios (caminar sobre brasas, encantar serpientes…). Si han podido existir desviaciones en ciertas vías, el único objetivo de una vía auténtica es el conocimiento divino y la transformación interior.
Otros, por fin, acusan al sufismo de ser una secta «herética», cuando el respeto de las prescripciones rituales del islam es una condición necesaria para el caminante.
Probar por uno mismo
La mejor respuesta sigue siendo la experiencia: las sesiones de meditación y dikr de la vía Qadiriya Boutchichiya están abiertas a todos, sin compromiso, en París y en siete ciudades más de Francia. Para ir más lejos: Encontrar un maestro sufí en Francia y ¿Se puede ser sufí sin ser musulmán?.
