Sabiduría de Ibn 'Atâ' Allâh al-Iskandarî: la invocación sin presencia del corazón

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Mausoleo de Abû Madyan

No abandones la invocación (dikr) por la razón de que, mientras tu lengua menciona a Dios, tu corazón no está presente.

En efecto, más grave sería la ausencia completa de la mención de Dios que su mención sin participación del corazón.

Quizá Dios te eleve de esa mención distraída a la mención con concentración; luego a la mención con presencia del corazón; en fin, a la mención con ausencia de todo lo que no es el Mencionado.

«Y eso no es difícil para Dios» (Corán XIV, 20).

Extractos del comentario de Ibn ’Ayîba1

La invocación es un pilar esencial en la vía de la gente de Dios: es la mejor de las acciones. Dios Altísimo dice: «Recordadme, y Yo os recordaré» (Corán II, 151). Dice también: «Vosotros que creéis, recordad a Dios con un recuerdo incesante» (Corán XXXIII, 41). La invocación incesante es el medio de no olvidarle jamás.

Ibn ’Abbâs dijo: «Dios no ha impuesto a Sus siervos ninguna obligación sin que le definiera un límite bien determinado. Luego admitió las excusas de aquellos cuyas desviaciones se justifican; salvo respecto al dikr: Dios no le ha establecido ninguna limitación. Dice: “¡Oh vosotros que creéis! ¡Evocad a Dios abundantemente!” (Corán XXXIII, 41) y: “Cuando hayáis cumplido la oración, invocad el nombre de Dios de pie, sentados o echados sobre vuestros costados” (Corán IV, 103)».

Un hombre dijo: «¡Oh Enviado de Dios! Las prescripciones del islam son demasiado numerosas para mí. ¡Enséñame una cosa a la que pueda aferrarme!».

«Que tu lengua permanezca continuamente empapada de la mención de Dios (dikru Llâh)», respondió él.

El Profeta (sobre él la paz y el saludo) dijo: «Si un hombre reparte sus pocos dírhams y otro invoca a Dios, es quien invoca a Dios el mejor».

Dijo también: «¿Queréis que os indique la mejor de vuestras obras, la más pura ante vuestro Señor, la que os eleva al más alto grado y os es más provechosa que gastar oro y plata, mejor aún que encontrar a un enemigo a quien tuvierais que combatir?».

«¡Ciertamente, queremos eso!».

«Es la invocación (dikr) de Dios».

La transmisión de la shahâda a ’Alî

’Alî dijo: pregunté: «¡Oh mensajero de Dios! ¿Qué camino es el más cercano a Dios, el más fácil para los siervos de Dios y el mejor ante Dios Altísimo?».

«’Alî, respondió, ¡debes invocar a Dios constantemente!».

«¡Pero si el mundo entero invoca a Dios!», dijo ’Alî.

El Profeta dijo entonces: «La última hora no vendrá mientras haya gente sobre la faz de esta tierra que diga: “Allâh, Allâh”».

«¿Y cómo debo recordarlo, oh Enviado de Dios?».

«Cierra los ojos, le dijo, escúchame tres veces, luego repite lo mismo y yo te escucharé». El Profeta dijo: «Lâ ilâha illâ Llâh» (no hay divinidad sino Dios) tres veces, con los ojos cerrados, luego ’Alî lo dijo de la misma manera. Lo enseñó después a Hasan al-Basrî, que lo enseñó a al-Habîb al-’Ayamî, que lo enseñó a Dâ’ûd at-Tâ’î, que lo enseñó a Ma’rûf al-Karjî, que lo enseñó a as-Sarî, que lo enseñó a al-Yunayd; y esa enseñanza fue difundida por los maestros educadores2.

No abandonar jamás la invocación

Nadie llega a Dios sino por medio de la invocación. Es, pues, deber del siervo dedicarse a ella y esforzarse en cuanto tiene un momento para hacerlo. La invocación vuelve evidente la santidad (wilâya), y debe estar presente al comienzo del camino como en su fin. Quien tiene la invocación tiene el decreto. ¡Quien la abandona se ha retirado de la vía! Ellos escribieron:

La invocación es la mejor de las puertas. Entras en ella por Dios

¡y Él hace de Sus alientos espirituales tu guardián!

Cuando uno se aniquila en el Nombre (por la invocación), se aniquila en la Esencia; y cuando se afloja su aniquilación en el Nombre, se afloja la aniquilación en la Esencia. El aspirante a Dios debe, pues, aferrarse al recuerdo de Dios en todo instante y no abandonar jamás la invocación de la lengua por la sola razón de que el corazón no esté presente en la invocación. Debe invocarle con la lengua aunque su corazón esté ausente de ella. La negligencia de la invocación es peor que una negligencia en la invocación, porque cuando descuidas la invocación te apartas por completo de Él, mientras que invocarle con la lengua es una cierta manera de volverse en Su dirección.

Por la invocación de Dios, el cuerpo se engalana de la obediencia a Él. Por la ausencia, el cuerpo puede ocuparse en desobedecerle. Se preguntó a uno de ellos: «¿De qué sirve invocar con la lengua si el corazón está ausente de la invocación?». Respondió: «¡Agradece a Dios el poder invocarle con la lengua! Si estuviera empleada en la ausencia, ¿dónde estarías ahora?».

Hay, pues, que aferrarse a la invocación de la lengua hasta que Dios te abra a la invocación del corazón. «Puede ser que Dios te eleve de una invocación hecha con negligencia a otra hecha con vigilancia», es decir, a la realización del significado de la invocación cuando se practica, luego a la invocación en la presencia del Invocado, o bien a la visualización de Él en la imaginación, hasta que el corazón se fije en la invocación y hasta que esté presente a Él por el corazón de manera continua. Este segundo grado es la invocación reservada a la élite. El primero es la invocación del común.

Si eres constante en tu práctica de la invocación, tu constancia te elevará a una invocación en la que te retires de todo lo que no es el Invocado y tu corazón quedará absorbido en la luz. Quizá la proximidad de la luz del Invocado se vuelva tan fuerte que quedes anegado en la luz, para permitirte retirarte de todo lo que no es el Invocado. En ese momento, es el invocador quien será mencionado (por Dios), y es el aspirante quien será aspirado, ¡y es la llegada tan buscada la que te hará llegar! «Eso, para Dios, no es difícil»: no es imposible que ello ocurra. Así, quien se encontraba en las esferas más bajas puede ser elevado hasta las esferas más altas donde el corazón se aquieta. La invocación se desplaza entonces hacia lo más íntimo del corazón3. Para la gente de esa estación, la invocación hecha solo con la lengua se vuelve entonces semejante a una ausencia de Dios…

El shaykh ash-Shâdhilî dijo a este propósito: «La realidad de la invocación es estar cortado de la invocación por el Invocado y estar cortado de todo salvo de estas palabras: “Y recuerda el nombre de tu Señor y conságrate totalmente a Él” (Corán LXXIII, 8)». Al-Qushayrî, por su parte, dijo: «La invocación es la estación intermedia entre el invocador y el Invocado». Se ha dicho en este sentido:

¡Te he recordado sin haberte olvidado un solo instante!

La parte más pequeña de la invocación es la de la lengua.

Sin el éxtasis me habría vuelto loco de pasión,

¡latiendo mi corazón locamente de pasión!

Cuando el éxtasis me mostró que Tú estás junto a mí,

pude ver Tu existencia en toda cosa.

A Quien está presente me dirigí sin palabra;

¡a Quien está presente lo vi sin verlo!

En esta estación, el aspirante realiza el acto de adoración de la meditación sobre el mundo: «Meditar durante una hora vale más que setenta años de actos de adoración». Por eso el shaykh Abû al-’Abbâs dijo a propósito de esta estación: «Todo instante es la Noche del destino», es decir, que toda adoración se multiplica4, a pesar de su pequeñez, por la realización de la sinceridad contenida en ella, que ningún ángel ve ni registra, que ningún diablo ve ni corrompe. Uno de ellos, se piensa que al-Hallây, dijo:

Los corazones de los conocedores de Dios tienen ojos que ven

lo que quienes miran no ven, sin embargo.

Su sunna es, en realidad, la conversación íntima de los secretos

no percibidos por los nobles ángeles escribas.

Sus alas, desprovistas de plumas, vuelan

hasta el malakût5 del Señor de los mundos.

He añadido dos versos:

Los corazones arden de la pasión del éxtasis, languideciendo

el yabarût6 del Uno, de verdad cierta.

Si quieres ponerte en camino, al alba, hacia Quien detenta el sentido,

entonces consagra a ello tu espíritu y no te preocupes de nosotros.

El corazón vive por la invocación y muere cuando la invocación lo abandona. Esa noción se encuentra en el hadiz: «La diferencia entre quien recuerda a Dios y quien no lo recuerda se asemeja a la del vivo respecto al muerto».

Traducción de Nawfal Mac N.

Para ir más lejos

Footnotes

  1. Sobre las «sabidurías» de Ibn ‘Atâ’ Allâh y su comentario por Ibn ’Ayîba, véase el artículo aparecido recientemente en soufisme.org. Ahmad Ibn ’Ayîba redactó su comentario de las Hikam de Ibn ‘Atâ’ Allâh bajo el título Îqâz al-himam wa sharh al-hikam. ↩

  2. Ibn ’Ayîba describe aquí los primeros eslabones de la cadena iniciática (silsila). ↩

  3. El «fondo del corazón», receptáculo de las luces divinas. ↩

  4. La Noche del destino, laylat al-qadr, es la noche en que el Profeta recibió la Revelación coránica. El descenso del Libro se recuerda cada año al final del mes de Ramadán. Es, según el Corán, «mejor que mil meses» (Corán XCVII, 3). ↩

  5. Malakût (realeza): aspecto interior de los seres, constituido por los secretos de las realidades inteligibles. ↩

  6. Yabarût (omnipotencia): océano infinito del que brotan lo sensible y lo inteligible. ↩