La vida del Profeta Muhammad (8/11): la Casa del Profeta

Parte 8 de 11 · La vie du Prophète

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Por Michel Abdallah Grimbert, discípulo de la Tariqa Qadiriya Boutchichiya.

La expresión «la Casa del Profeta de Dios» designa un conjunto vastísimo de realidades que, en verdad, reflejan la realidad misma del Profeta de Dios, en correspondencia, como ya hemos observado, con todos los mundos que abarca su presencia misericordiosa, tal como se lo concede el Texto sagrado: (Corán XXI, 107) «Solo te hemos enviado como misericordia para los mundos». El tema tiene una relación directa y eminente con la constitución y la evolución de la umma, hasta en lo que aparecerá como sus líneas de fractura: entre los «hombres de la Sunna» (sunnismo), los «escindidos del arbitraje de la batalla del Camello» (jariyismo) y los «partidarios de ’Alî» (chiismo).

Bayt y ahl al-bayt: los dos sentidos coránicos de la Casa

Conviene precisar que el término «casa» (bayt) aparece en el Corán con dos acepciones. Por un lado, para la Casa sagrada de La Meca, la Kaaba: bayt Allâh, la Casa antigua (inmemorial) al-bayt al-‘atîq, objeto de una peregrinación tanto exterior, abierta a todos por la vía amplia de la sharía1, como interior: al-bayt al-ma’mûr2, que exige el desprendimiento previo de este mundo por la vía estrecha de la tariqa3. Por otro lado, el término designa a las gentes de la Casa: ahl al-bayt4. Esta última expresión remite, en primer lugar, a su noble linaje (âla)5, muy específicamente su ascendencia desde Adán a través de Ismael, el hijo de Abraham; y, en segundo lugar y con más precisión, a su «familia», entendida como «modelo excelente» (uswatun hasanatun)6 para la constitución y la perpetuación de la umma, sobre la base de los criterios universales ligados a la fe, sin depender por tanto de ninguna consideración exterior de rango o de raza, conforme al modelo islámico. Una familia que se extiende así hasta el caso emblemático del compañero Salmán el Persa y de todos los que, en su tiempo y después hasta el fin de los tiempos, están espiritualmente vinculados a él y constituyen su verdadera descendencia, es decir, su «familia»; mucho más allá, pues, de los meros shurafâ’ y de la posición restrictiva que representa, en este caso, el chiismo7. El Profeta Muhammad, en efecto, no privilegió en sus recomendaciones sobre su sucesión su «linaje» profético (âla), del que es el sello y que clausura por tanto ese campo, sobre su «familia» espiritual8.

Las esposas del Profeta, «Madres de los creyentes»

Para los creyentes, las esposas del Profeta de Dios reciben el nombre de «Madres de los creyentes», según el versículo XXXIII, 6: «El Profeta está más cerca de los creyentes que ellos mismos los unos de los otros; sus esposas son sus madres». Con lo que quedaba confirmada la situación perennizada por sayyidatinâ Jadiya. Esposas con las que, en consecuencia, los creyentes no podían concebir casarse. Tras el fallecimiento de Jadiya, el Profeta volvió a casarse, como un versículo coránico le autorizó: (XXXIII, 50) «¡Oh tú, el Profeta! Hemos declarado lícitas para ti… (sigue una enumeración conforme a las costumbres de la época)… así como a toda mujer creyente que se hubiera entregado al Profeta, siempre que el Profeta quisiera desposarla. Es un privilegio que se te concede a ti, con exclusión de los demás creyentes». Aquel harén era en verdad una emanación, una expresión de la persona de Lalla Jadiya, que había abierto al Profeta de Dios el campo completo de la realidad femenina; y que, más allá de su presencia terrenal, venía a ser en cierto modo la garante de su unidad9.

Estos 11 matrimonios se sucedieron a lo largo del tiempo por motivos diversos: por necesidad, para mantener el hogar, como fue el caso de Sawda; por afinidades personales, tanto con ’Â’isha, la hija de su compañero Abû Bakr que se la había prometido10, como con Zaynab bint Yahsh, que había sido esposa de su hijo adoptivo Zayd11; por generosidad hacia las viudas de sus compañeros caídos en combate, solas y sin recursos; o por alianzas políticas. Once uniones que se convirtieron en fuente de enseñanzas para la comunidad musulmana en formación. El orden fue el siguiente: Sawda, viuda perseguida por sus creencias, que vino a ocuparse de la casa y de los hijos tras la muerte de Jadiya; ’Â’isha, la «Madre de los creyentes», bint Abû Bakr; Hafsa bint ’Umar ibn al-Jattâb, que sabía leer y escribir y por ello tuvo un papel importante en la fijación de la vulgata coránica en tiempos de ’Uthmán ibn ’Affân; Zaynab bint Juzayma, viuda de un combatiente caído en Badr, apodada umm al-masâkîn; Umm Salama, viuda de un combatiente caído en Uhud; Zaynab bint Yahsh, divorciada del hijo adoptivo Zayd (Corán XXXIII, 37); Yuwayriyya, convertida, bint al-Hârith; Umm Habîba, hija de Abû Sufyân, jefe de los mequíes; Safiyya, judía convertida, bint Huyayy; Maymûna, viuda, hermana de al-’Abbâs, el intérprete del Corán; por último, Rayhâna, judía convertida al islam, y Mariya, de origen copto, conservaron su estatuto de concubinas aun cuando el Profeta les había propuesto el vínculo del matrimonio.

Un versículo vino entonces a imponer al Profeta que alineara su Casa con las reglas dictadas por Dios para su comunidad, limitando a cuatro el número de esposas: (XXXIII, 52) «Ya no te está permitido cambiar de esposa ni tomar otras mujeres… aunque te seduzca la belleza de algunas de ellas». Propuso entonces a sus esposas, que en ese momento eran nueve, entre ellas las dos concubinas Rayhâna, de origen judío, y Mâriya la Copta, a quienes había propuesto el matrimonio, devolverles la libertad en condiciones equitativas y generosas: ninguna quiso separarse de él.

’Â’isha y Fátima, las dos figuras de la transmisión

El harén estaba entonces dominado por la fuerte personalidad, de múltiples facetas, de una ’Â’isha aún muy joven: la Madre de los creyentes, dotada de disposiciones asombrosas, recogió y transmitió el hadiz como sabia y como conocedora a la vez. Poseía, a un grado sublime, la cualidad de fityat (masc. fatâ)12, que la hacía apta para responder con competencia y discernimiento a las cuestiones teológico-jurídicas. Y ello incluso en el orden de los asuntos domésticos, donde reinaba. ’Â’isha, la esposa preferida del Profeta de Dios, solía responder, según refiere Ibn Sa’d, a quienes preguntaban qué clase de hombre era, y había sido siempre, el Profeta de Dios en su casa: «Actúa como un hombre ordinario. Barre el suelo de la casa, zurce él mismo sus ropas y repara sus sandalias. Es él quien da de beber a los camellos y quien ordeña las cabras; ayuda a los sirvientes en su trabajo y come con ellos. Si necesitamos algo en el mercado, es él quien va. Todo enfermo tenía derecho a su visita y figuraba entre los enlutados que seguían un ataúd por la calle. Y si un esclavo lo invitaba a cenar, respondía a la invitación».

Otra mujer de la Casa del Profeta de Dios habría de llevar, muy particularmente, la carga de la transmisión del linaje (âla): su hija Fátima, esposa de ’Alî ibn Abî Tâlib, el futuro cuarto califa, y madre de al-Hasan y de al-Husayn, que, como se sabe, solo pudieron acceder muy brevemente al califato y están en el origen del linaje chií.

Para saber más

Footnotes

  1. Corán II, 125-127; XXII, 26, 29 y 33. ↩

  2. Corán LII, 4; y véase Charles-André Gilis, cap. IV «La Kaaba primordial» de La Doctrine initiatique du pèlerinage à la Maison d’Allâh, ed. de l’Œuvre. ↩

  3. Corán III, 96-97 y nota 85. ↩

  4. Corán XI, 73 y XXXIII, 33. ↩

  5. Este término se emplea notablemente a propósito de la sura III, «La familia de ’Imrân», denominada âl ’Imrân. ↩

  6. Corán XXXIII, 21. ↩

  7. Nuestra comprensión, aquí, va más lejos y resulta ser más amplia que las preciosas indicaciones y apreciaciones aportadas por Claude Addas, a partir de Ibn ’Arabî, en el cap. 8 de su obra La Maison muhammadienne, ed. Gallimard. El chiismo, a este respecto, puede compararse con el aspecto etnocéntrico de la religión de los hijos de Israel. ↩

  8. Por el empleo de este término, el profesor Jacques Berque da prueba de una afinidad muy sutil con la lengua árabe, recibida por él como un recién nacido recibe la leche materna, y traduce el término uswatun, que quiere decir ejemplo, modelo, por «parangón», cuya etimología muy rica comporta el conjunto de las significaciones simbólicas siguientes, conformes a la personalidad del Profeta de Dios: piedra de toque (latín), piedra de afilar (griego), en joyería: perla o diamante sin defecto, y precioso mármol negro de Grecia o de Egipto. ↩

  9. Fatima Mernissi, Le Harem politique : le Prophète et les femmes, ed. Complexe; Magali Morsy, Les Femmes du Prophète, Mercure de France; Annemarie Schimmel, L’Islam au féminin, ed. Albin Michel; y Wiebke Walther, Femmes en islam, ed. Sindbad. ↩

  10. Geneviève Chauvel, Aïcha, la bien-aimée du Prophète, ed. Le Livre de Poche; Kurt Frischler, Aïcha, épouse favorite de Mahomet, ed. Gallimard. ↩

  11. Se trata del episodio célebre en que el Profeta, al acudir a casa de Zayd, su hijo adoptivo que estaba ausente, se encontró, sin quererlo, en situación de ver a su esposa Zaynab, que había venido a abrirle; y quedó transportado por su belleza. La turbación que de ello resultó se resolvió con un divorcio, y después con un matrimonio regular que un versículo coránico (XXXIII, 37) legalizó al autorizar el matrimonio con la mujer de un hijo adoptivo. ↩

  12. Corán XVIII, 60. ↩