Correspondencia El Cairo - Amiens (5): cartas inéditas de René Guénon
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Cartas inéditas de René Guénon
René Guénon sostuvo durante toda su vida una correspondencia muy extensa, la mayoría con corresponsales francófonos que se interesaban por su obra. Los pasajes que damos aquí proceden de un intercambio de 73 cartas escritas entre 1932 y 1950. Su destinatario era un francés de Amiens, lector fiel de los libros de Guénon, que jugó un papel importante en el surgimiento de una vía sufí en Occidente. En las respuestas y precisiones que Guénon dirige a su interlocutor cabe encontrar datos sobre puntos doctrinales, pero también aspectos prácticos y consejos para quienes se sienten atraídos por una vinculación a una vía sufí viviendo en un país no musulmán como Francia.
Últimamente me han enviado un largo cuestionario sobre la zakât, las clases de inversiones permitidas y prohibidas, etc.; respondí con toda la exactitud de que fui capaz, basándome en lo que aquí se hace habitualmente (en Egipto). Es cierto que todo esto no pasa de ser secundario, aunque una forma tradicional deba tomarse en su conjunto (no hablo de cosas como el vestido, etc., que carecen por completo de carácter obligatorio); en cualquier caso, hay que reconocer que todo esto resulta bastante difícil de adaptar a la vida en un medio europeo, sobre todo con las complicaciones actuales, y creo que no conviene apegarse a demasiados detalles, máxime cuando la regla general en este punto es mantenerse siempre dentro de lo que razonablemente puede hacerse.
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El ternario Sat - Chit - Ânanda es, en la doctrina hindú, lo que más semejanzas guarda con la Trinidad cristiana; me pregunto, sin embargo, si resulta fácil establecer la correspondencia término a término: el Verbo, en cuanto identificado con la Sabiduría, parecería tener que asimilarse a Chit, que sin embargo, por otro lado, constituye el vínculo entre los otros dos términos, del mismo modo que se dice del Espíritu Santo entre el Padre y el Hijo. Es precisamente la cuestión del Espíritu Santo la que forma un punto muy oscuro, sobre el que los propios teólogos parecen poco decididos; en todo caso, cuesta extraer de todo lo que dicen algo verdaderamente claro… Es evidente que, según el punto de vista, puede haber multitud de maneras de concebir atributos divinos que formen un ternario, y que, aun existiendo cierta correspondencia, esta puede ser todavía solo parcial y válida únicamente bajo ciertos aspectos… Por otra parte, es cierto que existe una analogía entre la distinción de los atributos divinos y la de la personalidad de los distintos seres en el Principio; cabría incluso preguntarse hasta qué punto no se trata ahí simplemente de dos aspectos o dos aplicaciones de una misma cosa.
Nada de lo que he escrito contradice el punto de vista de Shankarâchârya; basta comprender que los demás puntos de vista, como el de Râmânuja, por ejemplo, aunque van menos lejos y con menos profundidad, siguen siendo verdaderos en sus respectivos niveles; lo esencial es saber siempre a qué grado corresponde cada cosa.
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El panteísmo, como simple teoría filosófica, se refiere únicamente al mundo manifestado y niega la trascendencia del Principio respecto a este; esa es, en suma, su propia definición, y por eso no es en el fondo más que una variedad de «inmanentismo». Cuando nos situamos más allá de la manifestación, quedamos, por ello mismo, lo más lejos posible del punto de vista panteísta, para el que ese dominio está completamente cerrado; tanto que podría decirse que el solo hecho de considerarlo implica ya la negación del panteísmo.
Carta a L. C., El Cairo, 15 de enero de 1937
Sobre la cuestión de al-Hallâj, la interpretación de Massignon es del todo sospechosa, pues en él hay siempre la intención oculta de no ver en ninguna parte sino «misticismo» e influencias cristianas. Ahora bien, al margen de toda interpretación, yo preferiría otra forma distinta de la de al-Hallâj, que se presta más fácilmente a ese género de deformación; fue precisamente la imprudencia o la torpeza de sus expresiones lo que le causó la muerte… Es cierto que no existe una exposición de conjunto del esoterismo islámico, y se trata de una laguna muy lamentable; pero ¿qué hacer? Confieso que no puedo con todo; siempre deseé que otros pudieran emprender trabajos en el mismo sentido, para esta o para muchas otras cuestiones; por desgracia, no veo hasta ahora a nadie que reúna a la vez los conocimientos suficientes y el espíritu requerido; ¿quién sabe si se dará un día u otro?…
No hay ciertamente inconveniente alguno, desde el punto de vista de la meditación propiamente dicha, en recurrir al Vedânta o a cualquier otra forma tradicional; solo hay que evitar la mezcla en lo que guarda relación directa con los ritos.
La lectura del Corán puede muy bien «abrir» muchas cosas, pero, naturalmente, a condición de hacerse en el texto árabe y no en traducciones. Para eso, y también para ciertos escritos esotéricos, se trata de algo que nada tiene que ver con el conocimiento exterior y gramatical de la lengua; aún hace poco me citaban el caso de un turco que comprendía admirablemente a Muhyî-d-dîn Ibn ’Arabî, aunque jamás en su vida logró aprender correctamente ni siquiera el árabe corriente; en cambio, conozco a profesores de al-Azhar (en El Cairo) ¡incapaces de comprender una sola frase!
[…]
En Europa (para un musulmán), no siempre es posible eximirse de asistir a un rito ajeno, aunque solo sea por simple cortesía, como ocurre al asistir a una boda o a un entierro, por ejemplo; en tal caso basta, evidentemente, con guardar una actitud neutra para que ello no entrañe inconveniente grave alguno; pero digo bien neutra, no hostil, lo cual en primer lugar carecería de razón de ser y, en segundo, sería el mejor modo de atraerse a cambio reacciones desagradables, por no decir más. El caso de la comunión pascual es, en cambio, algo por completo distinto y, en realidad, la cuestión ni siquiera puede plantearse, pues existen condiciones impuestas por la Iglesia católica que es imposible cumplir.
Carta a L. C., El Cairo, 26 de junio de 1937
Algunas de las cosas que le ha dicho S. muestran que su carácter sigue siendo excesivamente susceptible; ahí está, sin duda, lo que hace tan difícil evitar todo incidente más o menos desagradable. Pero lo más inquietante en este momento (y él mismo parece muy inquieto por ello) es lo que sucede en Mostaganem, de lo que usted habrá tenido seguramente noticia por quienes estuvieron allí recientemente. […] El talante que reina en ese medio ha cambiado de forma muy lamentable, y tan rápidamente que resulta difícil de explicar; si esto sigue así, la tendencia «propagandista» no tardará en ahogar cualquier resto de espíritu iniciático… En esas condiciones, a S. no le falta razón al pensar que lo mejor será reducir las relaciones al mínimo. […] Tengo la impresión de que bastaría bien poco para provocar una ruptura completa entre Mostaganem y Basilea, ¡cosa que convendría evitar si es posible!
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El dhikr va siempre acompañado de movimientos rítmicos, pero es evidente que no deben exagerarse hasta degenerar en una agitación más o menos violenta, porque es entonces cuando su repercusión corre el riesgo de quedar reducida a simples efectos psíquicos. […] En cualquier caso, respecto al estado que a veces acompaña al dhikr y en el que, como usted dice, todo es vibración, le ruego que vuelva a mi artículo «Verbum, Lux et Vita» (cf. Aperçus sur l’initiation), pues pensé especialmente en ese estado al escribirlo.
Carta a L. C., El Cairo, 26 de octubre de 1937
La «desintegración» de la que hablé (en el artículo «De la confusión de lo psíquico y de lo espiritual») se refiere naturalmente al ser individual; es evidente que no puede tratarse del «sí mismo», que es inmutable; pero esa «pérdida» total del estado actual de manifestación del ser no es por ello menos grave, al menos mientras no se adopte el punto de vista de la totalidad absoluta, frente al cual todo lo demás es forzosamente nulo…
[…]
Queda claro que no hay distinción que hacer entre posibilidad y realidad; pero, por otro lado, ciertas posibilidades implican la manifestación, y no puede decirse que esta sea en todos los casos un paso de lo informal a lo formal, pues existen también estados de manifestación informal; ¿quiere volver a pensarlo?
Carta siguiente: Correspondencia El Cairo - Amiens (6)





