Correspondencia El Cairo - Amiens (6): cartas inéditas de René Guénon

Parte 6 de 7 · Correspondance Le Caire — Amiens (lettres de René Guénon)

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Cartas inéditas de René Guénon

René Guénon sostuvo durante toda su vida una correspondencia muy extensa, la mayoría con corresponsales francófonos que se interesaban por su obra. Los pasajes que damos aquí proceden de un intercambio de 73 cartas escritas entre 1932 y 1950. Su destinatario era un francés de Amiens, lector fiel de los libros de Guénon, que jugó un papel importante en el surgimiento de una vía sufí en Occidente. En las respuestas y precisiones que Guénon dirige a su interlocutor cabe encontrar datos sobre puntos doctrinales, pero también aspectos prácticos y consejos para quienes se sienten atraídos por una vinculación a una vía sufí viviendo en un país no musulmán como Francia.

Este año el invierno ha sido excepcionalmente frío y largo, de donde los resfriados y las gripes; pero por fin ha terminado y, por lo demás, mi salud no anda mal ahora; esperemos que siga así…

[…]

Creo que hace usted muy bien en mantenerse prudente con D. Si volviera a hablar de una vinculación oriental, lo mejor sería sin duda, como usted dice, ponerle primero de relieve las dificultades, que además son bien reales; si a pesar de ello persistiera, siempre habrá tiempo de ver entonces qué conviene hacer…

[…]

Lo que le falta a la masonería, por el hecho de haberse vuelto simplemente «especulativa», son en suma los medios de pasar de una iniciación virtual (válida siempre como tal) a una iniciación efectiva; por desgracia, hay ahí algo que, por muchas razones (y aun si el estado de ánimo fuera más favorable de lo que es ahora), parece bastante difícil de restaurar de hecho, aunque naturalmente la posibilidad subsiste siempre en principio; ¡hay en el propio ritual múltiples puntos que plantean enigmas casi insolubles!

Lo que usted dice de las condiciones anormales y antitradicionales de la existencia occidental no es sino demasiado cierto, y es seguro que ahí hay una fuente de dificultades añadidas que es imposible no tener en cuenta; hay que esforzarse, desde luego, por «neutralizar» todo eso en la medida de lo posible, pero reconozco que no siempre resulta fácil; solo quien ya hubiera alcanzado la meta estaría en condiciones de considerarse del todo libre de esas contingencias… En cuanto a irse a vivir a otra parte, donde las circunstancias sean menos desfavorables, tampoco es siempre realizable, y surge entonces otra cuestión, la de la adaptación al medio, que en muchos casos puede traer dificultades de otro orden…

Sobre los estados de concentración de que habla, opino como usted que no hay más que seguir así, al menos hasta nuevo aviso; por lo demás, rara vez se gana en querer precipitar los resultados; ¡no en vano el Corán recomienda tantas veces la paciencia!

Respecto a su otra pregunta, existe en realidad una gran diferencia entre el «pitri-yâna» (quien sigue la «vía de los antepasados») y esos casos, bastante excepcionales como usted dice, de individuos que han llevado una vida en cierto modo «a contrapelo»; esa diferencia está además formalmente indicada al final de la fâtiha, y puede usted remitirse a lo que dije al respecto en el Symbolisme de la croix (pp. 185-187). De hecho, es el pitri-yâna el que, sobre todo en las condiciones del Kali-Yuga, corresponde al caso de la inmensa mayoría de los hombres; la liberación «diferida» es la única que podría contemplarse para ellos, si es que alguna liberación pudiera contemplarse; pero ¿qué quiere usted hacer, por ejemplo, con todos aquellos que no están efectivamente vinculados a tradición alguna, como sucede con la mayoría de los occidentales actuales?…

Carta a L. C., El Cairo, 4 de abril de 1938

Por lo que se refiere a los proyectos del hermano D. (para colmar las lagunas actuales de la masonería), mantengo la convicción de que su realización corre el riesgo de tropezar con muchas dificultades, la primera de las cuales será hallar a otros 6 masones con el espíritu requerido; no es tan sencillo como pudiera creerse y, dada sobre todo la mentalidad «ocultista» del medio donde sin duda piensa encontrarlos, mucho temo que le cueste lo suyo completar el número… Luego, es cierto que, en principio, una logia puede existir con independencia de toda obediencia; pero no lo es menos que, de hecho y en las condiciones actuales, semejante situación choca con obstáculos casi insuperables. Como apenas es posible explicar todo esto por carta con las precisiones debidas, creo que lo mejor sería que pidiera una entrevista a mi amigo H., a quien voy, por lo demás, a avisar, y que podrá, mejor que nadie, darle todas esas explicaciones.

[…]

Queda bien entendido que las relaciones entre organizaciones pertenecientes a formas tradicionales distintas no son jamás «de derecho» ni pueden tener un carácter «oficial», si puede emplearse esa palabra en tal caso. Incluso el hecho de que haya miembros comunes puede carecer de otras consecuencias: aquí, por ejemplo, hay miembros de diversas turuq que son a la vez masones, pero la cosa no va más allá y la masonería no cuenta por ello con el menor apoyo de las turuq como tales. Por añadidura, sobra decir que una organización solo podría pedir apoyo alguno si tuviera ya resultados válidos y serios que presentar; es, pues, ciertamente demasiado pronto para plantear esa cuestión y preguntarse bajo qué forma sería posible semejante apoyo.

Carta a L. C., El Cairo, 20 de mayo de 1938

Desde luego, la situación actual dista de ser tranquilizadora; se dice, eso sí, que hay algo de mejora en estos días, pero ¿por cuánto tiempo?

Me alegra saber que ha conseguido usted interesar a más personas por mis libros, y sobre todo lo que me cuenta (de positivo) acerca de Madame C. (su esposa), de lo que debe usted sentir una gran satisfacción. Debo, no obstante, advertirle sobre un punto: la reconstitución del androginato primordial no puede resultar de la fusión de dos seres distintos, sino del equilibrio de los complementarios que cada ser lleva en sí mismo (con predominio de uno u otro en el estado ordinario); toda unión exterior no puede ser aquí sino imagen o semejanza, y nada más; cualquier otra manera de concebirlo no pasa de ser una elucubración «pseudo-mística» que puede resultar a veces muy peligrosa…

[…]

Es cierto que la cuestión (la revivificación de la masonería) apenas tiene ya un interés más que teórico, y tiene usted toda la razón al pensar que ello demuestra una vez más que no quedan posibilidades iniciáticas reales para Occidente fuera del lado islámico.

Carta a L. C., El Cairo, 23 de septiembre de 1938

Muchas gracias por su nuevo e importante envío, que me llegó ayer. Cuando podamos tener una casa propia será, desde luego, una gran preocupación menos para mí; por eso estoy muy agradecido a todos los que me ayudan a alcanzar ese resultado. Sobre todo con la inestabilidad de la situación en Europa, no resulta, por desgracia, inútil tomar precauciones por si las comunicaciones llegaran a interrumpirse… esperemos, con todo, puesto que esta vez las cosas se han arreglado, que así pueda durar; pero ¿quién sabe cuánto tiempo?

Me alegra que mis explicaciones sobre la cuestión del androginato le hayan satisfecho; se trata, en suma, de equilibrar el yin por el yang y recíprocamente, y ello en todos los dominios. Además, no es tanto el equilibrio corporal lo que debe considerarse (que puede alcanzarse más bien a título de consecuencia que directamente) cuanto el equilibrio psíquico, pues el hombre y la mujer no difieren menos uno de otro en ese aspecto; no se trata aquí, naturalmente, de las diferencias superficiales y puramente psicológicas, sino de algo inherente a la constitución misma de la individualidad (lo cual no significa que los elementos complementarios no desarrollados no existan también potencialmente en ella, pues sin ello el equilibrio sería evidentemente irrealizable).

Para quienes siguen el pitri-yâna cabe hablar, en efecto, como usted dice, de un «descenso a los infiernos», al menos en el sentido general de la expresión; pero para precisar más habría quizá que hacer aún algunas distinciones según los casos, pues es una cuestión muy compleja y de múltiples aspectos. En todo caso, es evidente que, para pasar a otro estado de manifestación, el ser deja forzosamente tras de sí, a modo de una suerte de «cadáver psíquico», los elementos propiamente constitutivos de la individualidad, que ya no corresponderían a nada en las condiciones de ese otro estado.

En cuanto a los efectos de la repetición de un mantra, no es necesario, en efecto, conocer su sentido, pero hace falta que haya habido una transmisión que lo haya vivificado. De lo contrario, y sobre todo en el caso de alguien adscrito a otra forma tradicional, si llegaran a producirse ciertos efectos a pesar de todo, corren gran riesgo de ser más bien maléficos…

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Obra de arte tradicional, escuela del Príncipe