El despertar del corazón (2/2): entrevista con Faouzi Skali

Entrevista con Faouzi Skali, segunda parte. Lea la primera parte.
Lo que es sorprendente en las tradiciones de lo Sagrado, y en particular en el sufismo, es esa extraordinaria determinación de ir a lo esencial y de relativizar todo lo demás…
Fundamentalmente, todo lo que no es Dios no es más que relativo. Es, por lo demás, lo que está claramente expresado en la primera parte de la profesión de fe musulmana: «Lâ ilâha illa Allâh», que puede traducirse por: «No hay otra divinidad que Dios». Todo empieza por una negación, «Lâ ilâha», que permite desprenderse de todos los ídolos que el hombre se apresta a fabricarse, y se termina por una afirmación salvadora, «illa Allâh», donde la Unicidad divina ocupa el lugar central.
¿Meditan a menudo los sufíes sobre esas nociones?
La meditación es omnipresente en el sufismo y la frase en cuestión sirve muy a menudo de soporte bajo la forma de una repetición hecha un gran número de veces. Se trata de un ejercicio espiritual llamado «dikr», que significa a la vez «recuerdo» y «rememoración». Es, pues, una suerte de mantra que el discípulo sufí repite cada vez de manera más profunda. Pasa su tiempo a borrar y a afirmar, luego a borrar de nuevo y a afirmar, y la afirmación se vuelve cada vez más real. Borra lo que es ilusorio y se acerca un poco más a lo Real. En realidad, el sufismo incita a hacerlo todo por Dios sin esperar nada en retorno, ni recompensa ni temor a los castigos. Actuar siempre por Dios, por el «Rostro» de Dios. Nuestras acciones y nuestros estados no tienen ninguna importancia en sí mismos, salvo a veces la de constituir medios que son puestos en nuestro camino para ayudarnos a alcanzar la meta: es por ello que Dios es lo Real, la única Realidad. Todo lo demás, a cualquier grado que pueda situarse, sigue siendo relativo.
¿Hay un trabajo realizado por el maestro sobre su discípulo para desinhibirlo, o un trabajo hecho sobre su energía para hacerla descender a las profundidades del inconsciente, a fin no solo de alcanzar la meta última, sino también de encarnarla cada vez más en tanto que Hombre?
En el sufismo, la cosa esencial para todo aspirante es el encuentro con un maestro auténtico, apto para dar una enseñanza espiritual adaptada a la búsqueda de ese aspirante. Todo puede resumirse en eso. Luego, las técnicas y los soportes dependerán simplemente de la manera en que procede esa guía. Esta está dotada de una «coloración» espiritual que le es propia y que va a orientar la manera en que inicia a sus discípulos. Transmite la autorización, el permiso a sus discípulos de hacer tal o cual tipo de práctica, y en particular del dikr. Esa autorización tiene una virtud particular, porque el maestro dispone de la «energía» que vivifica las prácticas y les da una operatividad sin medida común con una práctica efectuada sin guía, de manera solitaria. Se produce así un proceso de iluminación a nivel del corazón del discípulo.
Para mí, esto es semejante, en un plano microcósmico, a lo que ha sido en el plano del universo entero: «¡Sea la Luz, y la Luz fue!». Ese «fiat lux» es la orden, la vibración dada al cosmos fuera del tiempo. Del mismo modo, el principio de transformación de la psique humana está ligado a una iluminación interior. Sin embargo, el equilibrio psicológico es siempre frágil, de modo que el dikr puede resultar peligroso si es realizado sin discernimiento. Puede entonces ser el vehículo de influencias que corren verdadero riesgo de perjudicar la integridad psicológica del individuo.
¿De qué peligro quiere hablar?
El peligro es hacer el dikr sin haberlo recibido de una persona autorizada a transmitirlo, y por tanto sin que haya posibilidad de ese «fiat lux». ¿Qué ocurre entonces en ese caso? Espoleada por la práctica, la conciencia «desciende» a regiones profundas del ser, pero sin disponer de la «luz» recibida con un dikr autorizado. El aspirante que se aventura por ese camino se halla entonces frente a situaciones o a «ataques» psíquicos que pueden desestructurarlo por completo, porque ha despertado en él «fuerzas» que no es absolutamente capaz de controlar.
¿Hay un dikr específico para cada persona?
La guía da la modalidad de dikr que juzga corresponder a tal o cual persona. Esa modalidad es luego ajustada según los cambios interiores que sobrevienen en el discípulo. El dikr se convierte entonces en el canal, el vehículo de una luz que transforma de manera indecible el estado de conciencia. Cuanto más se impregna el discípulo del dikr, más siente en él esas vibraciones luminosas que lo iluminan en el curso del viaje por las profundidades del ser. A cada nivel de realización del ser, esa luz participa del despertar del corazón del discípulo.
¿Lo que usted evoca debe relacionarse con la materia humana, la «pasta humana» en el sentido más universal del término?
Sí, creo que hay en cada uno de nosotros palieres o grados muy numerosos, desde lo que es individual hasta lo que es supraindividual, desde las zonas de sombra hasta estados de una gran claridad. Toda esa materia es verdaderamente extraordinaria, no tiene fondo y merece ser explorada con fineza y discernimiento.
Parece que hay ahí un gran conocimiento del hombre en la globalidad de sus potencialidades, incluidos los mecanismos psicológicos, las «argucias» del alma…
Absolutamente. Hablábamos antes de la «nafs»: es en efecto ella quien se opone a nuestras aspiraciones hacia la libertad incondicionada del ser. Por su naturaleza misma, se complace en reducirlo todo al nivel de la individualidad y corta todo vínculo con una dimensión trascendente. Su fin es permanecer cueste lo que cueste a los mandos de las decisiones que se toman en lo cotidiano. Está dispuesta a utilizar todas las argucias, todas las maquinaciones para ello… Se trata, pues, bien de un gran combate que se juega en la intimidad de cada uno.
¿Puede el discípulo, en un momento dado, hacer la experiencia, un poco cruel, de la soledad? O, por el contrario, ¿el hecho de estar cerca de un maestro suprime todo sentimiento de soledad?
Cuando la energía del maestro «ilumina» la interioridad del discípulo, nace un diálogo a partir de esa experiencia. Hay en realidad tal complicidad que solo un lenguaje alusivo logra evocar de qué se trata: la guía hace pasar al discípulo mensajes de manera sutil, a través de una simple alusión o incluso de una sola mirada. La experiencia que vive el discípulo lo lleva a captar ese lenguaje y a entrar en una forma de comunicación siempre más sutil y más íntima. Ese punto de contacto juega el papel de un revelador, y el discípulo puede verse solo consigo mismo, hasta el punto de sentir un cierto dolor. Pero como se trata de un proceso de transformación, los sentimientos no están fijados y son nutridos por una presencia luminosa cada vez mayor. El discípulo percibe entonces una guía interior profundamente liberadora, de donde brotan intuiciones que escapan al estricto control de la mente. En lugar de tomar las cosas de manera puramente analítica, el discípulo es llevado a captar cada situación con todo su ser.
Así, lo que podía parecer sombrío o negativo en un estado ilusorio de separación ya no es nada de todo eso desde el momento en que la Presencia divina ha penetrado la conciencia. Todo lo que puede aparecer como miedo, angustia, rechazo, odio no es más que el efecto de la mente que se «crispa» ante la ola de amor que envuelve toda cosa…
¿Puede compararse una tal puesta en situación con el psicoanálisis?
En realidad, no se trata en absoluto del mismo registro. El psicoanálisis no constituye como tal una vía espiritual, puesto que el proceso de iluminación interior está ausente. En la aproximación sufí, cada cual intenta comprender lo que ocurre en él, no simplemente con las facultades cerebrales o emocionales (sean conscientes o inconscientes), sino ante todo a partir del despertar a una facultad íntima que trasciende el simple análisis. Y ese despertar releva fundamentalmente de la Gracia, aunque el trabajo sobre sí tenga su importancia.
¿No es un maestro sufí, en definitiva, una suerte de «profeta» de la interioridad?
En el islam, la palabra «profeta» significa un «enviado de Dios», como el profeta del islam, que tiene la función precisa de instaurar un nuevo marco destinado a una comunidad de hombres o a la humanidad entera. En efecto, todas las funciones espirituales no son idénticas y hay que hacer una distinción entre un profeta que aporta una nueva Ley y un maestro espiritual que propone una enseñanza en el marco de una Ley existente.
Para los sufíes, ¿se esperan otros profetas después de la venida de Muhammad?
Si Muhammad dijo que no habría otros profetas después de él, entendía por ello que no habría ya nadie que viniera a aportar una Ley nueva antes del fin de este ciclo de la humanidad. Moisés trajo del Sinaí una primera Ley, Jesús vino luego, dotado de la autorización y de la función de poder suavizar la ley mosaica y aportarle algunos cambios. El profeta del islam vino a su vez a promulgar otra Ley que marca el fin del ciclo de las Leyes reveladas. Esto cierra la «puerta» de la revelación de una nueva Ley divina, pero no sella por ello la «puerta» de la realización espiritual en el seno de la tradición última.
No hay que olvidar que Jesús es esperado por los musulmanes para cerrar el ciclo actual. No vendrá sin embargo a aportar una Ley nueva, pues su venida no abole la última Ley revelada por Muhammad. Inscribiéndose en esa Ley, su tarea será darle toda su significación espiritual, en el momento en que esta esté a punto de perderse.
¿Están esas precisiones escatológicas atestiguadas por datos escriturales?
Sí, en un cierto número de hadices se trata del retorno de Jesús al final de los tiempos. Jesús es considerado, en la perspectiva musulmana, como inscrito en un linaje de profetas, y el primero de ellos fue Adán. Así, el islam confirma la validez de los mensajes anteriores a él y presenta el fin de su misión como su integración en una síntesis final.
Palabras recogidas inicialmente en 1986 por Robert Faure y Daniel Bessaignet, completadas en 2013 por la redacción de soufisme.org.
Volver: el despertar del corazón, primera parte. Véase también de la necesidad de un maestro.




