A propósito del barzaj (3/3): temor y esperanza según Qushayrî
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En su Epístola, Qushayrî (986-1074) recopila ciertos términos técnicos propios del sufismo. Algunos orientalistas han querido ver en estos escritos una suerte de psicología religiosa, porque, en efecto, varios de los términos comentados por Qushayrî pertenecen al simbolismo de los sentimientos. No es un error ver ahí una «psicología», es decir, una ciencia del psiquismo humano, puesto que la puesta en valor y el control de los elementos o energías psíquicas forman parte integrante de la vía. Pero sería un error no advertir la perspectiva simbólica que implica esta ciencia sufí del psiquismo: es ella la que le da todo su alcance espiritual.
Temor y esperanza, contracción y expansión
Si aplicamos las consideraciones anteriores sobre el barzaj a algunas intuiciones de la Epístola de Qushayrî, se desprenderá con facilidad el plano esencialmente metafísico de lo que se ha querido llamar una «psicología religiosa».
Hemos visto que la doble naturaleza del barzaj se refleja en un plano cósmico cualquiera por la alternancia de las dos fases de concentración y de expansión. En el dominio de las emociones, estas fases se traducen del modo más directo en las dos maneras primordiales en que el psiquismo reacciona ante lo que considera «realidad»: por un lado, el temor, que es una contracción hacia el centro de la conciencia; por otro, la alegría o la esperanza, que es una expansión.
El árabe expresa esta expansión propia de la alegría de manera toda espontánea en el verbo insharaja, «alegrarse», que literalmente significa «ensancharse», dicho del pecho lleno de gozo. El verbo inbasata, que también significa «alegrarse», encierra igualmente, en la etimología, un sentido de «expansión». Para la analogía entre el temor y la contracción, podrían citarse imágenes verbales de varias lenguas; baste notar, como ejemplo particularmente claro, el parentesco entre la palabra alemana Angst, «miedo», y la latina angustus, «estrecho».
El «hijo del instante» y los nombres al-Qâbid y al-Bâsit
Cuando se trate de integrar conscientemente estas dos fases en el orden universal, hará falta que ya no se refieran a algo concebido como exterior a ellas mismas. Cuando el temor (al-jawf) y la esperanza (ar-rayâ’) estén orientados hacia Allâh, Esencia universal, no serán por ello borrados del dominio psíquico, sino en cierto modo dotados de ritmo, al no estar ya sometidos a impulsos desordenados. Podría decirse que estarán determinados, de cierta manera, por el «presente» en el tiempo y por el «centro» en el espacio: el polo que los rige y el fin hacia el que tienden habrán llegado a ser una sola y misma realidad.
Si las fases de temor y de esperanza quedan así determinadas y absorbidas por la permanente actualidad del presente inmediato (de modo que el discípulo sufí que las realiza se ha convertido en el «hijo del instante», ibn al-waqt), manifestarán aspectos más esenciales y se las designará con expresiones que encierran un sentido cosmológico más general, como «contracción» (qabd) y «expansión» (bast). Así, entre los nombres de Allâh, se encuentran al-Qâbid, «El que contrae» o «El que apresa», y al-Bâsit, «El que ensancha».
Las dos fases pueden transformarse después en los estados complementarios de hayba, expresión que solo podemos traducir aproximadamente por «terror de la majestad», y de uns, «intimidad».
Mientras que de las dos fases de «contracción» y «expansión» se dice que una está en proporción de la otra (lo que indica que hay que considerarlas manifestándose en un solo y mismo plano), del estado de hayba se dice que se identifica con el de ghayba, «ausencia» o «arrebato». Es aquí donde se produce el paso de lo horizontal a lo vertical: por la inversión a través de la puerta estrecha del barzaj, la ausencia en el mundo de la separatividad (farq) se convierte en presencia (hudûr) en el mundo de la unión (yam’).
A modo de síntesis, Qushayrî cita estas palabras de Junayd (830-911), apodado el «señor de la asamblea espiritual»:
El temor de Allâh me contrae (qabd), la esperanza hacia Él me ensancha (bast);
la Verdad (haqîqa) me une y la Justicia (haqq) me separa.
Si me contrae por el temor, me extingue de mí mismo (afnânî ’annî),
y si me ensancha por la esperanza, me devuelve a mí mismo.
Si me une por la Verdad, me pone en Su presencia (ahdaranî),
y si me separa por la Justicia, me hace testigo del otro-que-yo, y así me vela de Él.
Por Titus Burckhardt.





