¡Oh Latîf!: poema de 'Abd al-Qâdir al-Yîlânî

Por ’Abd al-Qâdir al-Yîlânî.
Este poema fue compuesto en el siglo XII por el fundador de la vía qâdiriyya. Se canta todavía hoy, en su versión en lengua árabe, en algunas ramas de la cofradía. Como tal, más allá de su interés poético y espiritual, constituye una modalidad de dikr colectivo, es decir, un soporte operativo de prácticas espirituales que contribuyen a la iluminación del corazón de los discípulos.
¡Oh Latîf!1 ¡Oh Latîf! ¿No Te pertenece la bondad?2
Así, Tú eres Latîf y, emanando de Ti, Tu benevolencia se extiende3 sobre nosotros.
¡Latîf! ¡Latîf! Sí, en verdad, soy de los que acceden a Ti4 por Tu favor5.
Concédeme Tu gracia, que ya Tu benevolencia se ha mostrado.
En Tu bondad nos refugiamos, oh Latîf, por ella entramos en el corazón de Tu gracia, y Tu dulce benevolencia nos envuelve.
Somos salvados por la gracia de Allâh, por la gracia que, en verdad, viene de Él.
¡Latîf! ¡Latîf! Su gracia es beneficio permanente6.
Por Tu sutileza nos concedes la captación intuitiva7 de lo oculto, ¡oh Tú que das!
Tú eres Quien cura y Tú eres Quien perdona.
Él es nuestro socorro. Él es nuestro socorro. ¡Oh Latîf para con Tus criaturas!
Descendido el decreto, aparece la gracia8.
Por la gloria9 del señor de los Enviados, Muhammad, porque, sin la gracia de su ojo10 misericordioso, la bondad divina no se manifestaría.
Sobre él la oración de Allâh, según lo que ha dicho el recitador.
¡Oh Latîf! ¡Oh Latîf! ¿No Te pertenece la bondad?
Sobre él la oración de Allâh, según lo que ha dicho el que habla.
¡Oh Latîf! ¡Oh Latîf! ¿No Te pertenece la bondad?
Sobre él la oración de Allâh, según lo que ha dicho el que hace rimas.
¡Oh Latîf! ¡Oh Latîf! ¿No Te pertenece la bondad?
Para ir más lejos
- La Burda: el poema del manto
- Las Hikam de Ibn ‘Atâ’ Allâh comentadas por Ibn ’Ajîba
- La vía Qadiriya Boutchichiya
Footnotes
-
Esta palabra es un nombre divino. Es, como tal, una faz de la Realidad divina, faz por la que Dios se hace conocer a los seres humanos. Es al mismo tiempo, y precisamente por ello, un secreto divino. Por eso no se traduce aquí, porque el término árabe está impregnado del misterio de su verdadera significación. Cabe, sin embargo, aproximarlo a los términos españoles siguientes: el Sutil, el Benevolente, el Dulce, el Omnipresente. ↩
-
Se trata aquí de la gracia divina (al-lutf), que evoca las ideas de bondad, de favor, de beneficio o de poder de apaciguamiento. Esta palabra se traduce también más adelante en el poema por «benevolencia». ↩
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Shamala: abarcar, abrazar, envolver. La gracia divina recubre toda cosa y toda cosa es un efecto de esa gracia. ↩
-
Mutawassilûn: categoría de hombres santos que han «llegado» a Dios por Su favor. ↩
-
«Si el velo de Su bondad no cubriera tus acciones, ninguna merecería ser aceptada.» Ibn ‘Atâ’ Allâh, Hikam 123. ↩
-
Dios dispensa Su gracia de manera total e ininterrumpida: «En verdad, Tú eres el continuo Dispensador» (Corán III, 8). ↩
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Idrâk: modalidad de la intuición que abre a una comprensión inmediata de lo que habitualmente está velado. El hombre dotado por Dios de esa facultad participa de la sutileza divina. ↩
-
Desde el punto de vista del hombre, el decreto divino aparece como una condena, una sanción. En realidad, siempre va seguido de la gracia, es decir, que es él mismo un aspecto de la misericordia divina: «¿A qué te ha habituado sino a la bondad, y de qué te ha colmado sino de beneficios?» Ibn ‘Atâ’ Allâh, Hikam 37. ↩
-
Yâh: potencia, rango. ↩
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’Ayn: ojo, origen, esencia. Hay, pues, una aproximación entre la realidad espiritual del Profeta y el descenso de la gracia divina sobre nuestro mundo. ↩



