Acordarse: el dikr

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Corazón de la práctica espiritual, el dikr es, según Ansârî, «cuando olvidas todo lo que no es Él y cuando te olvidas a ti mismo en el acto de acordarte, luego cuando olvidas el acto de acordarte en el acto de acordarte, y luego cuando olvidas todo recuerdo en el recuerdo actual que Dios tiene de ti».

Se ha dicho: «Cuando el hombre se aplica continuamente a ocupar sus instantes con el dikr de Allâh, cuando preserva sus soplos por su discernimiento ininterrumpido de la presencia divina en Allâh, para Allâh, por Allâh y con Allâh, es contado entre los seres espirituales que ningún velo separa ya de lo que está escondido en el mundo invisible, porque su invocación es una fuerza espiritual revestida de una forma luminosa. Ella evoluciona en el mundo invisible, y sus secretos le son develados tarde o temprano». Este extracto del libro del jeque Tâdilî, ad-dîn wa-n-nasîha («La vida tradicional es la sinceridad»), ilustra la importancia fundamental de la práctica de la invocación (dikr) en la ascensión espiritual de quien aspira a la realización (murîd). El dikr es el arma por excelencia que permite superar los obstáculos psíquicos y recolocar al ego, principal obstáculo a la realización espiritual, en una posición sometida al Espíritu (rûh), aspecto divino presente en cada ser.

Dikr del corazón y dikr de la lengua

En árabe, la palabra dikr significa «recuerdo, mención». Designa, en la práctica, un método espiritual basado en la invocación y la repetición de fórmulas, de frases generalmente extraídas del Libro sagrado. Posee diferentes modalidades y puede ser un dikr «del corazón» o un dikr «de la lengua», y practicarse individual o colectivamente. El dikr de la lengua concierne al conjunto de los musulmanes. Los creyentes lo practican en tanto que obra supererogatoria, concediéndose así una parte de gracia divina. Encuentra su fuente en el Corán donde está escrito: «¡Oh vosotros que creéis! Invocad a Allâh de manera abundante y glorificadle a la punta y al ocaso del día» (Corán XXXIII, 41-42).

Hay que notar que el dikr de la lengua comporta una cierta limitación y no constituye más que una primera etapa. En efecto, es dependiente del dikr del corazón, porque este último requiere una iniciación. Esa iniciación, que implica en el sufismo la transmisión del sirr (secreto espiritual) del maestro al discípulo, vivifica el dikr. Así, la invocación de los nombres de Allâh pone en obra el sirr en el corazón del discípulo o del aspirante. Llegado a un cierto nivel del caminar espiritual, ese dikr del corazón se revela permanente: incluso sin el empleo del verbo, el aspirante manifiesta en todo su ser la Presencia divina, está «en Allâh, para Allâh, por Allâh y con Allâh», nunca olvida al Invocado. El dikr del corazón es, en el islam, propio del sufismo.

Dikr individual y dikr colectivo

En la vía sufí, esta práctica comporta dos modalidades, individual o colectiva. El aspirante puede recitar cotidianamente un conjunto de nombres divinos prescrito por el shaykh (maestro espiritual) de su tariqa (cofradía iniciática) en función del estado espiritual del discípulo. En las reuniones, el dikr puede comportar letanías (lectura del Corán, recitación de nombres divinos, fórmulas coránicas, oraciones de bendición sobre el Profeta) recitadas en común con ocasión de reuniones regulares (véase el artículo «Caminar juntos»).

Un cierto número de reglas de buen uso deben ser respetadas, en el plano individual o colectivo. En su libro Les vertus du dhikr, el jeque Abdelkader Aïssa preconiza en particular observar una cierta pureza del lugar donde uno se apresta a invocar, de las vestiduras que se llevan así como de la boca. El dhâkir (el que se entrega al dikr) debe, según él, orientarse hacia la qibla (La Meca) e intentar concentrarse únicamente en la presencia divina por una orientación del corazón.

Otra virtud esencial debe animar el corazón de quien invoca: la perseverancia. En sus primeros pasos en la vía espiritual, el aspirante puede quedar desorientado por la batalla que se libran a su despecho el dikr y su alma carnal. El aspirante debe entonces armarse de perseverancia porque, como decía el gran santo egipcio Ibn ‘Atâ’ Allâh al-Iskandarî (Hikam, 44): «No abandones el recuerdo de Dios (dikr) porque no estés presente en él. Porque la negligencia del recuerdo es peor que una negligencia en el recuerdo. Puede ser que Dios te eleve de un recuerdo hecho con negligencia a otro hecho con vigilancia. Y de este, a un recuerdo en que te vuelves presente a Él. Y de este aún, a otro en que te vuelves ausente a todo lo que no es el objeto de tu recuerdo. Y eso, para Dios, no es difícil» (Corán XIV, 20).

Los efectos del dikr

Un maestro sufí se dirigió un día a sus discípulos en estos términos: «¡No busquéis la verdad, buscad primero purificaros!». El dikr practicado regularmente hace desaparecer progresivamente los deseos y los pensamientos impuros. De la misma manera, «si unos cazadores se dirigen cada mañana al bosque y disparan tiros, todos los animales asustados huyen al oír los disparos, y luego vuelven un poco más tarde en la jornada. Pero como los cazadores vuelven todos los días, los animales acaban por cambiar de lugar». A través de esa metáfora se pone de manifiesto una de las principales consecuencias de la práctica del dikr: la purificación del corazón. El conocimiento parcial desaparece para dejar lugar a la adquisición del conocimiento verdadero, el que nace de la experiencia íntima y no de un saber solo libresco.

Mencionar el Nombre de Allâh pule el corazón y aniquila toda manifestación del ego, instigador del mal. La invocación vacía el corazón de todo lo que no es ella, «lo pule hasta transformarlo en un espejo inmaculado».

El discípulo se eleva entonces hacia la Presencia divina, realizando así el fin esencial de la vía: superar su individualidad con miras al acceso al estado de Hombre universal. Puede entonces discernir la unidad en la multiplicidad y la multiplicidad en la unidad.

Los efectos del dikr son innumerables y las ventajas numerosas, mucho antes de haber alcanzado la realización. Los primeros frutos obtenidos gracias a esa disciplina y esa perseverancia son un sentimiento de paz y de serenidad así como la convicción de la autenticidad de la vía.

Después, el aspirante adquiere una vigilancia hacia sus actos y sus pensamientos: el dikr lo preserva contra el olvido de Dios, su lengua ignora toda palabra profana. Representa el arma que le permite no alejarse de Él, de permanecer orientado en toda circunstancia. Actúa así en conformidad con el hadiz dicho de Yibrîl (Gabriel): «Adora a Dios como si Lo vieras, porque si no Lo ves, Él te ve».

En fin, la función del dikr es también redentora. El aspirante se concede una parte de misericordia divina, porque «no hay mejor salvación respecto del castigo de Allâh que el dikr de Allâh». Así, cada invocación borra una parte de falta y constituye, para el aspirante, un paso hacia el Paraíso.

Raphaël Feur

Sesión de dikr

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