Palabras de Sidi Hamza sobre el conocimiento y el método iniciático

Una colección de palabras de Sidi Hamza, que Dios santifique su secreto, sobre el conocimiento espiritual, la apertura y el método iniciático.
- Nada está fuera de Dios. Él envuelve toda cosa. No se puede contemplar eso más que después de la realización espiritual. Esa realización es un don; es dada por Dios. En este dominio, las ciencias exotéricas no sirven para nada. Un sabio de las ciencias exotéricas tiene la costumbre de medirlo todo, de evaluarlo todo, de pesarlo todo. Quien se sitúa más allá de ese enfoque ya no se plantea esos problemas.
- La apertura espiritual (al-fath) es el develamiento repentino de la Realidad divina, y por tanto el fin de la ilusión. Es como una bola de nieve que se lanza al océano. En esa imagen, la bola de nieve representa el ego (nafs) y el océano, la Realidad divina (al-Haqq). La bola de nieve no es otra cosa que agua helada. Una vez lanzada al océano, vuelve a ser líquida. El ego no tiene más que una existencia efímera e ilusoria, si se le considera en sí mismo, cortado de su origen. Lo mismo ocurre con la bola de nieve: si nos fiamos de su estado presente, de su consistencia del momento, parece diferente del agua, parece ser de una naturaleza original. En realidad, no es otra cosa que agua, una gota semejante a todas las demás gotas del océano. No hay en realidad más que una agua, y diferentes estados de esa misma agua.
- No hay otra realidad que la Realidad divina (lâ ilâha illa Allâh).
- Quien ha llegado a percibir la unidad ya no ve más que a Él. Se da cuenta de que todas las formas habituales, las formas humanas mismas, no son más que ilusión.
- La comprensión no se adquiere en los libros. Sería demasiado fácil agacharse y recoger todos los libros que tratan del sufismo para adquirirla. La verdadera ciencia os vendrá del interior, de vuestro corazón. Solo el corazón es apto para percibir la Realidad. Comprende que nada está fuera de Dios.
- La sabiduría está en el corazón: quien quiere tener agua en su pozo debe cavar; cuanto más cava, más abundante es el agua; si deja de cavar, el agua no sobrepasa nunca el nivel inicial. Quien cava ese pozo no debe creer que el agua ha alcanzado el nivel máximo; no debe cesar de cavar, pues el pozo no tiene límite.
- Solo existe la Luz. El ego (nafs) tiene una envoltura exterior que impide percibir esa Luz. El hombre ordinario no percibe esa Luz, no ve más que oscuridad. Pero cuando esa envoltura ha estallado, la Luz que se encuentra en el corazón se mezcla con la Luz de Dios, y ya no se ve más que esa Luz divina: «¡Doquiera que os volváis, allí está la faz de Dios!» (Corán). El mundo es como una sombra efímera. Igual que cuando el sol se levanta sobre un objeto, aparece entonces una sombra durante un momento, y luego esa sombra se disipa.
- Los conocedores de Dios no tienen sombra, en verdad. Solo los hombres todavía inconscientes los perciben como seres dotados de sombra. Es en ese sentido que hay que comprender lo que se refería del Profeta Muhammad: el hecho de que nunca hacía sombra.
- Quien intenta encontrar un camino gracias a los escritos de Ibn ’Arabî o de los demás maestros sufíes del pasado no haría más que seguir su «chilaba». Permanecerá en la superficie de las cosas. Los métodos varían en función de las condiciones de las épocas. Cada método está adaptado a la época en la que se inscribe. Solo un maestro viviente posee las claves de la progresión iniciática adaptadas a su época.
- Cuando se lee la biografía del Profeta, llama la atención la similitud entre la naturaleza de los lazos que lo unían a sus compañeros y la de los lazos entre maestro y discípulo que vivimos hoy en la vía. En realidad, no es más que un mismo y único enseñamiento que se prolonga.
- El camino debe ser progresivo para evitar que el discípulo se vuelva arrogante.
- Cada cual se apega a las cualidades que le son propias: el sabio se cree superior a todo el mundo por su saber; el hombre rico saca su gloria de su riqueza, y permanecen así con su enfermedad. Solo la educación espiritual puede ayudarlos a liberarse de ella.
- «El conocimiento de Dios no tiene fin. Para quien conoce a Dios, cada etapa es aún más bella y más maravillosa que la precedente».
- «No deseéis los ahwâl (estados espirituales), la apertura (al-fath), las visiones, etc. No deseéis más que el conocimiento de Dios. El deseo de los ahwâl y de las visiones puede velaros de ese conocimiento».
- «En vuestra muerte, todo pasará, salvo vuestro conocimiento de Dios y vuestras obras».



