«Un sabio sufí entre nosotros»: Faouzi Skali habla de Sidi Hamza (2000)

Entrevista realizada por Marc Boudet con Faouzi Skali, publicada en La Nouvelle Tribune (Marruecos), 31 de mayo de 2000, retomada de la revista de prensa de tariqa.fr.

Al acercarse el Mulud (natividad del Profeta) a mediados de junio, miles de personas se dirigen a la zâwiya de Madagh para participar en oraciones e invocaciones. Hemos interrogado al Sr. Faouzi Skali a propósito del shaij Sidi Hamza al Boutchichi al Qadiri, maestro de la cofradía del mismo nombre.

La Nouvelle Tribune: ¿quién es el shaij Sidi Hamza?

Faouzi Skali: para mí y para muchas personas que siguen su enseñanza, en Marruecos y a través del mundo, es un enseñante del sufismo auténtico, en la línea de los grandes maestros espirituales que este país ha producido a lo largo de los siglos: Abû Madyan al-Ghawth, Moulay Abdel Assalam ibn Mashîsh, Abû al-Hasan ash-Shâdhilî, por no citar más que esos nombres.

¿Cuáles son justamente para usted los criterios de una tal autenticidad?

El sufismo es esa educación espiritual que ha producido hombres y mujeres de gran sabiduría y de profunda santidad de los que le he hablado. Uno no se otorga a sí mismo un tal grado de realización. Hace falta para ello tener el reconocimiento del propio educador espiritual y estar por tanto inscrito en una «sílsila» (una «cadena» de transmisión de la iniciación espiritual) y, por supuesto, que la enseñanza que una tal persona difunde pueda ser reconocida por el propio discípulo, que siente su impacto y su influencia en lo más profundo de sí mismo.

¿Quién era el shaij de Sidi Hamza?

Fue primero su propio padre, Sidi al-Hajj ’Abbâs, y antes de ello, Sidi Abû Madyan, de quienes ambos fueron discípulos durante catorce años.

¿Se transmite la vía o tarîqa de manera hereditaria?

No, puesto que Sidi Abû Madyan podría haber designado como sucesor a uno de sus propios hijos, que eran entonces todos sus discípulos. En este caso, resultaba simplemente que Sidi Hamza era la persona más apta para esa sucesión, algo que por lo demás nunca ha buscado de manera alguna. Una recomendación escrita de Sidi al-Hajj ’Abbâs lo atestigua formalmente.

¿Cómo explica usted que el shaij Yassine se reclame él mismo de Sidi al-Hajj ’Abbâs?

No me corresponde dar la explicación. Como le he dicho, existe un documento formal conocido de todos sobre este tema. Pero la cuestión no está ahí de todos modos. Lo más importante es que el shaij Sidi Hamza continúa una enseñanza en el espíritu de la de Sidi al-Hajj ’Abbâs, una enseñanza que preconiza ante todo una educación espiritual, tocando el corazón de los individuos, particularmente profunda y eficaz, una enseñanza en el espíritu universal del sufismo tal como nos lo han legado al-Junayd y Hasan al-Basrî.

¿Puede decirse de Sidi Hamza que es ante todo un sabio o un teólogo?

Recibió durante una veintena de años una enseñanza religiosa primero, en la zâwiya de Madagh (cerca de Berkane), luego en una rama de la Universidad de la Qarawiyyîn de Uxda. Tuvo maestros prestigiosos, entre ellos Sidi Bouchta Jamaï, exiliado entonces en Uxda, que era a la vez un gran teólogo de su época (en la Qarawiyyîn precisamente) y una figura de proa de la resistencia (el abuelo de Sidi Hamza, Sidi al-Hajj al-Mojtar Boutchichi, era, dicho sea de paso, una figura legendaria de la resistencia contra la ocupación francesa en todo el Oriental). Pero una vez más, su función verdadera, la que lo distingue como tal, es aportar una educación y un «despertar» espirituales a personas y a una época que tienen una eminente necesidad de ello. Es lo que Ghazzali, hace unos nueve siglos, había comprendido y contribuido largamente a hacer comprender, él que era sin duda el más grande teólogo de su época. Para que el islam guarde su soplo y su sentido, debe haber cíclicamente una regeneración espiritual, una comprensión profunda que permita acceder al «corazón» y a la esencia de la religión, captar sus verdaderas finalidades. De ahí el título de su obra maestra: «Revivificación de las ciencias de la Religión». Es de esa regeneración de una comprensión espiritual de lo que hoy tenemos más necesidad que nunca.

¿Cree usted que una tal enseñanza es compatible con nuestra época?

No solo es compatible, sino que es necesaria. Si cíclicamente en Marruecos, y en otros lugares, no hubiera grandes santos que renuevan esa comprensión espiritual, y por tanto viviente, de nuestra religión, esta última habría sido hace tiempo reducida a un sistema ideológico utilizado al vaivén de los intereses o de las coyunturas en lugar de ser un verdadero modelo de realización de sí, es decir, de educación, de ética y, en fin, de cultura. Esta necesidad espiritual es por lo demás universal. Es ella quien explica que haya hoy un tal interés mundial por el sufismo, percibido como el corazón vivo del islam.

¿Es Sidi Hamza para usted el modelo del shaij del sufismo?

Es un modelo, ciertamente, pero sobre todo un enseñante de sabiduría. No enseña solo por lo que dice, sino esencialmente por lo que es: su humildad, su compasión, la profundidad de su fe, que nos hacen amar profundamente el islam y nos permiten descubrir sus «tesoros escondidos».

Bio-express de Sidi Hamza

1918: nacimiento en Madagh (Berkane), donde se sitúa en la actualidad la zâwiya madre de la cofradía

1942: estudios de teología en Madagh, luego en la rama Qarawiyyîn de la Universidad de Uxda.

1942: sigue la enseñanza del Maestro de la Qadiriyya, Sidi Abû Madyan, al mismo tiempo que su padre, Sidi al-Hajj ’Abbâs.

1957: fallecimiento de Sidi Abû Madyan.

1972: fallecimiento de Sidi al-Hajj ’Abbâs.

1972: Sidi Hamza se convierte en el Shaij at-Tarbiyya (de educación espiritual) de la Tarîqa (vía, cofradía) al Boutchichiya al Qadiriyya.

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