Sidi al-Hach al-Abbas al-Qadiri Boutchich (1890-1972)
Sidi al-Hach al-Abbas al-Qadiri al-Boutchichi (1890-1972) fue el guía de la vía Qadiriya Boutchichiya desde 1960 hasta su muerte. Padre de Sidi Hamza y abuelo de Sidi Jamal, ocupa en la cadena iniciática un lugar bisagra: es él quien, a la muerte de su maestro Sidi Abu Madyan, asumió la responsabilidad del secreto espiritual e inició el paso de la vía de la Majestad a la vía de la Belleza.
El notable que quería un dikr
Salido de una familia de jerifes establecida desde hacía generaciones en los Beni Snassen, Sidi Abbas era un gran propietario de tierras, respetado en toda la región de Berkane. Los asuntos de este mundo lo habían absorbido joven: él mismo dice, en su testamento, que las preocupaciones de la vida le habían impedido saciar su deseo de estudio de las ciencias religiosas, y que se había contentado con conocer las prescripciones de la Ley y leer el Corán.
La sed espiritual, en cambio, no lo había abandonado. De joven, en Uchda, se acercó a un maydhub, un «arrobado en Dios»: uno de esos seres cuyo corazón está sumido en la presencia divina sin que su espíritu pueda aún articular esa percepción con la vida de aquí abajo. Aquel no dirigía la palabra a nadie y rechazaba el dinero de los transeúntes. Sidi Abbas se quedó cerca de él sin atreverse a hablar, hasta que el maydhub lo interpeló:
- «¿Qué quieres de mí?»
- «Me gustaría recibir un dikr.»
- «¿Por qué? ¿Quieres volverte loco?»
- «¿No está ya loco quien está dominado por su ego?»
El maydhub rio, luego le dio este único consejo: «¡Escucha! Vuelve de donde vienes, entra en tu casa, no te ocupes de nada, no busques a nadie. Llegado el momento, quien deba guiarte vendrá a llamar a tu puerta».
Sidi Abbas esperó treinta y cinco años. Lejos de estar perdidos, esos años fueron para él un tiempo de desprendimiento que le permitió recibir plenamente el secreto cuando llegó.
El discípulo de Sidi Abu Madyan
En 1942, Sidi Abu Madyan al-Qadiri abandonó los montes de los Beni Snassen donde vivía retirado y se presentó en casa de Sidi Abbas, que le propuso instalarse en Madagh. Sidi Abbas tomó el pacto un mes antes que su hijo Sidi Hamza, entonces de unos veinticuatro años. Durante catorce años, padre e hijo se consagraron junto al maestro a la lectura del Corán y a la invocación (dikr).
La relación fue desde el principio una escuela del ego. Sidi Abbas, el notable que nadie imaginaba sirviendo, se apresuraba a llevar el té a los fuqará cuando su maestro se lo pedía. A los que se escandalizaban de tal espectáculo, Sidi Abu Madyan respondía: «¿Sabéis por qué hago esto? Para educarlo y liberarlo de su ego. No hay nada que pueda liberar de los vicios del ego como la educación espiritual». Esta anécdota, contada por Sidi Hamza, resume el estilo de la transmisión: no un discurso, un trabajo.
Los tres años de silencio
A la muerte de Sidi Abu Madyan, nadie sabía quién sucedería. El maestro había designado a Sidi Abbas como heredero del secreto, pero este no se lo había dicho a nadie. Calló cerca de tres años, prosiguiendo su trabajo espiritual en el silencio: «No veía en mí ninguna aptitud para educar. No veía en mí esa confianza que él había visto en mí. Al contrario, me veía como el más débil de sus discípulos».
Fue en el curso de una reunión de dikr, hacia 1960, cuando asumió sus responsabilidades, testigo de desbordamientos que Sidi Abu Madyan no habría tolerado. Autorizó entonces la práctica pública del dikr y dio a conocer el testamento espiritual de su maestro.
Una vía de los estados espirituales, de la ciencia y de la renovación
Con Sidi Abbas, el método de educación cambió de registro. Sidi Abu Madyan, que lo había visto penar en los ejercicios más allá de sus fuerzas, le había dicho: «Nosotros entramos por la puerta de la Majestad y nos fatigamos; tú has entrado por la puerta de la Gracia y de la Belleza, así que no te detengas». El camino de la fuerza y del aislamiento dejó lugar al camino del dikr y de la reunión.
Sidi Abbas formuló él mismo la identidad de la vía renovada: «una vía de los estados espirituales, de la ciencia y de la renovación». Confirmó la transferencia del secreto a su hijo Sidi Hamza, que le sucedió en 1972 y llevó esa forma a la escala del mundo.
Su testamento espiritual, dirigido «a sus hijos y a sus hermanos en Dios», sigue siendo uno de los textos fundadores de la vía: se lee en él su conciencia aguda de la responsabilidad y su definición de la relación entre el guía y los discípulos como «una relación espiritual y educativa, basada en la compañía y el amor de Dios».
