Oración sobre el Profeta de 'Abd as-Salâm ibn Mashîsh

’Abd as-Salâm ibn Mashîsh (1140-1223), natural de Marruecos, es uno de los representantes más reconocidos de la tarîqa shâdhiliyya. Compuso estas alabanzas al Profeta, que son recitadas cotidianamente en todas las comarcas donde la tarîqa se ha implantado. Estas alabanzas han dado lugar a un gran número de interpretaciones y de comentarios por parte de maestros de diferentes países. El ensayo de traducción al español que publicamos aquí no pretende dar acceso a todos los matices y sutilezas que contiene el texto original en lengua árabe. Su único fin es dar un atisbo del sabor y de la belleza de estos versos.
La oración
¡Oh Dios mío!, bendice a aquel de quien derivan los secretos y del que brotan las luces.
Bendice a aquel en quien se elevan las realidades y en quien fueron descendidas las ciencias de Adán, de modo que ninguno de nosotros puede aprehender su inmensidad.
Los jardines del mundo espiritual están ornados por la flor de su belleza, y las albercas del mundo de la Omnipotencia se desbordan por el flujo de sus luces.
No existe cosa que no esté ligada a él, pues si no hubiera mediador, todo lo que de él depende desaparecería.
¡Oh Dios mío!, concédele una bendición tal que le retorne por Ti y de Tu parte, según la extensión de su dignidad.
¡Oh Dios mío!, úneme a su posteridad y concédeme estar entre los justos por su mediación.
Haz que yo lo conozca por un conocimiento que me aparte de los abrevaderos de la ignorancia y me sacie en los abrevaderos de la virtud.
Llévame sobre su camino, envuelto en Tu auxilio, hacia Tu presencia. Empléame para golpear sobre toda vanidad a fin de destruirla.
Sumérgeme en los océanos del Uno, sácame de los lodazales del camino hacia la Unidad, anégame en la fuente pura del océano de la Unicidad, a fin de que yo no vea, ni oiga, ni sea consciente, ni sienta sino por ella.
Y haz del Velo supremo la vida de mi espíritu, y de Su espíritu el secreto de mi realidad, y de Su realidad todos mis mundos, por la realización de la Verdad primera.
¡Oh Primero, oh Último, oh Exterior, oh Interior!, escucha mi llamada, así como escuchaste la llamada de Tu siervo Zacarías; ven a socorrerme, ayúdame a orientarme hacia Ti, realiza la unión entre mí y Ti, y borra todos los lazos entre mí y lo que no es Tú.
¡Allâh! ¡Allâh! ¡Allâh!
«En verdad, Quien te inspiró el Corán te hará volver adonde todos nosotros retornamos» (Corán, 28:85)
«Señor nuestro, concédenos una misericordia de Tu parte, y dispón nuestra suerte conforme al camino recto» (Corán, 18:10)
«En verdad, Dios y Sus ángeles bendicen al Profeta; ¡oh vosotros que creéis, orad por él e invocad la paz sobre él!» (Corán, 33:56)
Que las gracias, la paz, las salutaciones, la misericordia y las bendiciones de Dios se derramen sobre nuestro señor Muhammad, el profeta iletrado que es Tu siervo, Tu profeta y Tu enviado.
Que se derramen también sobre su familia y sobre sus compañeros, y que sean tan numerosas como las palabras perfectas y benditas de nuestro Señor.
«Gloria a tu Señor, el Señor de la Omnipotencia, Aquel que está más allá de lo que imaginan. Que la paz sea sobre los enviados de Dios. Alabanza a Dios, el Dueño de los mundos» (Corán, 37:180-182)
Según la traducción de Titus Burckhardt, y de Denise Masson para los pasajes coránicos.



