El Dalâ'il al-Jayrât (Guía de los beneficios): 4. Un viaje iniciático cíclico
Extraído de la obra «Le guide des bienfaits et le lever des lumières», de Hinda Boudiaf-Agrinier (ed. Marsam). El Dalâ’il al-Jayrât es un compendio de oraciones sobre el Profeta (psl) y sobre los Enviados, compuesto por Muhammad al-Jazûlî, gran maestro sufí del siglo XV: se lee habitualmente en el marco de las prácticas rituales de las cofradías sufíes.
El texto del Dalîl es rico en símbolos y está anclado en la tradición profética (sunna). La alusión (’ishâra) es en efecto el medio de transmitir las verdades espirituales eminentes (haqâ’iq) en un lenguaje que no rompe con las conveniencias de la Ley (sharî’a). El Dalîl se divide en 8 secciones: las 7 primeras se suceden según el orden familiar de los días de la semana, mientras que la última clausura la obra con una sublime incantación que la devuelve a su punto de partida, cerrando el ciclo e invitando a una nueva recitación. Para el lector en busca de sentido, cada sección es una etapa del gran viaje que se despliega a lo largo del Dalîl, un viaje iniciático de carácter cíclico, destinado a repetirse hasta el infinito.
Las enumeraciones a veces redundantes del Dalâ’il al-Jayrât solo expresan con insistencia que nada escapa a la misericordia divina de la que el Profeta es el representante: «Te hemos enviado como misericordia para los mundos» (Corán, 21:107). Quien recita las oraciones del Dalâ’il al-Jayrât reclama la misericordia divina para todas las criaturas: humanos, animales, vegetales, así como toda forma de vida, incluidos los hombres que, por la renegación, la desatención o la obstinación, se mantendrían lejos de la gracia.
Para los maestros educadores de la vía sufí, la oración sobre el Profeta tiene una función operativa. «Oraciones continuas y renovadas», las invocaciones del Dalâ’il al-Jayrât son el instrumento de una alquimia espiritual cuya finalidad es la elevación del alma vulgar o ego, desde un nivel de conciencia gobernado por las preocupaciones individuales y materiales hasta la fuente del Ser, que es conciencia pura y universal. «La primera cosa creada es la luz de tu Profeta, ¡oh Jâbir!», dice el Enviado de Allâh. En el curso de ese viaje interior se recuerdan a la memoria del recitante las nobles cualidades del Ser y su grado eminente; el invocador llama a Dios por Sus más bellos Nombres y pide Su gracia universal.
Soporte sobre el que los maestros sufíes hacen viajar el alma del discípulo para despertarla a la vez que educarla, el Dalîl es una lectura a menudo recomendada como respaldo necesario e indispensable a toda enseñanza esotérica. Se ha dicho que la lectura del Dalîl protege al alma de sus excesos, insuflándole los principios del equilibrio: equilibrio entre rigor y dulzura en el hombre, entre majestad y belleza en Dios.
Solo quienes han recorrido el camino pueden conocer su valor, dice un poema sufí. Es en el conocimiento verdadero que han adquirido a precio fuerte donde hombres como Jazûlî han encontrado y encuentran aún hoy el coraje de transmitir esa herencia espiritual y de llevarnos el testimonio de ella con fuerza. Son hombres verdaderos en quienes la sumisión del hombre-siervo del Único y el esplendor del Hombre universal son las dos caras de una única y misma realidad.
Hinda Boudiaf-Agrinier
Parte anterior: la Realidad muhamadiana; regreso al principio: la luz profética.




