El Dalâ'il al-Jayrât (Guía de los beneficios): 3. La Realidad muhamadiana

Mezquita del Shah en Isfahán

Extraído de la obra «Le guide des bienfaits et le lever des lumières», de Hinda Boudiaf-Agrinier (ed. Marsam). El Dalâ’il al-Jayrât es un compendio de oraciones sobre el Profeta (psl) y sobre los Enviados, compuesto por Muhammad al-Jazûlî, gran maestro sufí del siglo XV: se lee habitualmente en el marco de las prácticas rituales de las cofradías sufíes.

Acto de fe querido por Dios e instaurado por prescripción coránica, la oración sobre el Profeta designa la invocación orientada hacia el Mensajero de Dios, que invoca sobre él las bendiciones divinas. A través de ella, la gracia de Dios es suscitada en el Ser perfecto que es el prototipo de la realización espiritual. En virtud de la tradición, Muhammad es la esencia originaria de toda la creación. La tradición profética refiere que cuando Dios quiso darse a conocer, hizo aparecer un puñado de Su Luz y le dijo: «¡Sé Muhammad!». En el orden divino que se despliega desde el más alto de los cielos hasta el mundo de la manifestación formal donde el Profeta tomó cuerpo, Muhammad está predestinado a la alabanza, y ¿qué es la alabanza sino el impulso de amor impregnado de gratitud, como indica la raíz «hamada» de donde deriva el nombre «Muhammad»? La realidad del Profeta, llamada «Realidad muhamadiana» (haqîqa muhammadiyya), es el Arquetipo eterno, modelo de la perfección creado por el Dueño de los mundos para Sí mismo y manifestado por misericordia para los mundos. Muhammad, «el alabado» por esencia, es el Ser puro. Joya escondida en lo más profundo de los corazones, es el objeto del amor y de la benevolencia ininterrumpidos de Dios. En la doctrina sufí, es la raíz Una, única y unificante de las almas. Si Dios pide a los creyentes que oren sobre el Profeta, en una injunción coránica, ¿no es entonces una invitación a meditar sobre la esencia sagrada del hombre? Esa esencia, tan celosamente escondida, es el objeto de la búsqueda. Orar por el Profeta equivale a reencontrar el camino hacia esa realidad unificante y a actualizar su presencia en el universo del invocador, universo que, por la gracia de la Unidad principial, reúne todo lo que es y podría ser.

La obra del Dalâ’il al-Jayrât, del santo sufí Muhammad ibn Sulaymân al-Jazûlî, es la quintaesencia de las invocaciones dedicadas al Profeta. Su composición está ligada al encuentro con una mujer, una santa, como la historia del islam está jalonada de ellas y cuya identidad la hagiografía no ha precisado. Trastornado por la fuerza espiritual de la santa y por su sinceridad, y manifestando el deseo de conocer su secreto, esta le reveló: «la fuerza espiritual que se me ha dado, la he adquirido por la invocación abundante del Profeta». La obra ha atravesado los siglos, portada por los rituales de los fieles. Comúnmente llamada «la Guía» (dalîl), es conocida en todo el mundo islámico y constituye, después de la fórmula de la unicidad «lâ ilâha illa Llâh», el principal soporte de invocaciones rituales llamadas «awrâd», en numerosas vías sufíes.

La serie de invocaciones se caracteriza por un ritmo musical que facilita su aprendizaje y su recitación, y deja una huella armoniosa en el corazón del invocador. En el sufismo, el ritmo, siempre presente en los textos tradicionales, participa del encantamiento del alma, prepara el corazón del recitante para acoger la inspiración trascendente (wâridât) y lo transforma progresivamente en receptáculo del flujo de las gracias divinas.

Hinda Boudiaf-Agrinier

Parte anterior: la intermediación profética; parte siguiente: la oración sobre el Profeta.