Palabras de Sidi Hamza sobre la vía y las prácticas espirituales

Consejos y palabras de Sidi Hamza sobre la práctica de la vía, transmitidos por sus discípulos. Una recopilación más amplia se lee en la página de las sentencias.

Sidi Hamza al-Qadiri Boutchich

«Nuestra vía es una vía del justo medio.»

«La vía es comparable a una vaca que alimenta de leche a sus discípulos.»

«El dikr es el alimento del corazón.»

El dikr, a condición de practicarlo con regularidad, hace desaparecer poco a poco los deseos y los pensamientos impuros. Como unos animales que huyen de los cazadores y abandonan los lugares: los cazadores van al bosque, disparan tiros, y todos los animales asustados huyen al oír los disparos, y luego vuelven un rato más tarde. Pero cuando los cazadores vuelven todos los días, los animales acaban por marcharse y cambian definitivamente de lugar.

No dejéis entrar sugestiones negativas en vuestro corazón, si no se volverá impuro, sucio, como una cuadra que no se cuida. Guardad vuestro interior limpio y puro: el dikr hará salir lo que quede de impuro.

El respeto de las prescripciones de la Ley divina cumple el mismo papel que la cera del tapón que impide que el líquido se derrame fuera de la botella. Un recipiente puede estar lleno de agua, pero si está mal obturado, el líquido se escapará; por mucho que se intente llenarlo de nuevo, no podrá conservarse. Esta imagen describe la situación del discípulo que practica el dikr sin aplicar la Ley divina.

La aplicación de las prescripciones del islam es exigente y difícil, pero el dikr la vuelve fácil: el dhakir (el que invoca) ya no siente su peso.

Es importante trabajar en el mundo, porque la Ley divina exige que se subvenga a las necesidades de la propia familia. También es importante ocuparse de la familia, del esposo o la esposa, de los hijos; y hay que concentrarse igualmente en el trabajo de la vía (el dikr, el espíritu de servicio…). Debéis conciliar estos tres ámbitos, que son los hitos de vuestra vida; poco a poco, gracias a la práctica del dikr, tendréis la intuición de lo que conviene hacer en cada situación.

Algunos de vosotros tenéis dificultad para poneros al servicio de los demás; si hacéis el esfuerzo de hacerlo de todos modos, podréis poco a poco liberaros de los lazos que atan el alma.

Las dos puertas reales para acceder a Dios son la invocación (dikr) y la generosidad.

El hombre dichoso en este mundo es el que está orientado hacia Dios e invoca a Dios. El dhakir es dichoso, porque todo lo que le llega está dictado por Dios; todo lo que hace, lo hace en nombre de Dios. Y Dios no hace más que el Bien.

Percibimos el exterior de las cosas, pero el interior nos está oculto y vedado. El cuerpo se encuentra en este mundo, pero la interioridad se sitúa en otra dimensión, otro reino. El acceso a esa interioridad es toda la vía.

La invocación es el medio por el que se establece el vínculo espiritual entre el guía y el discípulo.