Ibn 'Arabî: la perplejidad en el corazón de su pensamiento sufí
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Para Grégory Vandamme, la perplejidad no es una carencia en el pensamiento de Ibn ’Arabî. La hayra, que designa una pérdida de orientación, se convierte allí en una manera de mirar lo real sin encerrarlo en una explicación definitiva. En esta conversación para el Isthme, el islamólogo vuelve sobre la vida del maestro andalusí, sobre sus libros y sobre las nociones que han alimentado siglos de debates.
Entrevista emitida el 24 de marzo de 2024 en el canal de YouTube del Isthme. Grégory Vandamme es doctor en Ciencias de las Religiones por la UCLouvain y especialista en Ibn ’Arabî.
Un maestro formado entre al-Ándalus y Oriente
Ibn ’Arabî nació en 1165 en Murcia, en al-Ándalus, en una familia próxima al poder almohade. El joven frecuentó los círculos cultos de Sevilla y se interesó primero, según su propio relato, por los caballos y las armas. Luego llegó una crisis espiritual, que un retiro en un cementerio selló: cuenta haber recibido allí una comprensión nueva de las realidades religiosas y metafísicas.
Grégory Vandamme subraya este punto de partida poco corriente. Ibn ’Arabî no procede de un medio humilde ni de una cofradía organizada; recibe la enseñanza de maestros de al-Ándalus y del Magreb, antes de partir hacia Oriente a los treinta y cinco años aproximadamente. Hiyaz, Irak, Anatolia: viaja largamente y acaba instalándose en Damasco, donde muere en 1240.
Un encuentro con Averroes ocupa un lugar célebre en el relato autobiográfico del maestro. Vandamme recuerda que solo conocemos su versión, pues Averroes no dejó testimonio. Ambos se habrían interrogado sobre lo que la razón puede alcanzar y lo que pertenece al desvelamiento. La respuesta transmitida por el místico mantiene juntos el acuerdo y la reserva: no se trata de rebajar la razón, sino de negarle que baste para abarcar sola el conjunto de lo que es.
Una obra considerable, pero ningún manual
Ibn ’Arabî escribió textos muy diferentes en extensión y forma. Vandamme cita un centenar de obras de autenticidad segura, de tratados breves a las Futūḥāt al-Makkiyya, esa inmensa suma espiritual compuesta a lo largo de sus viajes. Cosmología, realidades espirituales, práctica religiosa, lectura del Corán: los temas se responden entre sí más que ordenarse en capítulos estancos.
El Corán sigue siendo el punto de retorno de este pensamiento. Incluso cuando trata un objeto que parece alejado del comentario, Ibn ’Arabî busca en los versículos un origen o una clave. La obra acoge así las formas de saber más diversas y las refiere todas a una consideración espiritual del mundo y del texto revelado.
Los Fuṣūṣ al-ḥikam, conocidos en francés bajo el título Les Chatons des sagesses y en castellano como Los engarces de las sabidurías, gozan de una reputación particular. Su brevedad no los hace fáciles: el libro condensa intuiciones en fórmulas alusivas que han suscitado innumerables comentarios y no pocas polémicas. Quien los lee aislados, sin puntos de referencia sobre el vocabulario y el método del autor, corre el riesgo de tomar una frase oscura por la totalidad de su pensamiento.
Para un primer acercamiento, Vandamme recomienda Ibn ’Arabî et le voyage sans retour de Claude Addas (en castellano, El viaje sin retorno): la obra presenta la vida del maestro, sus principales escritos y los grandes ejes de su pensamiento. No es una clave que dispense de leer los textos, más bien un umbral. Las Futūḥāt como los Fuṣūṣ piden tiempo, y a menudo acompañamiento.
También la transmisión material de estos libros ocupó la atención de sus discípulos. Varias obras mayores, recuerda Vandamme, nos han llegado en copias de la mano de Ibn ’Arabî o autentificadas por él. En la historia de los textos medievales, tales testigos son preciosos: acercan a lo que el autor escribió realmente, en lugar de depender solo de copias ulteriores. Y dicen algo del lugar que sus próximos concedían a sus obras.
Un edificio de pensamiento acogido, discutido, comentado
La fortuna de Ibn ’Arabî no se juega en un solo libro. Sus nociones, su vocabulario, sus poemas circularon en medios sufíes muy diversos, donde comentaristas explicaron o impugnaron sus textos. Su irradiación, señala Vandamme, supera largamente el Magreb y al-Ándalus, hasta el mundo persa, indio y malayo.
Esta difusión no significa que Ibn ’Arabî fundara una orden. Vandamme distingue su obra de una ṭarīqa con prácticas y doctrina codificadas: el maestro de Murcia transmite una perspectiva, una manera de leer y de pensar, de la que se apropiarían las vías formadas después de él. Sus poemas y sus nociones encuentran allí cabida, a veces lejos del contexto en que fueron acuñados.
La recepción de los Fuṣūṣ ilustra este fenómeno. La brevedad del texto invita al comentario, pero abre también la puerta a lecturas precipitadas: ciertos pasajes fueron aislados y condenados sin tener en cuenta la economía general del lenguaje de Ibn ’Arabî. La controversia no se alimenta, pues, solo del disenso doctrinal; debe mucho a la dificultad de un texto que supone una formación y un contexto de lectura.
Santidad, profecía y sello
El título de «sello de la santidad muhammadí», atribuido por la tradición a Ibn ’Arabî, ha suscitado interpretaciones divergentes. Vandamme subraya que el maestro no lo reivindica de manera unívoca para sí mismo. La cuestión tiene, no obstante, peso doctrinal: toca la relación entre santidad, profecía y misión profética.
En la lectura aquí presentada, estas realidades no son tres vías extrañas entre sí. La profecía se enraíza en una santidad que la funda, mientras que la misión designa una función particular entre los profetas. Los santos heredan lo transmitido, sin recibir por ello una nueva revelación profética. La distinción cuenta: hablar de herencia espiritual no borra la diferencia entre el Profeta y quienes vienen después de él.
La palabra «sello» trae consigo una imagen de culminación y de retorno: no designa solo el último eslabón de una cronología. Vandamme la vincula a una visión en la que el origen y la plenitud se responden, y en la que la realidad muhammadí nombra una dimensión espiritual que precede a las figuras proféticas y las atraviesa. Así se presenta la lectura de Ibn ’Arabî desplegada en la entrevista, que no pretende agotar por sí sola la diversidad de las interpretaciones musulmanas.
La waḥdat al-wuyūd, un nombre discutido
La expresión waḥdat al-wuyūd, a menudo traducida por «unidad del ser», se ha convertido en una etiqueta cómoda del pensamiento de Ibn ’Arabî, tanto en sus partidarios como en sus adversarios. Vandamme precisa, eso sí, un punto: Ibn ’Arabî emplea las palabras waḥda y wuyūd, pero nunca la expresión entera como nombre técnico de una doctrina. La fórmula se estabiliza en comentaristas posteriores que querían reunir varios aspectos de su pensamiento bajo un mismo concepto. El matiz cambia la lectura de las polémicas.
El término wuyūd significa el ser, pero también, por su raíz árabe, el hecho de encontrar o la experiencia. Vandamme ve en ello el signo de un pensamiento que no reduce la existencia a lo palpable: una imagen pensada por el espíritu, una cosa sensiblemente perceptible, una experiencia espiritual no tienen el mismo modo de ser, sin ser por ello puras palabras. Un pensado y un tocado no se viven de la misma manera, aunque ambos se refieran a lo que es. Distinción delicada; prohíbe confundir la afirmación de una unidad con la idea de que todas las cosas son idénticas.
Dios no es, en esta lectura, reducible al mundo. Es el Manifiesto y el Oculto, el Primero y el Último, nombres que reúne el versículo 3 de la sura al-Ḥadīd. La creación despliega posibilidades y relaciones sin limitar el ser divino. La acusación de panteísmo queda así fuera de lugar ante la verdadera cuestión que Ibn ’Arabî plantea: cómo pensar juntas la presencia de Dios y su trascendencia sin encerrar la una o la otra en una fórmula.
Esta tensión explica una parte de las críticas. Decir que Ibn ’Arabî identifica a Dios con el cosmos pasa por alto el análisis propuesto por Vandamme: la dificultad está en el lenguaje mismo. Toda categoría ilumina un aspecto de la realidad y deja, en cuanto se instala en ella, olvidado lo que se le escapa. El pensamiento avanza a fuerza de retomar sus propias formulaciones.
En esta lectura, el mundo no está ni separado de Dios hasta el punto de formar un territorio propio, ni idéntico a Dios hasta el punto de que lo divino se redujera al cosmos. El lenguaje no disuelve esta tensión de una vez por todas; obliga a mantener juntas afirmaciones que se separan demasiado rápido: Dios se manifiesta, pero no está limitado por lo que aparece.
La ḥayra: aprender a no fijar lo real
La perplejidad, o ḥayra, ocupa el centro de la tesis que Grégory Vandamme defendió en la UCLouvain en 2023. En la entrevista le da una imagen concreta: perdemos la orientación cuando las huellas se borran en el desierto. La ḥayra no consiste, sin embargo, en renunciar a comprender. Comienza allí donde las explicaciones parciales dejan de hacerse pasar por la realidad entera.
Una misma persona es a la vez hija de alguien, madre de otro, colega, vecina: cada mirada capta una relación verdadera, ninguna agota lo que ella es. La perplejidad mantiene esa multiplicidad abierta. Obliga al entendimiento a rehacer su trabajo en lugar de transformar una definición útil en respuesta absoluta.
Este movimiento no opone la razón a la vida espiritual; exige reconocer lo que el razonamiento ilumina y lo que deja en la sombra. En ese sentido, Vandamme aproxima la ḥayra a una experiencia de lo real liberada de las categorías preconcebidas. No se deja de pensar; se aprende a no confundir un pensamiento justo con la totalidad de lo que describe.
La palabra nombra así no una indecisión paralizante, sino una vigilancia. Una explicación puede ser verdadera en una situación dada y volverse insuficiente cuando el objeto cambia o cuando aparece otro aspecto. Rehacer el razonamiento no borra lo comprendido: lo somete a la prueba de lo que se muestra ahora.
Vandamme vincula este gesto a la atención que Ibn ’Arabî presta al Corán. La revelación no es en él un ornamento aplicado sobre una filosofía ya hecha: trabaja la reflexión desde dentro, orienta las preguntas, desplaza las categorías y devuelve sin cesar al lector al texto. La perplejidad adquiere así una extensión hermenéutica: mantiene la lectura abierta.
La tesis de Grégory Vandamme, Ḥayra : la perplexité chez Ibn ’Arabî, trata precisamente esta noción, en sus dimensiones epistemológica, metafísica y coránica. Prolonga la entrevista sin sustituir a la lectura de las obras ni a la tradición de comentarios que las rodea.
Leer a Ibn ’Arabî sin contentarse con sus fórmulas
Al final de la entrevista, Vandamme transmite una advertencia de Sidi Hamza, Dios santifique su secreto: conocer las fórmulas de Ibn ’Arabî no es aún vivir lo que ellas buscan transmitir. La objeción apunta menos a la lectura que a la repetición mecánica. Una enseñanza puede convertirse en un vestido que se lleva para ser reconocido, sin que la manera de estar en el mundo cambie por ello.
Esta reserva se suma al lugar que Vandamme concede a la perplejidad. La obra de Ibn ’Arabî no es un repertorio de respuestas que aprender de memoria: invita a poner a prueba las nociones en la lectura del Corán, en la atención a lo que se muestra y en la relación con los demás. El camino no se agota en hablar de unidad; se prueba en una existencia atenta a lo que no domina.
Para ir más lejos, la página sobre la vía Qadiriya Boutchichiya presenta un camino en el que el conocimiento se inscribe en una práctica y una transmisión. Se puede leer también la página sobre la guía espiritual o el artículo sobre el samâ’, la audición espiritual.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Grégory Vandamme?
Grégory Vandamme es doctor en Ciencias de las Religiones por la UCLouvain. Su tesis de 2023 trata la ḥayra, la perplejidad, en el pensamiento de Ibn ’Arabî.
¿Qué quiere decir ḥayra?
La ḥayra es una perplejidad en la que los puntos de referencia y las categorías habituales ya no bastan. En la lectura de Vandamme, puede mantener la mirada abierta ante una realidad que no se reduce a una sola explicación.
¿Acuñó Ibn ’Arabî la fórmula waḥdat al-wuyūd?
Según Grégory Vandamme, la expresión se impuso en comentaristas posteriores. Ibn ’Arabî emplea los términos waḥda y wuyūd por separado, sin presentar la fórmula como nombre técnico de su propia doctrina.
¿Qué libro leer para descubrir a Ibn ’Arabî?
En la entrevista, Vandamme aconseja la introducción de Claude Addas, en castellano El viaje sin retorno. Los Fuṣūṣ al-ḥikam y las Futūḥāt al-Makkiyya son obras importantes, pero su lectura pide puntos de referencia.
