La vía sufí: ¿una vía esotérica?
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¿Qué es una vía esotérica?
Comúnmente se considera que una vía esotérica se caracteriza por enseñanzas secretas, o que solo serían accesibles a los iniciados; a veces se asocia también esoterismo y ocultismo. En suma, en esas vías, solo tendrían acceso a las enseñanzas quienes están dentro de la organización llamada esotérica.
«Esotérico» viene efectivamente de una palabra griega que significa «interior»; ese término se opone a exotérico, que en griego antiguo significa «exterior». Si se examina el uso de ese término, en Occidente sobre todo, se comprueba que concierne ante todo a organizaciones iniciáticas cerradas, que imponen discreción y secreto a sus miembros respecto a los no miembros.
Ese uso no puede aplicarse tal cual al sufismo, y a las cofradías sufíes en particular. En efecto, esas cofradías no son cerradas ni están obligadas al secreto respecto al exterior (salvo en ciertas circunstancias excepcionales, como durante el período soviético en las repúblicas de Asia Central). Las cofradías sufíes están insertadas en las sociedades musulmanas y son conocidas en ellas, y sus miembros tienen libertad de decir o no si están adscritos a una cofradía.
En Occidente se designa a veces el sufismo como «la vía esotérica del islam». ¿En qué medida es aceptable esa designación, habida cuenta de lo que se ha dicho?
Si se retiene la idea de que una vía se dice «esotérica» porque concierne al interior del ser, a su interioridad, entonces en ese caso puede decirse que una vía sufí es esotérica. En efecto, como todas las vías iniciáticas, apunta por principio a iniciar al ser en realidades sutiles, realidades que solo una interioridad educada espiritualmente, y librada del imperio del ego, puede conocer.
La vía sufí se interesa por el fuero interno del ser (es decir, por lo que se encuentra en el fondo de uno mismo, en la fina punta del ser, lo que se designa por el corazón en el sufismo), y es a ese nivel donde se efectúa el trabajo espiritual. Es, pues, a ese título que puede considerarse esotérica la vía sufí.
La noción de secreto (sirr)
Detengámonos un instante sobre la noción de «fuero interno»: es interesante notar que esa noción se rinde en árabe con el término «sirr», término que a veces se traduce también por «secreto»… Volvemos, pues, a esa noción de secreto.
¿Qué es, pues, la noción de secreto en el sufismo?
Hemos visto que la vía sufí no era «secreta» en el sentido en que pueden serlo ciertas organizaciones iniciáticas en Occidente.
Sin embargo, la palabra árabe «sirr» está muy presente en el vocabulario sufí, con un doble sentido:
- por una parte: el fuero interno, el corazón, la punta sutil del ser;
- por otra: el secreto espiritual, que es un depósito divino del que el maestro espiritual es el garante. Se trata de un depósito de naturaleza espiritual del que ha heredado por medio de una autorización espiritual que se designa con el término «idhn».
Así, se ve que lo que es «secreto» en el sufismo no es algo conocido por unos y ocultado a otros. No: se trata más bien de realidades sutiles y sencillamente inefables, que no se pueden expresar con palabras. Porque esas realidades pertenecen más al orden de la experiencia íntima que al del saber.
Sidi Jamâl al-Qâdirî Boudchich nos dice a este respecto: «El sufismo no se aprehende por la razón, porque esta es limitada en tanto que facultad creada; los secretos de lo invisible no se perciben por la inteligencia [el mental]. Solo pueden ser conocidos por los corazones puros.»
Esas realidades sutiles, que el ser percibe en su corazón, simplemente no pueden explicarse al prójimo. No hay palabras para describir la realidad de lo que los sufíes evocan cuando hablan de estados espirituales (ahwâl) y de estaciones (maqâmât). Es, podría decirse, secreto porque íntimo: aunque quisiéramos decirlo, no podríamos expresarlo.
En cuanto al secreto del que dispone el maestro, se trata de un depósito espiritual en virtud del cual guía a los aspirantes sufíes, y que se llama «secreto» (sirr) pero que también podría designarse por energía o influjo espiritual. Tampoco aquí se trata de un secreto que se pudiera develar. Es más bien una luz sutil alojada en el corazón del maestro, que le procura la facultad de guiar a sus discípulos por la vía.
Concluimos con una última cita de Sidi Jamâl al-Qâdirî Boudchich, que dice a propósito de ese depósito divino en el corazón del maestro: «Dios sabe dónde pone su secreto. Es como cuando se tiene miel: hay que elegir un recipiente limpio para guardarla. Así Dios elige los corazones limpios, puros, para guardar en ellos Su secreto.»




